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martes, 2 de noviembre de 2021

"Con esta ley se busca la prevención y la garantía de derechos de los argentinos"

La presidenta de la comisión de Legislación General sostuvo, al explicar el dictamen de mayoría, que este "se basa en una evidencia científica" y rechazó las críticas de qienes sostienen que no apunta a los sectores vulnerables: "se equivocan", dijo.


La presidenta de la comisión de Legislación General, Cecilia Moreau (FDT), aseguró este martes que el proyecto de ley de etiquetado frontal de alimentos busca "la prevención de la salud y la garantía de los derechos de todos los argentinos" y destacó que "el octágono negro es la forma más eficaz de que los consumidores detecten nutrientes críticos en los productos alimenticios".

Al explicar el dictamen de mayoría, Moreau dijo que se vive "en un mundo atravesado por las enfermedades crónicas no transmisibles" como la obesidad y destacó que en ese contexto el "Estado argentino no va a mirar para otro lado y va va a dar la pelea".

En esa línea, Moreau dijo que en Argentina hay "muchos alimentos ultraprocesados, hipercalóricos, poco nutritivos y con exceso de grasas, sal y azúcares" y que tienen "una fuerte publicidad" y etiquetas con información nutricional que son "ilegibles".

La legisladora oficialista señaló que con la ley de etiquetado se va a "subir un escalón en la prevención de la salud y en la garantía de los derechos de todos los argentinos y argentinas" y señaló que el dictamen se basa "en una evidencia científica".

"El 66% de la población argentina tiene exceso de peso, el 32% tiene obesidad, el 40% padece presión arterial elevada, el 30% tiene colesterol elevado y el 41% de los niños y adolescentes tiene exceso de peso", completó.

En su intervención, Moreau destacó el acuerdo alcanzado entre la mayoría de los partidos políticos para avanzar con el proyecto que busca advertir sobre los productos que contienen excesos de grasas, azúcares y sodio y en ese sentido puso en valor que "nadie habló en contra de la necesidad de tener una ley en la materia".

También rechazó las criticas y dijo: "Se equivocan los que dicen que esta ley no apunta a los sectores vulnerables, porque justamente son los que reciben más asistencia del Estado en asistencia alimentaria".

Fuente: Agencia Télam

jueves, 19 de agosto de 2021

Especialistas aseguran que el etiquetado frontal generaría beneficios en la alimentación infantil

Especialistas aseguran que el etiquetado frontal generaría beneficios en la alimentación infantil.

La especialista en nutrición Victoria Tiscornia destacó los beneficios que supondría para la calidad alimentaria de las infancias la aprobación de la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos, a partir de considerar el alto consumo de ultraprocesados y la desinformación que rodea actualmente a la alimentación en el mercado local.

Al hablar en el marco de Día de las Infancias, Tiscornia señaló a Télam que el proyecto de Ley de Etiquetado Frontal, el cual ya cuenta con la aprobación del Senado y espera a ser tratado por el pleno de Diputados, apunta a "garantizar el acceso a la información, de forma simple y rápida, sobre el contenido real de los alimentos y bebidas", a partir de la colocación de sellos en forma de octágono con texto en la etiqueta frontal de los envases.

"Se debe garantizar el derecho a la información de los consumidores, para que puedan tomar decisiones informadas acerca de sus consumos y eventualmente las de sus hijos y así cuidar la salud", explicó la especialista e integrante de la Fundación InterAmericana del Corazón (FIC).

Con esta ley, todos los productos que contengan cantidades altas o excesivas de nutrientes críticos llevarían un sello octagonal negro en su envase, un modo de prevenir la obesidad y otras enfermedades no transmisibles.

Según la segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (Ennys 2), realizada en 2019, sólo el 13% de la población comprende la información nutricional de los productos.

Además, el sondeo reflejó que el consumo de alimentos ultraprocesados en las infancias es significativamente mayor que en los adultos, lo cual refleja que "el patrón de alimentación infantil es inadecuado".

"No es casualidad que los niños consuman más estos productos -snacks, alfajores, golosinas, bebidas azucaradas, entre otros- dado que la publicidad apunta directamente a ellos", dijo al respecto la nutricionista.

"Todo esto demuestra la urgencia de aplicar medidas para que la información nutricional sea inteligible y así tomar decisiones más saludables", manifestó.

A partir de una investigación realizada en 2015 por la FIC acerca de la publicidad de alimentos dirigidas a las infancias en el país, se estima que éstas están expuestas a más de 60 publicidades de productos no saludables por semana y que nueve de cada diez productos publicitados no son saludables.

También se reflejó que uno de cada cuatro usa personajes o famosos y uno de cada tres usa regalos o promociones para incentivar la compra.

Además, los mensajes publicitarios o claims (aseveraciones, en castellano) nutricionales que van en los envases "son en muchos casos muy engañosos", lo cual actualmente es posible por "la falta de regulación que el Estado puede revertir con la sanción de este proyecto y así proteger a su población", expresó.

En esta línea, un segundo estudio de la FIC sobre las técnicas de marketing utilizadas registró que cuatro de cada diez productos de baja calidad nutricional usan mensajes de nutrición en sus envases para que "sean identificados como saludables cuando no lo son, engañando a muchos padres sobre el consumo de sus hijos".

Con la aprobación de la ley quedaría prohibido publicitar o promocionar estos productos a las infancias, al igual que la utilización de personajes famosos. También se establecería que los alimentos que tengan al menos un sello no se puedan vender en las escuelas.

De esta manera, se busca generar que los entornos donde se desarrollan las infancias sean más saludables. Para ello no alcanza con una educación que apunte a comer bien, sino que debe garantizarse que la opción saludable para los niños sea la más fácil de conseguir, dijo.

La sanción de la ley también establecería que el Estado sólo podrá comprar alimentos que no contengan ningún sello.

Fuente: Diario Ámbito

jueves, 24 de junio de 2021

Ya está disponible en Argentina el primer medicamento para tratar la obesidad en adolescentes

La ANMAT autorizó la liraglutida a partir de los 12 años, pero su uso en adultos ya estaba aprobado desde 2018. Es el primer tratamiento para la obesidad en décadas que es aprobado en menores de 18 años.

A más de un año de decretada la pandemia por coronavirus en todo el mundo, las enfermedades que preocupaban a la comunidad médica desde antes que existiera el COVID-19 no sólo fueron desatendidas sino que, además, se incrementaron. Una de ellas, por no decir “la” afección por excelencia que más crece en el mundo y menos políticas sanitarias recibe -y que por cierto predispone a innumerables problemas de salud- es la obesidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una pandemia de tipo no infeccioso, causante, antes del aislamiento, de 2,8 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas. Así como la obesidad es un factor de riesgo para otras enfermedades, la realidad actual y los meses transcurridos en cuarentena agravaron esta pandemia escondida. En nuestro país, los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizadas por el Ministerio de Salud de la Nación, muestran que actualmente más del 41% de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina tienen problemas de sobrepreso u obesidad. Además, Argentina es uno de los 20 países en el mundo que, según las proyecciones de Unicef, en el año 2030 podría superar los 2 millones de niños, niñas y adolescentes con elevados índices de masa corporal.

Aun así, no todas son malas noticias para los jóvenes que la padecen. Recientemente, se aprobó en nuestro país la indicación del uso de liraglutida para el descenso de peso en personas a partir de los 12 años de edad con obesidad en combinación con una nutrición saludable y mayor actividad física. “Esta medicación ya estaba disponible desde 2018 en nuestro país para su uso en adultos, desde los 18 años, pero ahora recibió esta nueva autorización para ser indicada en adolescentes, un grupo en el cual son escasas las herramientas para abordar una enfermedad tan compleja como la obesidad. Existía una clara necesidad de mejores estrategias terapéuticas”, sostuvo el doctor Enrique Berner, médico pediatra, Jefe del Servicio de Adolescencia del Hospital Cosme Argerich.

La liraglutida es un análogo del péptido-1 similar al glucagón, que tiene un 97% de similitud con el GLP-1 humano, que es una hormona que el organismo produce y libera en el intestino ante la ingesta de alimentos y actúa sobre los receptores del cerebro que controlan el apetito y la saciedad.

“En personas con sobrepeso y obesidad, la administración de este análogo del GLP-1 que se administra en forma inyectable mediante una lapicera prellenada mimetiza el mecanismo natural que se produce en el cuerpo humano, promoviendo más saciedad y control del apetito, lo que resulta en una menor ingesta de alimentos y la consecuente pérdida de peso”, explicó la doctora Miriam Tonietti, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.

En los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5; más de 124 millones de niños y adolescentes tienen obesidad en el mundo y se calcula que hasta el 90% de los adolescentes con obesidad posee altas chances de perpetuar su enfermedad en la adultez, con riesgo aumentado de desarrollar antes de tiempo complicaciones asociadas al exceso de peso, tales como enfermedad cardiovascular o diabetes tipo 2. Existe evidencia de que cuando ambos padres presentan exceso de peso, cerca del 80% de los hijos desarrollan obesidad.

“Esta realidad hace necesario un abordaje, desde las etapas más tempranas, del cuidado del peso corporal y esta medicación puede contribuir al manejo de la obesidad en el marco de un programa integral y personalizado. Erróneamente, suele asociarse a la obesidad con la falta de voluntad, pero en realidad es una enfermedad crónica, progresiva y multicausal, en cuyo desarrollo intervienen mecanismos biológicos y hormonales, la genética, lo conductual, el estilo de vida, el entorno, aspectos socioeconómicos y el manejo de emociones. Es un desafío abordarla en forma integral y a largo plazo para que la persona logre bajar de peso, alcanzar un peso saludable y sostenerlo en el tiempo”, agregó el doctor Berner.

