En el encuentro, uno de los más importantes del mundo y que
en esta oportunidad congregó a 10.000 cardiólogos, 300 de los cuales fueron
invitados extranjeros, se discutieron ésta y otras estrategias para disminuir
el impacto de la enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en el país
y en el hemisferio occidental, por encima del cáncer (19%), las enfermedades
respiratorias (15,6%) y las infecciosas (4%).
"En 2011 murieron en el país 96.000 personas por causas
cardiovasculares [más de diez por hora] -dice el doctor Jorge Belardi,
presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que organizó los
encuentros auspiciados por el American College of Cardiology, la World Heart
Federation, la European Society of Cardiology y la American Heart Association-.
Es un número escandaloso. Tenemos que bajarlo en un 25% para 2025 [según las
metas para reducción de enfermedades no transmisibles que se plantea alcanzar
la Organización Mundial de la Salud]."
Pero aunque las medidas son bastante simples, la tarea para
los cardiólogos es bien compleja: según las encuestas nacionales de factores de
riesgo realizadas en el país, entre 2005 y 2009 aumentó alrededor de un 8% el
sedentarismo, creció de 14,6% a 18% la obesidad, una de cada cuatro personas
agrega siempre sal a las comidas y apenas el 5% de la población consume al
menos cinco porciones de frutas y verduras por día. El 34,5% admitió haber
tenido la presión arterial elevada en por lo menos una consulta y el 29% de los
que se midieron el colesterol lo tenían elevado. También aumentó la prevalencia
de diabetes a 9,6%.
En un comunicado del congreso, el doctor Hernán Doval,
director del Comité de Bioética de la SAC, subraya que "entre el 60 y el
80% de las enfermedades cardiovasculares de los últimos 50 años se deben a dos
industrias: la del tabaco y la de la alimentación. Disminuir el consumo de sal
permitiría reducir 20 a 30% la enfermedad cardiovascular, y se paliaría la
epidemia de obesidad. Sin embargo, no es tan sencillo lograrlo. Cuando se le
dice a alguien que coma sin sal, por lo general se vuelve loco".
Tal vez por eso, en una de las conferencias más impactantes
del congreso, el doctor Shamil Yusuf, futuro presidente de la Federación
Cardiológica Mundial, "lanzó el desafío de bajar un 50% la mortalidad
cardíaca modificando aspectos culturales, hábitos de vida y la organización del
sistema sanitario", comenta el doctor Carlos Tajer, actual vicepresidente
de la SAC y copresidente del comité científico del congreso.
"El peso de los hábitos en la enfermedad cardiovascular
es enorme", coincide el doctor Daniel Berrocal, coordinador del comité
científico. Según el especialista, la Argentina tiene cifras de cardiopatía
similares a las de países desarrollados.
Según Belardi, otro de los factores que inciden en el
aumento de infartos en el país y en el mundo es la urbanización. "Hay
estudios interesantes -cuenta-. Uno publicado por el New England Journal of
Medicine analizó los efectos del Mundial de fútbol de Alemania, un país con muy
buenos registros sanitarios: en los partidos contra la Argentina y contra
Italia, por ejemplo, hubo un pico importante de infartos. También en Israel hay
documentación de que el estrés por situaciones bélicas aumenta el infarto.
Cuando hay una enfermedad de base, el estrés funciona como «gatillo»."
En su conferencia, Yusuf presentó los resultados
preliminares del Estudio Prospectivo de Epidemiología Urbana y Rural (PURE,
según sus siglas en inglés), que analizó datos relevados entre 2003 y 2009 de
más de 150.000 personas de 17 países, entre ellos la Argentina.
"El trabajo muestra la falta de continuidad en los
tratamientos -comenta Belardi-. Poca gente toma la medicación que se le indica.
Incluso los que tuvieron un evento cardiovascular a los noventa días abandonan
todo. No se controlan la presión ni el colesterol... Es muy frustrante, porque
el acceso a los medicamentos está. A veces se reciben gratuitamente y sin
embargo el tratamiento se abandona igual."
Uno de los artilugios farmacológicos para mejorar la
adherencia sobre los que se discutió en las sesiones es la
"polipíldora", un único comprimido que reúne cuatro o cinco
medicamentos.
"Si se lo piensa en términos de prevención secundaria
[después de un evento cardiovascular], es un aporte interesante -opina Tajer-.
Hace años se evaluaba la posibilidad de utilizarla para una especie de prevención
universal a partir de los cincuenta años, pero hoy está prácticamente
descartada."
Otra novedad farmacológica que despertó mucho interés es una
nueva generación de anticoagulantes orales para prevención de ataque cerebral
en pacientes con fibrilación auricular, un tipo de arritmia cardíaca. "Son
tres drogas que no requieren control -dice Tajer-. Tienen efectos notables,
especialmente si se tiene en cuenta que a los 80 años una de cada 5 personas
tiene fibrilación auricular, y que el 89% de los ACV se producen en pacientes
con este trastorno. Estas drogas tienen menor riesgo de sangrado que las
anteriores."
Por su parte, Valentín Fuster, uno de los cardiólogos de
mayor renombre en el mundo, hizo hincapié en la prevención y la necesidad de
trazar políticas educativas para niños de cinco y seis años, y presentó
experiencias realizadas en Colombia y España.
"En el país latinoamericano lo hacen a través de Plaza
Sésamo , donde el doctor Fuster protagoniza uno de los personajes -cuenta
Tajer-. Por ejemplo, con el juego de dejar de lado las bebidas gaseosas
edulcoradas lograron promover una disminución de la obesidad infantil. Ocurre
que los patrones de alimentación se consolidan fuertemente entre los cuatro y
los seis años."
"Hay que trabajar en varios frentes -dice Belardi-. En
la comunidad, bajando la obesidad, el sedentarismo y el tabaquismo, que a su
vez están asociados con mayor hipertensión y diabetes, que afectan a un
porcentaje muy alto de la población. También en el sistema sanitario, mejorando
las acciones de prevención y de atención. "El estudio PURE mostró que
aunque en los países de altos ingresos hay mayor número de factores de riesgo,
la mortalidad es siete veces mayor en los de bajos ingresos."
"Francia, por ejemplo, es un país con un estilo de vida
bastante «feliz» por lo que la población come y toma; sin embargo, es el de
menor mortalidad cardiovascular junto con Japón", concluye el
especialista.
¿Qué dicen los protagonistas?
Asistieron más de 10.000 médicos; 300, extranjeros.
Gorge Belardi - Presidente de la SAC
"Los factores de riesgo de las enfermedades
cardiovasculares y del accidente cerebrovascular son los mismos"
Daniel Berrocal - Coordinador del comité científico del
congreso
"Es enorme el peso de los hábitos y el estilo de vida
en la mortalidad por causas cardíacas"
Carlos Tajer - Vicepresidente de la SAC
"El proceso de envejecimiento y la enfermedad
arteriosclerótica tienen grandes coincidencias"
Fuente: Diario La Nación