martes, 4 de febrero de 2014

Homenaje a mi amiga Mariana García Torres


Quiero dedicar este espacio para recordar a una gran amiga y compañera de trabajo, Mariana García Torres, quien falleció el pasado viernes. Mariana era Procuradora y Abogada con orientación en Derecho Público. También obtuvo varias diplomaturas, una de ellas en Gestión Ambiental que, junto con su vasta experiencia, le permitió llegar a desempeñar el cargo de Presidente de Sociedad Ambiental (Red Social Ambiental Iberoamericana).

Entre los años 1996 y 2005, Mariana ha sido asesora letrada del Defensor del Pueblo de la Nación, período durante el cual hemos compartido trabajo y amistad. En el año 2004 tuve la oportunidad de redactar junto a ella un artículo que fue publicado en el diario El Cronista, en el mes de octubre.

El artículo, titulado "Medicina prepaga: hacia la regulación del sistema", es por supuesto anterior a la regulación de las empresas de medicina privada y no es de actualidad, pero lo comparto con Ustedes a modo de homenaje a Mariana y es mi manera de recordarla.

Medicina prepaga: hacia la regulación del sistema

–Hola, quiero hacer una consulta.

–Sí señor.

–Tengo un problema con mi prepaga, no quiere cubrir el tratamiento que indicó el médico, hay que esperar para que lo reconozcan, ¿que hago señorita?

-Señor el sistema de medicina prepaga no está totalmente regulado, pero las empresas deben brindarle las prestaciones que establece el Programa Médico Obligatorio de Emergencia.

–¿Cómo? ¿que no hay ley que nos proteja? Entonces, ¿qué hago? ¿Cuáles son mis derechos?

Nos enfrentamos diariamente a situaciones como la descrita. Y las respuestas escasean. Pareciera que el considerable grupo de usuarios (pacientes) que pertenecen al ámbito de la medicina prepaga adolece de herramientas habilitantes que conlleven una adecuada defensa de sus derechos legítimamente amparados en la Constitución Nacional. Este significativo sector ostenta un total desconcierto cuando advierten que el sistema al que pertenecen no se halla regulado, pese a que hoy en día ya casi nadie cuestiona que indefectiblemente deban existir normas regulatorias y fiscalizatorias. Menos aun, los usuarios.

Las empresas de medicina prepaga, en tanto cumplen una función vinculada con un derecho humano esencial, como lo es el derecho a la salud, deben contar con un ordenamiento jurídico por el cual se permita ofrecer servicios médicos sólo a aquellas que se encuentren a la altura del objeto que persiguen, es decir prevenir, cuidar y restablecer la salud de sus asociados.

Y es aquí donde debería recordarse a los sectores involucrados que estamos hablando de ¿salud? y que, estas empresas -dentro de nuestro esquema-conforman el subsistema de salud privada. Por lo tanto, su objeto las compromete y enlaza con la comunidad y, por lo tanto, con la ¿salud pública?

A nuestro entender, no es deseable la actitud de algunos inescrupulosos que hacen uso de las ventajas que les otorga la falta de un marco regulatorio que proteja y garantice a quienes se asocian al sistema de servicios prepagos de salud (usuarios/pacientes), para contar con los medios y herramientas necesarios cuando se ven ubicados frente a contingencias que requieren de las prestaciones médicas correspondientes, ensayando excusas, tales como la falta de cumplimiento con los períodos de carencia, el pedido de garantías para otorgar el servicio, la no inclusión de los recién nacidos como socios cuando nacen con alguna patología congénita, la negativa de atención para partos múltiples, la falta de declaración de enfermedades preexistentes y otras tantas limitantes que -a la hora de usar el servicio- se convierten en obstáculos serios e insalvables.

Y justamente hoy en día todos aquellos sujetos que de buena fe entendieron que contrataban una entidad asistencial privada que se ocuparía de brindar cobertura médica en el momento oportuno, se ubican en una situación de indefensión y disvaliosa en la relación contractual comentada. 

El rol del Estado

La especulación de estas pocas empresas del sistema que actúan en detrimento a uno de sus fines prioritarios (la prestación de un óptimo servicio que garantice el derecho a la salud de sus asociados) amerita que una actividad que forma parte de los servicios de salud, prestigiada por profesionales de la talla de los que conforman la mayoría de las cartillas, no involucre a todas, de modo tal de evitar que la sociedad adquiera una impresión equivocada del manejo de la salud privada.

El Estado no puede estar ausente permitiendo que se perjudiquen las expectativas de la población usuaria, que no es poca y que realiza, en general, un gran esfuerzo para conservar ese sistema de atención.

Pero, ¿cómo debe intervenir? Sin lugar a dudas, lo más saludable es que lo haga adecuadamente, instando la conformación de un marco regulatorio, a través del cual se proporcione a los asociados, entre otros aspectos, formas razonables de resolver conflictos y diferencias; que las decisiones que se adopten se produzcan en tiempo útil y que sean suficientes en orden a las normas relativas al PMOE que deben cumplir.

Claro está que cualquier regulación no sirve. Como punto de partida, debe procurarse una legislación adecuada con conocimiento de la materia que se aborda, desalentando las prácticas que algunos mercaderes de la salud propician y defienden en detrimento de aquellos que esperan ser atendidos adecuadamente.

La regulación será altamente beneficiosa no sólo para los usuarios sino también para aquellos que hacen del otorgamiento de los servicios médicos una actividad digna y prestigiosa.

La sociedad civil también debe estar presente en este proceso. En este sentido, las autoridades públicas tienen que escuchar y consensuar con todos los niveles involucrados, a saber, empresarial, usuarios, profesionales y organizaciones no gubernamentales para lograr que los cambios y modificaciones que se introduzcan en el sistema de salud privado donde las empresas de medicina prepaga pongan fin a largos e infructuosos debates y, en especial, traiga de la mano la futura regulación, soluciones de fondo a distintos problemas que se vienen suscitando, que aguardan una definición.