La obesidad está asociada al desarrollo de más de 60 condiciones de salud potencialmente severas. Además, hoy se sabe que incrementa el riesgo de complicaciones por COVID-19, incluyendo la necesidad de hospitalizarse. “El tratamiento de la obesidad requiere del soporte familiar en su conjunto, así como también la participación de un equipo multidisciplinario de salud, pero, sin lugar a dudas, si van a utilizarse medicamentos de prescripción, se requiere que estos sean indicados por un médico que haga luego un seguimiento del paciente en el tiempo”, subrayó la doctora Tonietti.

Beneficios de liraglutida

La aprobación de la indicación en adolescentes está respaldada por la evidencia que arrojó un estudio de Fase III publicado en The New England Journal of Medicine, que midió durante 56 semanas el efecto de liraglutida contra placebo en 251 adolescentes de entre 12 y 17 años, junto con 12 semanas de terapia sobre hábitos de vida, que incluyó educación nutricional y la realización de actividad física orientada a la pérdida de peso, además de 26 semanas de seguimiento posteriores a la finalización del estudio. El objetivo principal era evaluar cambios en el índice de desvío estándar del IMC (índice de masa corporal) a la semana 56.

Los resultados demostraron beneficios significativos en ese indicador en quienes recibieron la medicación, así como reducciones del índice de masa corporal y del promedio de peso corporal, entre otros parámetros. El perfil de seguridad evidenciado en el estudio fue consistente con lo visto en investigaciones en adultos. Los efectos adversos más frecuentes fueron reacciones gastrointestinales, incluyendo náuseas, vómitos y diarrea.

Adolescencia y la mirada de los demás

Maritchu Seitún, psicóloga especializada en crianza, describió que “los adolescentes son altamente sensibles a la opinión de sus pares y su necesidad de pertenecer al grupo puede llevarlos a expresar comentarios críticos y hostigar al diferente que está ‘a la intemperie’, fuera del grupo y muchas veces la obesidad es objetivo de esas burlas o bullying”.

“Esto se da en una cultura muy atenta a la imagen, tendiente a idealizar rasgos externos, como belleza, delgadez, estatura, muchos amigos o éxitos deportivos, y que fuerza a los adolescentes a exponerse en múltiples redes que multiplican ese ‘ser vistos’ y evaluados por otros”, agregó Seitún.

Por otro lado, la psicóloga puntualizó que, aunque intenten demostrarse y demostrar al resto que no les importa, los adolescentes continúan valorando la opinión de los adultos y, fundamentalmente, de sus padres. Por eso, padres, docentes y profesionales de la salud deben procurar no ser, involuntariamente, partes de ese hostigamiento en el tema del exceso de peso, muchas veces con el vocabulario que utilizan, el uso de la ironía y chistes sin mala intención.

Por el contrario, agregó la licenciada Seitún, “los padres y profesionales de la salud pueden ser promotores de cambios de estilo de vida, sin presionar, pero sin abandonar, favoreciendo que la mesa a la hora de comer sea un espacio de encuentro y disfrute familiar, proponiendo actividades recreativas en conjunto que incluyan movimiento, acompañando a los hijos en ese camino, no controlando ni prohibiendo. En definitiva, escuchar y respetar, viendo más allá de la balanza, separando a la persona del paciente con obesidad, separando y pudiendo ver a la persona de su hijo o paciente más allá de su sobrepeso u obesidad”.

“En estos tiempos también circula la idea de dejarnos ser tal como somos, empoderar a personas con sobrepeso, a la vez que desafiar y cuestionar las maneras en que la sociedad presenta y observa el cuerpo humano. Debemos poner un limite donde la enfermedad empieza. Cuando uno hace el recorrido familiar y encuentra que en la familia hay antecedentes de obesidad o de problemas metabólicos y cardiovasculares, esto debería despertar algún tipo de alerta”, finalizó Berner.

Fuente: Diario Infobae

jueves, 13 de mayo de 2021

Hay nuevos fármacos para tratar la obesidad ¿Podrán frenar el estigma?

Se espera que animen a la gente a considerar la obesidad como una enfermedad crónica, igual que la hipertensión o la diabetes.

A Marleen Greenleaf, de 58 años, la obesidad la ha acechado toda la vida.

Como la mayoría de la gente con obesidad, probó dieta tras dieta.

Sin embargo, el peso siempre regresaba.

Dicho lo anterior, ha sufrido toda una vida de desprecio y estigmatización.

Los comentarios burlones de extraños cuando caminaba por la calle.

Los familiares que, cuando entrenó para correr un medio maratón, le dijeron: “No creo que sea bueno para ti”.

Entonces, en 2018, Greenleaf, directora de una escuela autónoma en Washington D. C., participó en un estudio clínico de la semaglutida, un nuevo tipo de fármaco para tratar la obesidad, conocida como incretinas.

A lo largo del estudio de 68 semanas, Greenleaf bajó lentamente 18 kilos.

Hasta ese entonces, siempre había creído que podía controlar su peso si de verdad lo intentaba.

“Pensaba que tan solo necesitaba más motivación”, dijo.

No obstante, cuando tomó la semaglutida, comentó que, “de inmediato, simplemente se disipó el deseo de comer”.

Efecto

Las incretinas parecen provocar una pérdida de peso significativa en la mayoría de los pacientes, suficiente para hacer una diferencia real en términos médicos y estéticos.

Sin embargo, los expertos esperan que los fármacos también hagan algo más: cambiar la percepción que tiene la sociedad de la gente con obesidad y la percepción que tiene de sí misma la gente con obesidad.

Si estos nuevos fármacos permiten que la obesidad sea tratada como una enfermedad crónica —con medicamentos que se deben tomar de por vida—, se cree que los doctores, los pacientes y el público podrían entender que la obesidad en verdad es un padecimiento médico.

“Todos creemos que este fármaco cambiará la manera en que vemos cómo se trata la obesidad”, opinó Caroline Apovian, especialista en obesidad del Hospital Brigham and Women’s .

Apovian, como la mayoría de los principales investigadores de la obesidad, asesora a varias farmacéuticas.

Es parte del consejo consultivo de Novo Nordisk, la fabricante de la semaglutida, y le pagan por asistir a las reuniones del consejo consultivo.

Durante décadas, una y otra vez, los estudios han demostrado que hay controles biológicos poderosos sobre los pesos corporales de un individuo.

Los gemelos idénticos criados de manera independiente tuvieron un peso corporal casi idéntico.

Los niños adoptados terminaron con índices de masa corporal parecidos a los de sus padres biológicos, no de los padres adoptivos.

El metabolismo se ralentiza cuando la gente pierde peso, lo cual los obliga a subirlo de nuevo.

Y, a pesar de todo, la obesidad “es como tener una marca en la frente”, opinó Scott Kahan, director del comité clínico de The Obesity Society, una organización científica de miembros asociados.

Discriminación

Es más probable que la gente con obesidad no sea tomada en cuenta para empleos, que perciba un salario menor que otras personas con las mismas habilidades y capacitación, y que reciba un trato mediocre de los doctores, quienes les dedican menos tiempo y les ofrecen menos servicios preventivos.

Sin embargo, las personas con obesidad no han podido recurrir a muchos lados para pedir ayuda.

Los actuales fármacos para la obesidad producen una pérdida de peso promedio de entre apenas un cinco y un diez por ciento.

Y debido a que algunos de estos fármacos son aprobados durante tiempos limitados, los kilos perdidos casi siempre regresan cuando se termina la intervención.

De acuerdo con estos estudios, las incretinas parecen ser distintas.

A diferencia de otros fármacos para perder peso, las incretinas son hormonas que se producen de manera natural y afectan sistemas cruciales para la obesidad.

Los medicamentos ralentizan el vaciado del estómago, regulan la insulina y disminuyen el apetito, con efectos secundarios gastrointestinales a corto plazo que suelen oscilar de leves a moderados.

Los fármacos no eliminarán la obesidad ni harán que la gente se vuelva extremadamente delgada.

No obstante, quien los tome se puede ver y sentir muy distinto.

Para algunas personas, los medicamentos producen una pérdida de peso parecida a la de una cirugía bariátrica.

Si las incretinas son aprobadas, podrían ayudar a convencer al sector más importante de todos —los doctores— de que la obesidad es una enfermedad crónica y puede ser tratada, comentó Robert F. Kushner, un investigador y médico clínico de la obesidad en la Universidad del Noroeste.

Una razón por la que muchos doctores no ayudan a los pacientes con obesidad es que no saben cómo, opinó Kushner.

Las dietas y el ejercicio, las panaceas usuales, casi siempre proporcionan una pérdida de peso a corto plazo, a lo mucho.

La incretina que toma Greenleaf, la semaglutida, y produce Novo Nordisk busca la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos, de la cual se espera una decisión en junio.

En promedio, la incretina desencadenó una pérdida de peso del 15 por ciento, pero una tercera parte de la gente que la tomó en el estudio perdió un 20 por ciento o más de su peso corporal, una cantidad similar a la que se pierde con una cirugía bariátrica de banda gástrica.

Eli Lily tiene un fármaco similar, la tirzepatida, la cual combina dos incretinas.

La empresa está probándola en comparación con la semaglutida y espera que sea aún más potente.

