| Irma López: la mexicana que dio a luz en el jardín de una clínica de Oaxaca, México. |
Los abusos de las autoridades médicas con Irma López, la
mexicana que dio a luz en el jardín de una clínica de Oaxaca después de que la
enfermera le dijera que “se fuera a caminar” porque aún no estaba lista para el
parto, vienen de lejos. En una charla mantenida con asesoras jurídicas del
Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) la semana pasada, la
joven les relató que después de un parto anterior los doctores le colocaron el
DIU (dispositivo intrauterino) sin consultarle. El método anticonceptivo falló
porque Irma volvió a quedarse embarazada. Ofelia Bastida, de GIRE, cuenta que
la oaxaqueña no entró en más detalles, pero confirma que la práctica no es un
hecho aislado. “Es una forma de control de la natalidad, junto con las
esterilizaciones forzadas. Se trata de una política violatoria de los derechos
humanos”.
La denuncia la corrobora la abogada chiapaneca Martha
Figueroa, quien participó en el III Congreso Latinoamericano Jurídico sobre
Derechos Reproductivos que se celebró la pasada semana en Jiutepec (Morelos). “Son
políticas muy soterradas, los Gobiernos no lo admiten, pero tenemos denuncias”.
Figueroa, del Grupo de Mujeres de San Cristóbal de las Casas A. C., en Chiapas,
explica que la población preponderante son “mujeres pobres, indígenas o de
municipios marginados”. Guerrero, Chiapas y Oaxaca albergan los municipios con
menor índice de desarrollo humano, caracterizados también por tener una alta
población indígena: “Pareciera que la solución del Gobierno para acabar con la
pobreza es evitar que las pobres se reproduzcan”, afirma indignada.
Para esta abogada los programas sociales como Oportunidades
o Solidaridad esconden actuaciones muy crueles. “Se les ofrecen 500 pesos o
becas para los hijos a cambio de charlas y si no quieren ir a las charlas, les
dan la opción de ponerse el DIU, eso puede cubrir 12 meses de reuniones”. En la
mayoría de los casos, asegura, falta información y la esterilización forzada se
hace sin que ellas lo sepan. “Eso se puede probar porque en los hospitales no
hay traductores, por lo tanto, ellas firman un consentimiento y no entienden lo
que está autorizando”. En ocasiones, el testimonio de las mujeres y de los
mismos hombres cuando se enteran es terrible: “Ya no soy mujer, ya no sirvo, ya
no puedo dar hijos, me han dejado seca, soy tierra muerte, dice Martha a modo
de ejemplo.
Martha Figueroa asegura que en la asociación reciben “no tan
infrecuentemente” casos de mujeres con dos DIU colocados. “Me acuerdo de una
mujer en particular, porque venía con su dispositivo en la mano, que le habían
dado en Salud, para que se lo colocáramos en la asociación. Decía que su marido
sí le daba permiso para que pudieran tener la ayuda, pero que quería que se lo
colocase una mujer, no un doctor hombre. Cuando la compañera empezó a
explorarla vio que había un hilo y al tirar de él salieron no uno, sino dos
DIU. Y aún así, la mujer venía a ponerse un tercero”. Muchas no saben que lo
tienen hasta que se hacen una exploración, asegura.
Una experta asegura que en la asociación reciben “no tan infrecuentemente” casos de mujeres con dos DIU colocados.
A Irma López también la obligaron a ir a charlas y a dos
revisiones durante el embarazo. Si no lo hacía, el Gobierno le quitaba el
derecho al Seguro Popular (la cobertura médica para aquellos que no tienen
recursos y no están afiliados a la seguridad social). “Ejercen un control sobre
ellas”, asegura Ofelia Bastida. El caso de esta mujer saltó a la prensa
nacional con la publicación de una foto en la que se la ve a ella y a su hijo,
todavía con el cordón umbilical, después de dar a luz en el jardín de una
clínica. El parto se produjo en torno a las siete de la mañana del 2 de octubre
en el municipio de San Felipe Jalapa de Díaz, una zona rural situada a más de
seis horas en coche de la capital de Oaxaca. Una enfermera de la clínica en la
que podía ser atendida le dijo que saliera a caminar, que todavía no estaba
lista. Minutos después tuvo a su bebé fuera del hospital.
Fuente: Diario El País