El hotel Waldorf Astoria, de Nueva York, recupera objetos
robados mediante un programa de amnistía. Cucharas, teteras... ¡hasta carteles
de No molestar!
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Correo arrepentido. Un sobre destinado al Amnesty Program,
que contenía un viejo destapador de botellas.
Foto: Gentileza Sebastian Arauz / Waldorf Astoria
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Historias como ésta se multiplicaron desde que en julio de
2012 el Hotel Waldorf Astoria, de Nueva York, lanzó su Amnesty Program, en el
que invitaba a todos aquellos que se llevaron objetos del hotel a que los
devolvieran, asegurándoles que no se harían preguntas. Una lluvia de cucharitas
de café -la más antigua, del año 1925- provenientes de todos los rincones de
los Estados Unidos e incluso del exterior fue la respuesta inmediata. El hotel
debía reponer la casi totalidad de su existencia de cucharitas cada mes. No
combatían esas desapariciones, ya que de esa forma el monograma del Waldorf
Astoria recorriendo el mundo servía de una muy eficaz publicidad.
Claude Phillipe, un ex jefe de banquetes del Waldorf, contó
que en semanas de mucha actividad desaparecían unas 25.000 cucharitas, es
decir, el noventa por ciento del stock, que el hotel reponía constantemente.
No sólo cucharitas
Pero no fueron solamente cucharitas las que se devolvieron.
Pesadísimas bandejas de plata, lecheras, teteras, cafeteras, juegos de
escritorio, ceniceros, cajas para guardar cigarros, platos, copas, centros de
mesa y muchos otros objetos siguieron llegando a pesar de que el programa de
amnistía había sido concebido por el área de marketing del hotel como una idea
para un corto período.
En realidad, la intención verdadera no era recuperar objetos
por su valor, sino que apostaban a que la convocatoria generara muchos
comentarios en las redes sociales y provocara que las historias que cada uno
expusiera detrás de cada gesto de devolución fuera a su vez un incentivo para
más comentarios.
El Waldorf Astoria ha sido, desde su nacimiento en 1893 en
la Quinta Avenida -donde hoy se encuentra el Empire State Building- y
continuando en su actual ubicación en Park Avenue, escenario de historias que
tienen como protagonistas a celebridades internacionales, incluidos los
presidentes estadounidenses. El lanzamiento del Amnesty Program permitió
conocer las historias de personas comunes que fueron al hotel a festejar una
boda, a celebrar un aniversario, a participar en alguna comida o simplemente a
pasar sus vacaciones.
"¿Habrá sido el abuelo de mi marido un ladrón? ¿Cómo
pudo hacer eso?", se preguntaba Brigid Brown cuando veía las tres
cucharitas con el monograma del Waldorf Astoria, que habían acompañado dos
mudanzas en Brooklyn y tres en Nueva Jersey. Un día se decidió. Cruzó el
espectacular lobby con esas imponentes arañas y el mítico reloj que ya era el
punto de encuentro en el primer Waldorf, desplegó las cucharitas sobre una mesa
de la recepción y dijo que las dejaba en nombre del Amnesty Program.
Todos se tientan
Muchos creen que hay quienes por su posición económica o
prestigio no tienen la ocurrencia de robarse algo de un hotel. Error: un plato
de metal para apoyar botellas fue hurtado por un hombre muy rico y generoso,
conocido por sus obras de caridad. Dos cuchillos de plata fueron devueltos por
la nieta de Gussie Herold, que fue premiada por haber recaudado fondos para
chicos de un hospital con ventas de ropa donada. De cada ceremonia, efectuada
en el Waldorf, se llevó un cuchillo.
Un plato de plata fue robado por quien disfrutó un fin de
semana en el Waldorf por haber sido elegido el mejor vendedor en su actividad.