Louis J. Aronne, un especialista en obesidad del Centro Médico Weill Cornell, comentó que la combinación de semaglutida y otro fármaco experimental de Novo Nordisk, la cagrilintida, podría producir una pérdida de peso de hasta el 25 por ciento en un año, una cantidad parecida a la que se logra por medio de una gastrectomía de manga, una forma popular de cirugía bariátrica.

Aunque según Kushner se están probando más de media docena de nuevos fármacos hormonales, los investigadores solo pueden saber si los nuevos fármacos controlan una gran variedad de consecuencias médicas de la obesidad, como la diabetes y la presión alta, con el uso a largo plazo.

También hay un misterio más grande en cuanto al destino biológico: ¿acaso los múltiples sistemas redundantes del cuerpo que sirven para mantener el peso corporal son tan poderosos que ejercerán control, a final de cuentas, y reducirán la eficacia de los fármacos?

Como otros especialistas en obesidad, Rudolph L. Leibel, un investigador de la Universidad de Columbia que llevó a cabo muchos de los estudios cruciales para demostrar que la obesidad es una enfermedad, deplora los prejuicios de la sociedad en contra de sus pacientes.

No obstante, tiene sus dudas de que las percepciones vayan a cambiar con los nuevos tratamientos.

“Creo que ese prejuicio persistirá e incluso podría ser exacerbado porque existe la disponibilidad de una ‘manera fácil de salir del problema’”, comentó Leibel.

Kushner es más optimista y lo ejemplifica con las estatinas, las cuales reducen el colesterol y comenzaron a estar disponibles a finales de la década de 1980.

Hasta ese entonces, los doctores tan solo podían sugerir que los pacientes con colesterol alto redujeran su consumo de huevo y carne roja.

Según Kushner, los doctores “aceptaron las estatinas”, porque al menos podían tratar este padecimiento.

Kushner agregó que las incretinas más poderosas podrían tener el mismo efecto en la profesión médica.

En cuanto a Greenleaf, ella quiere volver a tomar la semaglutida.

Los kilos regresaron poco a poco cuando terminó el estudio.

Ahora ha caído en cuenta de que la obesidad “no es tu culpa”.

Robert Kushner, médico clínico e investigador de la obesidad en la Universidad del Noroeste, asegura que la obesidad es una enfermedad crónica que puede ser tratada.

Fuente: The New York Times Company

martes, 11 de mayo de 2021

El uso eficaz de impuestos a las bebidas azucaradas podría disminuir su consumo, según informe de OPS

Son de las principales responsables del sobrepeso y la obesidad en las Américas. Un impuesto selectivo que aumente su precio 25% reduciría 34% su consumo. Ingresos derivados podrían utilizarse para responder a la COVID-19.

El uso eficaz de impuestos podría reducir en gran medida el consumo de bebidas azucaradas, según un informe publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Un aumento del 25% en el precio de las bebidas azucaradas como resultado de impuestos selectivos conduciría a una reducción del 34% en el consumo de estas bebidas.

“Las bebidas azucaradas contribuyen en gran medida al sobrepeso y la obesidad, y se sabe que estas condiciones, a su vez, causan enfermedades cardíacas, diabetes y otras enfermedades graves relacionadas”, afirmó la directora de la OPS, Carissa F. Etienne. “Reducir el consumo de estas bebidas mejora la salud y los impuestos selectivos son una herramienta eficaz para lograrlo”, manifestó.

Los impuestos selectivos suelen ser pagados por el fabricante de un producto y trasladados al consumidor en forma de precios más altos. Según Etienne, las políticas efectivas como los impuestos a las bebidas azucaradas se han vuelto más urgentes en tiempos de la pandemia por COVID-19. La evidencia científica indica que las personas con sobrepeso u obesidad o que padecen diabetes y enfermedades cardíacas tienen más probabilidades de desarrollar casos graves de COVID-19.

En las Américas, el 64% de los hombres y el 61% de las mujeres tienen sobrepeso u obesidad, las tasas más altas del mundo. El consumo de alimentos ultraprocesados y azúcares - que carecen de los nutrientes que el cuerpo necesita para funcionar-, y un estilo de vida sedentario han impulsado la epidemia de obesidad a nivel global. 

“Los impuestos selectivos sobre las bebidas azucaradas podrían generar un triple beneficio para los países”, consideró Anselm Hennis, Director del Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS. El doctor Hennis explicó que estos impuestos no solo generan ingresos, sino que también mejoran la salud, reducen los costos de salud a largo plazo y disminuyen las pérdidas en productividad debido a enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad.

Además, dijo que “los impuestos a las bebidas azucaradas podrían usarse como una fuente inmediata de ingresos fiscales para responder a la pandemia por COVID-19, financiar planes de recuperación económica y apoyar a los países en su avance hacia la cobertura de salud universal".

Los gobiernos de todo el mundo adoptan cada vez más impuestos sobre las bebidas azucaradas. Más de 73 países en todo el mundo ya los han implementado. En las Américas, 21 Estados miembros de la OPS aplican estos impuestos selectivos a nivel nacional, al tiempo que siete jurisdicciones en los Estados Unidos lo hacen a nivel local.

El reporte La tributación de las bebidas azucaradas en la Región de las Américas señala que muchos impuestos sobre las bebidas azucaradas en las Américas se han diseñado teniendo en cuenta las metas fiscales y sin considerar el importante papel que pueden desempeñar en la protección de la salud. El informe explica cómo se podrían utilizar los impuestos existentes para mejorar la salud mediante la reducción del consumo de bebidas azucaradas.

“A medida que más gobiernos adopten y mejoren los impuestos sobre las bebidas azucaradas, se espera que aumente su capacidad para reducir la carga de enfermedades no transmisibles”, dijo el doctor Hennis.

Fuente: Organización Panamericana de la Salud

martes, 23 de marzo de 2021

Obesidad, una enfermedad crónica

La Justicia pampeana ordenó a una obra social la cobertura de un medicamento a una mujer que padece obesidad mórbida. El fallo consideró que se trata de una patología crónica.


La Sala A de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Minería de General Pico confirmó un amparo contra Prevención Salud S.A. para la cobertura integral de una medicación que requiere la actora que padece obesidad mórbida, considerándola una patología crónica. 

La mujer es afiliada a la obra social y desde su infancia padece “obesidad mórbida". Su médica endocrinóloga comenzó a tratarla con un nuevo medicamento y evolucionó favorablemente. Solicitó la cobertura del 70 por ciento del precio del medicamento, pero le fue negado por “ser muy caro”. La obra social también esgrimió que “no se encontraba la obligada a hacerse cargo del precio del medicamento” y que sólo garantizaría un 40 por ciento del valor. 

La sentencia de primera instancia admitió la acción de amparo interpuesta por la afiliada y condenó a la obra social a brindar la cobertura integral en los autos "R. M., I. c/Prevención Salud S.A.S/Amparo". 

El amparo fue confirmado por los jueces Alejandro Pérez Ballester y Mariano Carlos Martín. El Tribunal explicó que, hasta principios de 2015, el principio activo se encontraba aprobado para el tratamiento de la diabetes en la Unión Europea y, luego, se indicó para el tratamiento de la obesidad. El medicamento fue autorizado para su uso en nuestro país por el ANMAT en 2019. 

De este modo, los jueces explicaron el motivo de su ausencia en el Programa Médico Obligatorio (PMO) y como medicamento crónico en las resoluciones del Ministerio de Salud 310/2004 y 742/2009.

La Cámara pampeana consideró “inaceptable” el argumento jurídico de la apelante para no hacerse cargo del 70% del precio del medicamento. Los camaristas también hicieron hincapié en el “carácter crónico de la patología” que padece la mujer, así como la necesidad de aplicación de la droga. “Como la misma recurrente lo admite y lo señaló el a quo, corresponde considerar que las previsiones contempladas en PMO, son previsiones mínimas, y no resulta necesario que el medicamento crónico se encuentre incluido dentro del PMO”, añadieron. 

Y concluyeron: “Lo que interesa determinar es si estamos ante una enfermedad crónica y que el paciente, para conservar su salud, va a necesitar determinados medicamentos, sea por un tiempo prolongado o para siempre, de modo que tenga que soportar solamente el 30% del precio, circunstancias que quedaron acreditadas en este proceso. Por otra parte, habiendo quedado probado que la actora padece de una enfermedad crónica, el hecho que Prevención Salud S.A. deba afrontar el 70% del precio del medicamento, no implica violación alguna del contrato suscripto por las partes”.

Fuente: Portal Diario Judicial

jueves, 10 de diciembre de 2020

La OPS responde 14 preguntas frecuentes sobre el etiquetado frontal de alimentos

Diputados debatirá en sesiones extraordinarias un proyecto de ley de alimentación saludable que incluye el etiquetado de advertencia con octógonos negros.

En poco tiempo, Argentina podría saldar una deuda pendiente en materia de salud pública: el proyecto de ley que propone incluir un etiquetado frontal en los envases de alimentos y bebidas sin alcohol que contengan exceso de grasas saturadas y totales, azúcares, sodio y calorías será tratado en sesiones extraordinarias en la Cámara de Diputados. 

El proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación Saludable ya obtuvo media sanción en Senadores, donde surgió del consenso entre legisladores del oficialismo y la oposición. Cuenta, además, con el aval de los de los ministerios de Salud, Agricultura, Ganadería y Pesca; y Desarrollo Productivo. 

La inclusión de sellos en la cara principal de los envases que contengan nutrientes críticos en exceso es uno de los pilares de la iniciativa. El modelo de etiquetado propuesto es el de octógonos negros, que rige en algunos países de la región; es el que promueve la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y es resistido por la industria alimenticia por considerarlo demasiado restrictivo. El nutricionista Sergio Britos, director de CEPEA (Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación), planteó en una entrevista con Clarín también sus críticas al perfil de nutrientes que servirá como parámetro para determinar la inclusión de sellos en los envases de los productos. 

La OPS presentó hace unos días el documento "El etiquetado frontal como instrumento de política para prevenir enfermedades no transmisibles en la Región de las Américas", donde plantea que el modelo de octógonos negros basado en el perfil de nutrientes desarrollado por la institución es "el mejor sistema probado para cumplir con el propósito de salud pública", según afirma Enrique Pérez Gutiérrez, representante de OPS/OMS en Argentina. 

A continuación, 14 preguntas frecuentes sobre etiquetado frontal elaboradas por la OPS en base a ese documento. 

¿Por qué es importante el etiquetado frontal?

Un sistema de etiquetado frontal debe ayudar a las personas a identificar de manera correcta, rápida y sencilla aquellos productos que contienen cantidades excesivas de azúcares, grasas y sodio. Esto es clave para ayudar a la población a cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y protegerla contra los principales factores de riesgo que perjudican su salud y desarrollo. 

Por eso, a pesar de que se han diseñado muchos sistemas de etiquetado frontal, no todos responden a este propósito. El etiquetado frontal con advertencias sanitarias es el más efectivo para informar a la población sobre los productos que pueden dañar la salud y ayudar a guiar las decisiones de compra. 

¿Qué es el etiquetado frontal con advertencias "exceso de"?

Es un sistema de etiquetado que proporciona información directa al emplear sellos en forma de octágono con texto en la etiqueta frontal del envase. Informa a los consumidores cuando un producto contiene cantidades altas o excesivas de nutrientes críticos. 

Este sistema de advertencias sanitarias es el más adecuado para la finalidad sanitaria de prevenir la obesidad y otras enfermedades no transmisibles. Otros sistemas de etiquetados que combinan, resumen o agregan información y colores sobre nutrientes o atributos positivos no resultan eficaces para el propósito sanitario. 

No prohíbe a los consumidores comprar los productos, solo los ayuda a tomar una decisión fundamentada. 

¿En qué países está vigente el etiquetado frontal con advertencias sanitarias "exceso de"?

Este sistema es de utilización obligatoria en Chile, México, Perú y Uruguay. También está en discusión en varios países de la región. 

¿Por qué la OPS/OMS indica que el etiquetado frontal con advertencias sanitarias es el más adecuado?

La investigación indica que el consumidor, al escoger sus alimentos, se enfrenta a muchas dificultades para acceder, comprender y evaluar la información nutricional que se presenta en la etiqueta. Desde una perspectiva de salud pública es indispensable, por lo tanto, que al considerar las principales características de un sistema de etiquetado frontal se incluya: la capacidad de atraer la atención del consumidor; la facilidad para que los consumidores puedan procesar, comprender, evaluar y utilizar la información; y la influencia del sistema de etiquetado frontal en las decisiones de compra de los consumidores. 

En los estudios en los que se comparan los resultados de los sistemas de etiquetado frontal para informar a los consumidores sobre el contenido de cantidades excesivas de nutrientes críticos asociados a la mayor carga de enfermedades se llega a la misma conclusión: las advertencias sanitarias en el etiquetado frontal en forma de octógono con fondo negro y letras blancas que indiquen "exceso de" cumplen mejor que otros sistemas con la finalidad propuesta. 

¿Qué es el modelo de perfil de nutrientes de la OPS?

El Modelo de Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) es el instrumento desarrollado a pedido de los países de la región para poder establecer qué productos deben ser alcanzados por las regulaciones y llevar la advertencia sanitaria. 

Señala umbrales para identificar productos procesados y ultraprocesados con excesivo contenido de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio. 

¿El modelo de perfil de nutrientes de la OPS se aplica a todos los alimentos y bebidas, inclusive los naturales o sin procesar?

No. Los productos alimentarios y las bebidas que deben ser evaluados con el modelo de perfil de nutrientes de la OPS se limitan a los procesados y ultraprocesados, que normalmente pueden contener cantidades excesivas de sodio, azúcares y grasas. 

Este modelo no se aplica a los alimentos frescos, naturales o mínimamente procesados como frutas, verduras carnes, pollo pescado, arroz, fideos secos, polenta, harinas y legumbres, ni tampoco a los ingredientes para cocinar como aceite y sal de mesa o el azúcar. 

¿Cuáles son los alimentos a los que NO se aplica el modelo de perfil de nutrientes de la OPS?

El Modelo de perfil de nutrientes de la OPS no se aplica a alimentos no procesados o mínimamente procesados como: 

  • verduras, frutas, papas, batatas, otras raíces y tubérculos naturales envasados, refrigerados o congelados;
  • carne vacuna, porcina, de pollo o de pescado;
  • arroz blanco, integral o granos enteros de trigo y de otros cereales;
  • granola hecha de granos de cereal;
  • frutas secas como nueces, entre otras;
  • harina de maíz, de trigo u otras;
  • leche, yogures naturales y miel.

Tampoco se aplica a los ingredientes que se utilizan para cocinar: aceites, manteca, azúcar de mesa en sus diferentes tipos, y la sal de mesa en todas sus variedades. 

¿Cuán riguroso es el modelo de perfil de nutrientes de la OPS?

Muchos argumentos que se oponen al etiquetado frontal de advertencias sanitarias indican que el modelo de perfil de nutrientes de OPS es demasiado riguroso. Sin embargo, esto no es así. Se basa en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las metas de ingesta de nutrientes que se han formulado con base en un riguroso examen científico de la evidencia. 

El modelo de perfil de nutrientes de la OPS considera que un producto tiene una cantidad excesiva de nutrientes críticos cuando la proporción de esos nutrientes en el producto sobrepasa lo recomendado por la OMS. Las metas de la OMS buscan orientar la ingesta diaria de nutrientes para prevenir las enfermedades no transmisibles y otras enfermedades relacionadas con la alimentación. 

¿Por qué se utiliza la energía como base del modelo de perfil de nutrientes de la OPS?

Cuando se utiliza la energía como base, el modelo puede aplicarse a todos los productos y a grupos de población con diferentes requisitos de energía. 

En el modelo se utiliza como base el porcentaje de energía que aportan los nutrientes que contienen calorías y, de esa manera, el sistema resulta aplicable y pertinente para todos los grupos etarios. Por ejemplo, los requisitos energéticos de los niños son inferiores a los de los adultos. Si se emplea como criterio 100 gramos de producto o un determinado tamaño de porción como base, se podría imponer en los niños una carga mayor de nutrientes críticos, mientras que podría no afectar la alimentación de los adultos. 

¿Qué son los nutrientes críticos y cuáles son las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud?

Los nutrientes críticos son aquellos cuyo exceso en la alimentación de una persona constituye un factor de riesgo para muchas enfermedades. Por ejemplo, los azúcares, las grasas totales, las grasas saturadas, las grasas trans y el sodio son "nutrientes críticos" de preocupación para la salud pública. 

La Organización Mundial de la Salud definió límites y estableció que la ingesta de los nutrientes críticos que proporcionan energía no debe superar por día: 

  • 10% de azúcares libres (con mayor beneficio si no superan el 5%).
  • 10% de grasas saturadas.
  • 30% de grasas totales.
  • 1% de grasas trans
  • Para el sodio (sal), la recomendación tiene un límite absoluto y otro relativo: en los adultos, cuya necesidad media de energía es de 2000 kcal, la ingesta de sodio debe ser inferior a 2000 mg. En los niños, el límite debe ajustarse a su necesidad de energía, que es menor.

¿El modelo de perfil de nutrientes entra en conflicto con las guías alimentarias de los países?

El objetivo del perfil de nutrientes es acompañar y ayudar a cumplir las guías alimentarias de los países, como en el caso de las "Guías alimentarias para la población argentina", que recomiendan consumir alimentos naturales, frescos y variados, y limitar el consumo de aquellos envasados con altas cantidades de sodio, azúcares y grasas. Se basa en las recomendaciones de la OMS y las metas de ingesta de nutrientes que se han formulado con base en un riguroso examen científico de la evidencia. 

¿Son las campañas educativas más eficaces que las advertencias en las etiquetas?

El etiquetado frontal es una herramienta educativa en sí misma, porque suministra información y se integra a las recomendaciones de la educación alimentaria y de las campañas educativas que se impulsen. En comparación con las campañas de educación alimentaria en los medios de comunicación, el etiquetado frontal de advertencias es más costo-efectivo, dado su alcance y gran autosostenibilidad con el transcurso del tiempo. 

La educación alimentaria debe ser complementaria a otras políticas como: el etiquetado frontal, la regulación de la publicidad, la protección de los entornos escolares, entre otras. 

¿Es posible que el etiquetado frontal de advertencias tenga efectos negativos en la economía?

En los países en los que se implementa, no se observó que las etiquetas frontales con advertencias sanitarias tengan una repercusión negativa en la economía. Por el contrario, el etiquetado frontal ofrece una oportunidad para que muchas empresas desarrollen y amplíen la demanda y la oferta de alimentos recomendados como parte de una alimentación saludable. 

En el contexto de una epidemia cada vez mayor de obesidad y de enfermedades no transmisibles asociadas a la mala alimentación, el ahorro de costos sanitarios, de muertes evitadas o vidas salvadas supera ampliamente los costos relacionados con la modificación de las etiquetas de los productos. 

En última instancia, los resultados financieros de la empresa no se verían afectados a medida que su modelo de negocios se dirija hacia opciones más saludables. 