Algunos de los objetos recuperados ocuparon un par de
vitrinas muy cerca del lobby y del espacio en el que hay una exposición de
muebles, piezas gráficas y fotografías que ilustran la historia del hotel y de
sus ilustres huéspedes. Jonathan Stas, que tiene en el hotel la responsabilidad
de custodiar esos tesoros, abre la vitrina.
De los objetos a los que la Revista accedió, sorprende la
bandeja de plata: por su peso y dimensiones, cuesta creer que alguien haya
podido llevársela. Fue regresada por Kent Turner. La fecha de fabricación es
desconocida, pero probablemente sea de principios del siglo XX. Con hojas en el
cuerpo y en los bordes uvas y vides grabadas, la bandeja se utilizaba para
servir petit fours.
La bandeja es, sin embargo, el único objeto regresado que en
realidad no fue robado. El abuelo de Turner era un banquero de Norwich, Nueva
York, que frecuentaba el Waldorf. Veía la bandeja en el comedor y pensaba que
alguna vez sería suya. Cuando el hotel de la Quinta Avenida cerró fue su
oportunidad de comprarla.
Esa historia calma nuestra sorpresa, pero hay otra que sí
nos deja perplejos. A la muerte del célebre compositor Cole Porter, que por
veinte años vivió en el hotel, Frank Sinatra ocupó esa suite que siempre había
deseado. Hizo grabar en la mampara de vidrio del baño sus iniciales y las de su
mujer. Pero la mampara... ¡desapareció! Se presume que no ha sido un huésped
quien se la llevó. Sospechan de algún empleado u operario de alguna empresa de servicios.
Hace algún tiempo un llamado anónimo ofertó al hotel la
venta de la famosa mampara, pero el Waldorf se negó a comprarla aduciendo que
le pertenecía y que había sido robada. Hasta el día de hoy sigue desaparecida.
La mencionada tetera devuelta por el señor Mullener es de
cerámica rosa y plata. Fue hecha en 1937 por Nathan Straus & Sons
especialmente para el Waldorf y diseñada para servir exactamente el contenido
de una taza de té y se usaban tanto en el restaurante Oscar's o en el Café
Savarin para los desayunos o a la hora del té.
Cuando todavía no terminaban los festejos por el regreso de
esa pieza.¡llegó otra igual por correo!, pero ésta hecha en 1931. Su donante,
Larry Silva, explicó que sus padres pasaban por Nueva York cuando viajaban,
generalmente a Italia. "Cuando mi madre murió la encontré en un armario.
Supongo que habrá creído que era un elemento útil para sus viajes y por eso se
la llevó", mencionó Silva al hacer la donación.
Una noche especial
Claro que no todo lo devuelto tiene valor material. Algunas
cosas son de carácter meramente emocional, como el cartelito Do not disturb (no
molestar) que una pareja se llevó como recuerdo de su noche de bodas. En este
caso uno se pregunta por qué lo habrán devuelto. Si fue una buena noche de bodas
y no fueron molestados, podrían habérselo quedado.
Iguales ganas de tener un recuerdo de su luna de miel tuvo
una pareja de recién casados con escasos recursos, que sin embargo hizo el
esfuerzo de pasar allí su noche de bodas. Las tarifas de aquel entonces, 1938,
eran de 8 dólares la noche. Una comida para dos personas rondaba los 10
dólares. La pareja se llevó como recuerdo una cafetera de plata cuya
particularidad es no tener asa curva, sino recta para ser usada por los mozos
sin molestar a los comensales al servir el café.
Los amenities, como botellitas de perfumes Rumba de
Balenciaga, o champú de Vidal Sassoon, son también parte de los tesoros
devueltos. Muchos objetos llegaron de forma anónima, sin referencias ni
historias que cuenten su procedencia.
Lo cierto es que la idea de perdonar a los ladrones y
convocarlos a que devuelvan sus botines dio más resultado de lo esperado.
Aunque fueron los nietos los que redimieron a sus abuelos, podría decirse que
el programa tranquilizó conciencias.
Fuente: Revista La Nación