El caso del tabaco ejemplifica bien lo anterior ya que no se ha visto reducción de empleo a pesar de contar con normas más restrictivas aún: etiquetas en los envases más rigurosas, prohibición total de publicidad promoción y patrocinio, restricciones de ventas y de consumo en lugares públicos juntos a la suba de impuestos. 

¿Es posible que el etiquetado frontal de advertencias obstaculice el comercio internacional?

Los socios comerciales extranjeros de los países suelen tener distintas normas de etiquetado, o los elementos del etiquetado difieren siempre de alguna manera. En este contexto, el hecho de adoptar en cada país un sistema nacional diferente no modifica la situación actual. Los productos de todas maneras tendrán que poder venderse en más de un mercado y cumplir con los requisitos de cada uno. 

El sistema de etiquetado frontal no debería decidirse con base en las prácticas que adopten los socios comerciales, en parte porque los acuerdos comerciales preservan el derecho de regular la protección de la salud. Todas las empresas tienen la posibilidad de comercializar sus productos en cualquier país; todo lo que necesitan es cumplir con la norma de etiquetado frontal que haya adoptado el país importador como ocurre con otros requisitos de etiquetado, de manera que no existe obstáculo alguno al comercio internacional.

Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Nutrición

lunes, 23 de noviembre de 2020

Bebidas azucaradas. Un estudio calculó el perjuicio que le generan al sistema sanitario

Un equipo del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) estimó por primera vez la atención de siete grupos de enfermedades asociados con el consumo de gaseosas, jugos líquidos y en polvo, bebidas energizantes, aguas saborizadas y bebidas deportivas con azúcarUn equipo del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) estimó por primera vez la atención de siete grupos de enfermedades asociados con el consumo de gaseosas, jugos líquidos y en polvo, bebidas energizantes, aguas saborizadas y bebidas deportivas con azúcar.

Mientras se espera que el Congreso apruebe la ley de etiquetado saludable con los octógonos negros que ayudan a identificar a simple vista los alimentos con exceso de grasas, azúcar, sodio y calorías en las góndolas, un nuevo estudio pone en cifras el impacto en la salud y el sistema sanitario que está teniendo solo el consumo de un tipo de esos productos: las bebidas azucaradas. 

Un equipo del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) estimó por primera vez que la atención de siete grupos de enfermedades asociados con el consumo de gaseosas, jugos líquidos y en polvo, bebidas energizantes, aguas saborizadas y bebidas deportivas con azúcar le está costando al sistema sanitario de la Argentina $55.800 millones por año o el 2,8% del gasto anual en salud. 

"El consumo de bebidas azucaradas constituye una fuente importante de calorías sin aportar otros nutrientes más que el azúcar que contienen", explican los investigadores, liderados por Andrea Alcaraz y Andrés Pichon-Riviere. Y, en tres años de trabajo, lograron estimar también en qué proporción eso influye en la aparición de la obesidad, la diabetes, la enfermedad cardíaca, los problemas osteomusculares, la insuficiencia renal, el asma, la enfermedad cerebrovascular y el cáncer. 

Para eso, pusieron a trabajar el modelo con datos como los de las estadísticas de las encuestas nacionales de nutrición y factores de riesgo difundidas el año pasado y de los estudios poblacionales que reunían criterios estandarizados de calidad y robustez. Lo primero que observó el equipo es que ingerir estas bebidas eleva el riesgo de obesidad, lo que a la vez favorece la aparición de distintas enfermedades, de acuerdo con la edad y el sexo. "Y, por otro lado, el consumo aumenta en forma directa el riesgo de enfermedad y muerte cardiovascular en un 8% y el de diabetes en un 37%", resume Alcaraz a LA NACION. 

Cada año, de acuerdo con la estimación, todo eso se traduce en 514.000 adultos con exceso de peso (sobrepeso u obesidad) y 802.000 casos de enfermedades asociadas, incluidos 639.000 de diabetes (es decir, casi un cuarto de los casos en el país), 54.000 de enfermedad cardíaca, 34.000 de problemas osteomusculares, 29.000 de complicaciones cerebrovasculares, 21.000 de insuficiencia renal, 16.000 de asma y 9000 de cánceres. Mueren, 4400 de esos adultos. 

En los chicos, el estudio le atribuye al consumo de bebidas azucaradas la aparición de 774.000 casos anuales de sobrepeso u obesidad (o el 27% de todos los casos). 

El equipo recuerda que un adulto ingiere unos 85 litros anuales de estos productos. El 37% de la población los hace a diario, mientras que los chicos y los adolescentes consumen un 40% más de esas bebidas que los adultos, de acuerdo con la 2a. Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS 2) del año pasado. Apenas 600 ml de gaseosa común equivale a ingerir 13 cucharaditas de azúcar. "Nadie, seguramente, lo haría conscientemente", dice Alcaraz. 

Caries

Otro problema asociado es "un aumento importante" de las caries en la población, según agrega la investigadora sobre lo que será motivo exclusivo de una próxima investigación por su impacto social y su relación con el acceso a la atención. 

"Los resultados del estudio describen el importante daño a la salud que representa el consumo de bebidas azucaradas en la Argentina, un daño que a menudo se subestima o que muchos consideran que se limita a un riesgo «marginal» de diabetes u obesidad", sostiene Pichon-Riviere, director ejecutivo del IECS y magister en ciencias en epidemiología clínica de la Universidad de Harvard. 

El proyecto de ley sobre etiquetado frontal y publicidad de alimentos y bebidas, que ya cuenta con media sanción del Senado, obliga a la industria a rotular "de forma clara y explícita" la composición nutricional de los productos envasados, con sellos negros en forma de octógonos que destaque a simple vista en la parte frontal si se trata de un alimento o una bebida con exceso en azúcar, sodio, calorías y grasas saturadas. 

Eso, además de facilitarle a los consumidores la tarea de leer las etiquetas para saber qué llevará a la mesa, "colabora con la prevención de la malnutrición en la población y la reducción de enfermedades no transmisibles", como son las que relevó el equipo del IECS, que está entre las más de 100 organizaciones que hace unos días reclamaron por carta que la Cámara de Diputados sancione el texto del proyecto "sin demoras ni cambios". 

En el nuevo estudio se estima que, de los $55.800 millones que el sistema sanitario tiene que derivar a la atención de las enfermedades asociadas, $2800 millones son para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad en chicos, adolescentes y adultos y los $53.000 millones restantes, para la atención de la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la insuficiencia renal, los trastornos musculoesqueléticos, el cáncer y otras afecciones asociadas. 

"Lo que el estudio muestra es que se trata de un verdadero problema de salud pública, con múltiples impactos que se pueden medir y sobre los que se necesita intervenir a nivel poblacional. La investigación no la concebimos solo como un aporte general al conocimiento, sino como una herramienta que nos permita cambiar la realidad", agrega Pichon-Riviere. 

Pero, ¿qué debería o podría cambiar tras conocerse estos datos? "Para muchísimas personas, el daño que producen las bebidas azucaradas era algo abstracto -responde el investigador ante la consulta de LA NACION-. Este estudio le pone números concretos a una realidad que ya no se puede negar: todos los años hay muertes, casos de diabetes, cáncer y muchísimas enfermedades que podríamos evitar si la Argentina logra avanzar en políticas serias para reducir el consumo de bebidas azucaradas. Esperamos que los resultados ayuden a promover estas políticas, que ya han demostrado ser efectivas en el mundo, como aumentar el impuesto a las bebidas azucaradas y el etiquetado frontal de los alimentos." 

Ambas son recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó en su informe de 2016 con medidas para reducir el consumo de bebidas azucaradas y sus consecuencias para la salud. Una fue que el azúcar agregada ingerida no sea más del 10% de las calorías totales diarias, aunque aclaró que "se pueden observar mejoras en la salud" si ese límite está por debajo del 5% o lo que equivale a "menos de un vaso de 250 ml de bebida azucarada al día". 

Desde la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (Cadibsa) optaron por compartir una declaración de cuatro puntos del Consejo Internacional de Bebidas (ICBA, por su sigla en inglés) sobre el estudio del IECS, dado que aún no habían accedido a todos los resultados. En la declaración, la industria reconoce que "la obesidad y las enfermedades no transmisibles asociadas, como la diabetes y enfermedades cardiovasculares, son el resultado de múltiples factores", a la vez que describe "el compromiso de ser parte de una solución global para la reducción en el consumo del azúcar" mediante la disminución de su contenido en los productos y el tamaño de los envases, con la producción de versiones "con menos azúcar o sin azúcar". 

Cadibsa indica que alrededor de la mitad de las bebidas sin alcohol a la venta son "reducidos en calorías o sin calorías", mientras que el 80% de las ventas son de productos con azúcar. 

El año pasado, en una primera etapa del estudio que está coordinando el IECS también en Brasil, El Salvador y Trinidad y Tobago, se definieron las cuatro medidas que demostraron ser las más efectivas para reducir el consumo de bebidas azucaradas desde la perspectiva de salud pública. En ese momento, Pichon-Riviere dijo que, aunque el consumo de bebidas azucaradas no es el único factor que causa sobrepeso y obesidad, hay estudios que muestran que contribuye con casi el 40% del consumo total de azúcar en la Argentina.

Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Alimentación

jueves, 19 de noviembre de 2020

Directora Fundación Interamericana Corazón sobre Ley de Etiquetado: "Es un paso fundamental"

Tras obtener media sanción en la cámara de senadores, más de 100 asociaciones civiles y organismos gubernamentales exigen a la Cámara de Diputados el tratamiento del proyecto.

Tras obtener media sanción en la cámara de senadores, más de 100 asociaciones civiles y organismos gubernamentales exigen a la Cámara de Diputados el tratamiento de la Ley de Etiquetado frontal de los alimentos, una ley clave para la salud argentina. Por eso RePerfilAr habló con Luciana Castronuovo, directora del área alimentación de la Fundación Interamericana Corazón Argentina quien remarcó. "Es un paso fundamental para asegurar la salud de la población y también el derecho a la información, es decir, que los consumidores conozcamos que estamos comiendo. Todos sabemos que el sobrepeso en la Argentina es un problema de salud pública". En ese sentido, la especialista sostuvo que la ley "nos abre la puerta para empezar a regular cuestiones que tienen que ver con el entorno alimentario".

El proyecto de ley, casi por unanimidad, obtuvo media sanción en senadores, y actualmente tiene giro a cuatro comisiones de la cámara baja: Legislación General, Industria, Salud, y Consumidores. "Todavía no hay una fecha precisa acerca de cuándo se va a estar debatiendo en diputados", agregó.  Sin embargo, enfatizó: "Pedimos que en diputados la norma se acepte tal cual fue discutida en senadores ya que el proyecto se basa en los mejores estándares que existen" ya que según explicó está basado en el perfil de nutrientes que diseñó la Organización Panamericana de la Salud. "Es un aspecto crítico de la normativa porque te dice cuál es el umbral mediante el que un producto tiene exceso o no en un nutriente", expresó.

Fuente: Diario Perfil - Ver más sobre Alimentación y Nutrición

martes, 3 de noviembre de 2020

Octógono negro: la figura que puede cambiar la forma en que nos alimentamos

El Senado votó la iniciativa que busca disponer la obligatoriedad de informar en los envases sobre el exceso de componentes como azúcar, grasas o sodio; en la industria hay un fuerte rechazo.

Con la votación en el Senado del proyecto de ley, la Argentina dio un paso en la regulación del etiquetado frontal de alimentos envasados. Es un tema que en los últimos años ganó protagonismo en la agenda global de las políticas públicas vinculadas a la salud, y que involucra a la industria alimenticia, un actor de peso en la actividad económica local, que rechaza la medida. 

El proyecto que avanzó en el Congreso, que condensó más de una decena de iniciativas de legisladores de diferentes espacios políticos, establece un esquema de sellos de advertencia frontales en los envases, que alertan al consumidor cuando el producto presenta exceso de cinco componentes, entre los cuales se incluyen el azúcar, el sodio, las grasas (saturadas y totales) y el valor energético (calorías). Para ello, se busca establecer la obligatoriedad de incorporar un octógono negro, que le avise al consumidor que, respecto de esos contenidos, se superan determinados umbrales. 

El objetivo es modificar hábitos de consumo y hacer más sencillo el acceso a la información sobre la composición nutricional de los alimentos. Según la Encuesta de Factores de Riesgo del Indec, de 2018, el 61,6% de la población tiene exceso de peso (un 36,2% tiene sobrepeso y un 25,4%, obesidad). Pese a la resistencia de la industria y de las cámaras empresarias sectoriales, que critican la decisión y rechazan la "demonización" de los alimentos procesados, entidades como la Organización Panamericana de la Salud, FAO o Unicef, plantean que el modelo elegido es el más efectivo para impactar en los hábitos de consumo, a partir de la evidencia ocurrida en otros países. 

"La ley, como está planteada, cumple con los mejores estándares,y hay mucha evidencia de que la industria se adecua y va transformándose hacia productos más saludables que disminuyen las cantidades de nutrientes críticos en sus productos que pueden ser perjudiciales para los consumidores", enfatiza Fernando Zingman, médico y especialista en Salud de Unicef Argentina, quien destaca que el modelo de octógonos tiene como principal atributo la facilidad de comprensión. "Es el más claro y fácil de entender, incluso para los niños, que intervienen muchísimo en decisiones de compra", dice. 

La elección del modelo de sellos negros zanjó localmente un debate de años. Se propusieron alternativas como el modelo de semáforo, que usa colores (verde, amarillo y rojo) para medir el contenido alto o bajo de componentes (se aplicó en Ecuador), o el "Nutriscore", que elabora un puntaje global de cada alimento, similar a la escala de eficiencia energética de los electrodomésticos (lo adoptó Francia). La crítica hacia este último esquema, por parte de entidades como Unicef, es que se basa en un promedio que no permite identificar de forma precisa si el producto tiene exceso de algún nutriente o componente. 

Zingman plantea que el sistema de advertencias hace más fácil la identificación de los productos de perfil nutricional desfavorable. "Las decisiones de compra son de reacción. Hasta se venden espacios en las estanterías y las góndolas. Por eso, es muy difícil que información que le exige al cerebro una elaboración compita con una acción que es un reflejo. Una advertencia sobre el paquete te hace detener", agrega. 

"La ley que se propuso refleja el estado del arte de las políticas públicas en la materia. Y hay evidencia científica y empírica sobre su impacto", afirma Adolfo Rubinstein, exministro de Salud de la Nación. El modelo de advertencias es el de mayor aplicación en la región. Ya lo implementan Chile (2016), Uruguay (2018), Perú (2019) y México (2020). En Uruguay, un estudio de Unicef encontró que, luego de su puesta en marcha, un 18% de los consumidores optó por no comprar un producto con octógonos y un 23% optó por opciones libres de advertencias. 

"No demonizar"

En la industria, mientras tanto, se oponen al etiquetado y bregan por la autorregulación. "No queremos este modelo. No hay que demonizar a los alimentos, sino informar adecuadamente a los consumidores", plantea Daniel Funes de Rioja, presidente de la influyente Copal, que nuclea a cámaras de la industria de alimentos y bebidas. Advierte, además, sobre la necesidad de articular regulaciones en el Mercosur. "Si cada país tiene una regulación propia, actúa como un mecanismo de desestimulación de comercio intrazona", advierte. 

El proyecto votado en el Senado, que pese a declaraciones públicas de apoyo aún no tiene fecha de tratamiento en Diputados, establece que sus disposiciones se aplicarán de forma complementaria a las adecuaciones surgidas de normas del bloque. 

En cuanto los parámetros a partir de los cuales un producto debe llevar advertencia, la Argentina optó al igual que México por el perfil de nutrientes de la OPS, con un esquema por etapas en un plazo de dos años que endurece los límites establecidos, a fin de minimizar el impacto sobre las empresas. "No es cierto que estas regulaciones pueden hacer que se reduzca la demanda y que quiebren empresas. La gente no deja de consumir, sino que sustituye por productos por otros más saludables", advierte Rubinstein. Más allá de esta regulación, grandes fabricantes de alimentos y bebidas han avanzado en los últimos años con la adaptación de su cartera de productos hacia opciones libres de azúcar o reducidas en calorías. 

La ley, a su vez, establece regulaciones que avanzan más allá del empaquetado y, entre otros factores, limita la publicidad de los productos que tienen al menos un sello, con fuerte foco hacia los mensajes destinados a los niños. Zingman describe que entre los menores de 5 años en la Argentina la prevalencia de sobrepeso es de 13,5%, mientras que entre los adolescentes sube al 49%.

Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Nutrición

martes, 27 de octubre de 2020

Obesidad, una pandemia que lleva 60 años

El coronavirus volvió a colocar en primer plano el impacto negativo que tiene la obesidad sobre el sistema inmunitario. Recorrido de un mecanismo complejo.

Se calcula que en el mundo aproximadamente 2.000 millones de personas tienen sobrepeso y más de 650 millones tienen obesidad, cuadros definidos como un Índice de Masa Corporal (IMC) de entre 25 y 30 en el primer grupo y mayor a 30 en el segundo. Esto significa que cerca del 40% de la población mundial tiene problemas con su peso corporal. 

“Debido a su prevalencia, a pesar de que suele ser ignorada como tal, la obesidad puede considerarse una pandemia desde 1960 y sigue en aumento: su incidencia trepó el 1% cada tres años entre 2004 y 2014 y, si la tendencia continúa, las proyecciones indican que para 2050 la población mundial con sobrepeso y obesidad alcanzará el 50%. Nuestro país ya supera el promedio. Según los datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNYS 2), de septiembre de 2019, el 67,9% adulta de la población tiene exceso de peso: 34% de las personas tienen sobrepeso y 33,9%, obesidad”, explicó a Infobae el reconocido doctor Alberto Cormillot.

Según el experto en salud alimentaria, estas cifras son en parte el resultado de haber minimizado el problema y sus consecuencias, ya que se trata de una enfermedad crónica relacionada con más de 200 enfermedades, muchas de gran impacto en la calidad y expectativa de vida como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, accidente cerebrovascular –ACV– y algunos tipos de cáncer. A las complicaciones físicas, emocionales y sociales, se les suma que es, junto con la diabetes, la hipertensión y la enfermedad coronaria, un importante factor de riesgo, contagio y agravamiento de infecciones entre las que se encuentran la actual pandemia de COVID-19. 

Esta pandemia volvió a poner el foco en estudios realizados durante otros brotes de enfermedades por virus en general y coronavirus en particular tales como influenza H1N1 y MERS-CoV que se identificó en 2012 como la causa del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, afecciones que ya habían confirmado la vulnerabilidad de las personas con sobrepeso y obesidad.

Obesidad e inflamación: el dúo más peligroso 

La obesidad se caracteriza por un exceso de tejido adiposo (grasa) cuyas células pueden aumentar en tamaño y/o número, consecuencia del desequilibrio entre el consumo de alimentos y el gasto de energía. Al nivel “visible” de la enfermedad es necesario agregar el “invisible”: la obesidad comparte con otras patologías la existencia de un estado de inflamación crónica denominado “lipoinflamación” que perpetúa la enfermedad y se asocia a múltiples complicaciones. 

El circuito por el que este estado se produce es complejo. El tejido adiposo cumple con numerosas funciones, entre las que se destacan: 

-El mantenimiento del balance energético. 

-La regulación de la temperatura. 

-El metabolismo de lípidos (grasas) y glucosa (azúcares). 

-La modulación de la función hormonal y reproductiva. 

-La regulación de la presión arterial y de la coagulación sanguínea. 

Está formado por adipocitos, células grasas que actúan como una glándula que segrega moléculas implicadas en la regulación del peso corporal (leptina, adiponectina), en el sistema inmune, en la función vascular (citoquinas) y en el desarrollo de la resistencia a la insulina (resistina), entre otras. El aumento de peso disminuye las sustancias protectoras y eleva las dañinas –citoquinas-, especialmente cuando la grasa se localiza en hombros y espalda, hígado, interior de los músculos y del abdomen, la más perjudicial. 

“Cuando hay un excedente energético se acumula en el tejido adiposo que está debajo de la piel. Los adipocitos se agrandan y aumentan su número. Cuando rebasan su umbral de almacenamiento, aumentan los depósitos de grasa visceral, especialmente en el abdomen y sobre todo en el hígado. En este proceso de produce un remodelado de su estructura, la circulación se dificulta y las células se rompen. La cantidad de grasa que contienen los adipocitos es liberada y se dirige al hígado y a los músculos. El cuerpo celular muerto atrae a los glóbulos blancos y otras células del sistema de defensas en respuesta a este desajuste provocando una respuesta inflamatoria que, si no se resuelve, lleva a una inflamación crónica con gran liberación de citoquinas causante de muchas de las complicaciones de la obesidad”, aclaró Cormillot. 

Y agregó: “Las citoquinas son sustancias que interfieren en el metabolismo del colesterol, elevan el nivel de colesterol LDL (malo) y de triglicéridos y reducen el colesterol HDL (bueno). Además, provocan una constricción de las arterias, aumentan la presión arterial y la coagulabilidad de la sangre e interfieren con la acción de la insulina, elevando el nivel de glucosa en sangre y empujando al organismo a la diabetes”.

Al relacionar este estado inflamatorio con las infecciones virales como el coronavirus se encontró que: 

-disminuye la acción de las defensas y aumenta la vulnerabilidad al contagio, 

-incrementa significativamente la necesidad de hospitalización, 

-reduce la respuesta a los tratamientos, esto incluye la acción de medicamentos y vacunas, 

-eleva la necesidad de ventilación mecánica en relación directa con la severidad de la obesidad, 

-retrasa la recuperación, agrava el cuadro y empeora el pronóstico del paciente. 

A estas observaciones que se iniciaron durante la pandemia del virus de la influenza A (IAV) H1N1 en 2009, se agrega en la actualidad que las personas con obesidad que contraen COVID-19 presentan: 

-mayor dificultad para intubar y para obtener imágenes de diagnóstico fiables 

-disminución del volumen de reserva espiratoria y de la capacidad funcional del sistema respiratorio: en personas con obesidad abdominal, la función pulmonar se ve aún más comprometida si se encuentran acostados boca arriba por una disminución de los movimientos del diafragma, situación que dificulta la ventilación.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC – USA) ha reconocido que tener un IMC mayor a 30 es un factor que aumenta considerablemente la vulnerabilidad por COVID-19. El riesgo de infección grave por coronavirus se incrementa en un 44% en las personas con sobrepeso y casi se duplica en las que sufren obesidad. 

“La pandemia vuelve a poner de manifiesto una verdad incuestionable. Es tiempo de luchar contra el sesgo antiobesidad que impide verla como lo que realmente es: una enfermedad crónica que afecta a todo el organismo. Ningún país ha tenido grandes logros en la lucha contra la obesidad. Una de las razones es la falta de una política de alimentación fuerte, mantenida en el tiempo y lo más consensuada posible. Remarco “posible” mucho más en este momento en el que conviven en nuestro país situaciones de hambre, malnutrición y obesidad”, subrayó Cormillot. 

Y aclaró que: “Esta situación es el resultado de décadas sin programas firmes, continuados, coordinados y evaluados. Como resultado, nuestra población, en especial los niños, también está muy expuesta a la publicidad y a la presencia de alimentos atractivos de bajo valor nutricional y alto nivel calórico que, en muchos casos, son de menor costo que los alimentos protectores: frutas, verduras, legumbres, granos integrales, lácteos, huevos y carnes magras”. 

Por supuesto, como ocurre en todas las enfermedades, los que más padecen el problema son los sectores con menos recursos. Incluso quienes reciben ayuda alimentaria lo hacen principalmente a través de alimentos ricos en harinas, azúcares y grasas; ayuda distribuida en las zonas más vulnerables, pero hasta donde yo conozco, con escaso seguimiento, evaluación del impacto y educación nutricional y culinaria. El resultado pone a la malnutrición infantil como una de las amenazas más potentes a la salud pública del futuro. 

“El actual gobierno puso como primera prioridad la lucha contra el hambre. Una manera de fortalecerla y modificar la histórica falta de medidas en esta área es volver al modelo que se creó en 1938 con la magistral creación del doctor Pedro Escudero, el Instituto Nacional de Nutrición, investigaba, educaba, asesoraba al gobierno, divulgaba los nuevos conocimientos y creó la Escuela de Nacional de Dietistas. Lamentablemente los avatares gubernamentales lo fueron anemizando hasta su desaparición, en 1969”, indicó el especialista.

“De crearse este organismo debería generar una Política de Alimentación, ser independiente de los vaivenes políticos, con una conformación transparente y la participación, con distinto peso, de todos los sectores vinculados con el tema: Salud, Acción Social, Educación, Producción, Transporte, CONICET, Universidades, sociedades científicas pertinentes, otros organismos del Estado, Cámaras vinculadas al tema y la Industria de la alimentación y la bebida, entre otros actores”, agregó. 

Los funcionarios de salud en América Latina duran en sus puestos entre 18 y 26 meses. En muchos casos, son interferidos por razones políticas, ideológicas o económicas. Situación poco sólida y demasiado ingenua para encaminar un cambio en el sector más productivo de nuestro país y a la vez parte del problema y de la posible solución. La política de alimentación debería ser como es la NASA en los Estados Unidos. No dicen hoy “vamos a la Luna” y en 2 o 4 años, cuando cambian el gobierno, dicen “ahora vamos a Marte”. 

El Instituto Nacional de Nutrición fue una inspiración para toda América Latina. Ya se sabe cómo hay que hacerlo y también se conocen los resultados de no tener una política de alimentación durante algo más de medio siglo, casi el 70% tiene exceso de peso y hay altos porcentajes de hambre y desnutrición -cifras por ahora no actualizadas-. Solo falta la decisión de convertirlo en realidad. La pandemia actual producirá cambios de distinto tipo en nuestra sociedad. Sería una muy buena oportunidad para esta refundación.

Fuente: Diario Infobae - Ver más sobre Obesidad

martes, 20 de octubre de 2020

Etiquetado frontal: cuán cerca estamos en la Argentina de poder saber con facilidad lo que comemos

La ley de etiquetado frontal de alimentos es una deuda que el Congreso podría saldar antes de que termine el año; La semana pasada, la comisión de Salud del Senado comenzó a tratar un proyecto consensuado.

Martina, 33 años, arquitecta, viajó a Chile hace un año y cuando fue a comprar la barrita de cereal que come casi todas las tardes, se sorprendió con las etiquetas octogonales que advertían que ese era un alimento alto en grasas y en sodio. ¿No era que solo tenía 99 calorías?, pensó. Entonces cayó en la cuenta de que la etiqueta nutricional que eventualmente consultaba no le daba mucha información. ¿Es realmente un alimento sano? 

La lectura de las etiquetas de los alimentos es una práctica poco frecuente en la Argentina. Sobre todo, porque el rotulado de envases de alimentos vigente por ley, que muestra información en tablas de composición nutricional no es de fácil comprensión y según advierten desde el propio Ministerio de Salud, "no cumple la función de informar a la población sobre los componentes principales de un alimento para que puedan realizar una selección más saludable de los alimentos que consumen". 

Antes de la pandemia, el 30% de la población dijo leer la tabla de información nutricional según datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud publicada en 2019. Con la cuarentena, ese número parece haber descendido. Quizás por el impacto económico o tal vez por la necesidad de estar poco tiempo en el supermercado. Según un relevamiento hecho por la consultora Quiddity en plena pandemia, solo el 21% lee las etiquetas siempre; el 52% lo hace a veces y un 27% no lo hace nunca. El relevamiento incluyó a 1200 personas de todo el país y fue realizado entre el mes pasado y este. 

La ley de etiquetado frontal de alimentos es una deuda que el Congreso podría saldar antes de que termine el año. La semana pasada, la comisión de Salud del Senado comenzó a tratar un proyecto consensuado, a partir de 13 iniciativas presentadas por todo el arco político. Participaron desde el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García hasta el exministro Adolfo Rubinstein. "Si uno tuviera que elegir una medida para mejorar la calidad de vida, sería tener éxito en una estrategia que disminuya el sobrepeso y la obesidad", dijo González García. "Es una pandemia más silenciosa y mucho más mortal, que afecta a dos tercios de la población", dijo el ministro.

Según el relevamiento de Quiddity, nueve de cada 10 argentinos creen que es muy o bastante importante que exista una ley de etiquetado frontal, para que la información nutricional esté a la vista y ya no sea la letra chica. 

La experiencia internacional indica que, cuando el consumidor tiene disponible delante de sus ojos en el mismo momento de la compra la información nutricional, tiene más herramientas para elegir qué comprar. Y a la vez, es una forma de estimular a los productores de alimentos a inclinarse por preparaciones más saludable. El etiquetado frontal permitiría una mayor facilidad en la comprensión de la información, para el 92% de los consultados y colaboraría en la elección de alimentos saludables, para el 90%. 

"Hoy nos encontramos con un consumidor empoderado, que quiere más información para tomar sus decisiones. Sin embargo, también encontramos un desfasaje entre la importancia que las personas le otorgan a la alimentación y los hábitos y rutinas cotidianas. Esto nos marca que lo que falta es información", explica Verónica Rodríguez Celin, directora de Quiddity, la agencia de investigación y Big Data del ecosistema regional Untold. 

Etiqueta negra

El modelo que más éxito tuvo en la región es el del octógono de advertencia o etiqueta negra, adoptado por Chile y Uruguay. Se trata de un rótulo que identifica a los alimentos envasados con un sistema gráfico de alerta sobre nivel de sodio, azúcares y grasas saturadas, entre otros. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) impulsa este sistema para toda la región, aunque, llamativamente no es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la que la OPS es parte. 

En Europa, por ejemplo, Gran Bretaña tiene un sistema de semáforos y España y Francia optaron por un nutriscore, que es un semáforo de cinco colores que además advierte sobre alimentos que si bien nunca estarán en la escala de los verdes, pueden ser consumidos teniendo en cuenta la frecuencia y la cantidad: es decir, cada tanto y en pequeñas porciones. 

La experiencia indica que las leyendas de los octógonos hicieron que los consumidores al comienzo desistieran de comprar productos con más cantidad de etiquetas negras en su envase, al poco tiempo las advertencias se invisibilizaron. "No hay estudios clínicos que demostraran si la medida tuvo un efecto directo en el problema de sobrepeso de la población, o si simplemente, el consumidor migró a otro tipo de alimentos no incluidos en el sistema de rotulado" advierte Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN). Además, el sistema no contempla a los ingredientes de preparación, sino a los productos terminados, advierte. Con este sistema, por ejemplo, la manteca no tendría ninguna advertencia y hasta la sal se comercializaría sin una advertencia de "alto en sodio". 

El proyecto que se está evaluando en el Senado apunta a que los alimentos van a tener un etiquetado frontal que no podrá ocupar menos del 5% de la superficie, con formato octogonal negro y letras blancas. Cada sello de advertencia va a informar si tienen algún nivel crítico de sodio, grasas trans, azúcar o calorías. En caso de tener edulcorantes, la etiqueta lo deberá informar. Se prohibirá que la publicidad de los alimentos refiera a propiedades medicinales y la publicidad de productos con algún nivel crítico dirigida a niñas y niños. Si algún producto llevara un sello de advertencia, no podrá incluir dibujos animados ni elementos que llamen la atención de los más chicos. 

La industria tendrá un plazo para adaptarse a la nueva norma, que sería de seis meses a tres años, según los distintos proyectos. 

"Indudablemente es necesario el sistema de etiquetado frontal, porque la información nutricional actual es muy compleja, no se entiende y si uno tiene más de 40 años, no se lee", dice Katz. 

"Sin embargo, deberíamos apuntar a modelos más efectivos, como el semáforo o el score nutricional. Me preocupa que mi nieta no quiera comer un yogur porque tiene una etiqueta negra de alto en azúcares, cuando no tiene una restricción para comerla. Es un sistema que no resalta los valores positivos de los alimentos sino que muestra lo negativo", apunta la especialista. 

Cuando les plantearon a los encuestados los distintos modelos de etiquetado frontal existentes, el que obtuvo más aceptación (67%) fue el sistema de semáforo, como el que se utiliza en Ecuador. Esto es, a la hora de determinar el valor nutricional de un producto, hay que mirar no solo las calorías, sino también la fibra alimentaria, las grasas saturadas, las grasas totales, el sodio, entre otras cuestiones. Haciendo un promedio de esos valores, se pueden clasificar en verde, aquellos en los que el valor alimenticio supera al aporte de gasas, sodio, azúcares, etcétera. Los amarillos son los que tienen aportes altos de ambos lados de la balanza o al menos equilibrados. Y el rojo es para aquellos que no constituyen un aporte alimenticio, pero en cambio son altos en grasas, sodio, azúcares. 

"El sistema de semáforo resulta más comprensible por los usuarios. Las etiquetas negras, en cambio, solo aportan información sobre el contenido negativo. Pero no aportan valores de referencia ni información del valor nutricional de cada alimento. El semáforo permite hacer una valoración global del producto y es más gráfico", dice Rodríguez Celin.

Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Obesidad

martes, 6 de octubre de 2020

Coronavirus en Argentina: el Gobierno no considerará a todas las personas obesas como grupo de riesgo

Así lo aclaró a través de una Resolución publicada este martes en el Boletín Oficial. Para esto, se basó en una clasificación de la Organización Mundial de la Salud.

Desde este martes, el Gobierno no considera a todas las personas obesas como grupo de riesgo en el marco de la pandemia del coronavirus, sino solamente a aquellas que tengan un determinado índice de masa corporal. Así quedó establecido a través de la Resolución 1643/2020, que fue publicada en el Boletín Oficial. 

El documento, firmado por el ministro de Salud, Ginés González García, precisó que serán calificados como pacientes de mayor peligro para el COVID-19 quienes padezcan de sobrepeso “con IMC igual o superior a 35,0 kg/m2 (Obesidad Clase II y III)”. 

En los considerandos, las autoridades nacionales señalaron que la cartera sanitaria elaboró “un listado de personas que por presentar determinada condición de salud formaban parte de grupos de riesgo”, pero sostuvieron que “resulta necesario precisar las características y los tipos de obesidad existentes, a los fines de determinar cuál de ellas" es condición para que un paciente pueda "sufrir una evolución desfavorable” si se contagia. 

Por esta razón, explicaron que “en adultos, el sobrepeso y la obesidad están definidos por el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo peso en kilogramos por el cuadrado de la talla en metros (kg/m2)”. 

En este sentido, destacaron que la Organización Mundial de la Salud (OMS) detalló que hay diferentes grados de de esta enfermedad, “los cuales se clasifican en Clase I: IMC 30,0-34,9 kg/m2, Clase II: IMC 35,0-39,9 kg/m2 y Clase III: IMC > 40 kg/m2”.

Siguiendo en esta línea, el Gobierno remarcó que cada una de estas tres categorías “tienen características propias que demandan ser reconocidas, abordadas y tratadas de manera diferenciada, también cuando se lo hace en el marco" de la pandemia. 

Según precisaron en la Resolución, “diferentes estudios realizados en el mundo demostraron que las personas con IMC igual o superior a 35,0 kg/m2 (Obesidad Clase II y III) son las que podrían tener moderado a alto aumento del riesgo de peor evolución (muerte, necesidad de internación en Unidad de Cuidados Intensivos -UCI- y requerimiento de Asistencia Respiratoria Mecánica-ARM-)”. 

Desde que comenzó la crisis sanitaria, se especificó que el grupo de riesgo lo integran las personas con enfermedades respiratorias crónicas, con patologías cardíacas, diabéticas, con insuficiencia renal crónica en diálisis o con expectativas de ingresar a diálisis en los siguientes seis meses, con inmunodeficiencias, mayores de 60 años, que sean pacientes oncológicos y trasplantados, y aquellas con certificado único de discapacidad. 

Desde septiembre, se agregó a ese listado la gente obesa, ya que existen múltiples mecanismos fisiopatológicos que explican esta predisposición, incluyendo presencia de un estado inflamatorio crónico, desregulación de la respuesta inmune, exceso de estrés oxidativo y producción aumentada crónica de leptina y asimismo, el tejido adiposo podría sobreexpresar el receptor de la enzima convertidora de la angiotensina, implicado en la invasión intracelular del virus.

“Por la experiencia observada en otros países y la prevalencia de casos, la evidencia reconoció a la obesidad como un factor asociado a mayor riesgo de contraer la enfermedad y de sufrir evolución desfavorable de la misma”, detalló el Ministerio de Salud, que en ese momento no distinguía entre los distintos niveles de índice de masa corporal. 

Lo que hizo el Gobierno con la Resolución de este martes es, justamente, agregar el IMC como un elemento condicionante para determinar si la persona es o no parte del grupo que más posibilidades tiene de presentar complicaciones si se contagia de COVID-19. 

Según un estudio que realizó el cardiólogo argentino Oscar Cingolani, profesor y director del centro de hipertensión arterial de la Universidad Johns Hopkins, en Maryland, Estados Unidos, junto a otros profesionales de su misma área, la obesidad podría transformar al coronavirus en un caso grave en pacientes jóvenes. 

“Nos llamó la atención cuando la pandemia golpeó en Johns Hopkins Hospital a fines de marzo de 2020; cuando veíamos pacientes jóvenes ingresando y admitidos en nuestras UCI, muchos de los cuales también eran obesos”. explicó el profesional durante una entrevista con Infobae.

Fuente: Diario Infobae - Ver más sobre Obesidad