Ni la lactancia ni el momento de introducir el gluten
protegen. Un factor ambiental desconocido estaría tras el aumento de
casos.
Según los resultados de estos trabajos independientes en los
que han participado investigadores del Hospital Universitario La Paz de Madrid,
el Sant Joan de Reus y la Fe de Valencia, ni el mantenimiento y la duración de
la lactancia ni el momento de introducción del gluten influyen en el desarrollo
de la patología en niños de alto riesgo.
La enfermedad celiaca tiene un componente genético.
Prácticamente la totalidad de los afectados tienen unas variantes particulares
en su ADN -las mutaciones HLA-DQ2 y HLA-DQ8 son las más frecuentes- que les
hacen más proclives a desarrollar una intolerancia permanente a la proteína de
cereales como el trigo, la cebada o el centeno. Sin embargo, esta 'marca
genética' está presente en más de un cuarto de los occidentales -y la
enfermedad celiaca a alrededor del 1% de esta población-, por lo que los
investigadores saben que tiene que haber factores ambientales implicados en su
desarrollo.
Un estudio realizado en Suecia, que vivió una reciente
epidemia de enfermedad celiaca, y otro realizado en Estados Unidos, también con
un importante repunte de casos, sugirió que una introducción precoz de pequeñas
cantidades de gluten, sobre todo mientras estuviese presente la lactancia
materna, podría ser clave para frenar la enfermedad, si bien sus resultados no
eran concluyentes al 100%.
Por eso, un equipo internacional liderado por la también
española María Luisa Mearin, de la University Medical Center de Leiden
(Holanda), quiso comprobar la hipótesis y desde 2007, reclutó a una muestra de
963 niños de ocho países europeos -entre ellos España- con un perfil genético
de riesgo y al menos un progenitor celiaco.
Aproximadamente la mitad recibió 100 mg de gluten entre los
cuatro y los seis meses de edad, mientras continuaban lactando. El resto, en
cambio, ingirió un placebo. El caso de cada uno de los pequeños se siguió de
cerca hasta que cumplieron tres años, un momento en que los investigadores
comprobaron que "ni la lactancia materna ni la introducción precoz de pequeñas
cantidades de gluten habían resultado protectores frente a la enfermedad",
tal y como explica Carmen Ribes-Koninckx, responsable del servicio de
Gastroenterología Pediátrica del hospital La Fe de Valencia y coordinadora de
la investigación en España.
Dos investigaciones similares
Prácticamente en paralelo a esta investigación, que ha
recibido financiación de la Unión Europea, otro grupo de investigadores
italianos estudió precisamente lo contrario: si la introducción tardía del
gluten, también bajo la influencia de la lactancia materna, podía tener algún
efecto protector frente a la enfermedad celiaca. Los 832 niños italianos
estudiados (con un familiar directo celiaco) o bien comenzaron a tomar gluten a
los seis meses o lo hicieron a los 12, pero tampoco en este caso los
investigadores encontraron que la intervención "fuera capaz de modificar
el riesgo de la enfermedad entre los niños de riesgo".
"Los resultados nos sorprendieron mucho porque estos
eran los factores en los que más esperanzas estaban puestas", señala
Ribes-Koninckx, quien, con todo, subraya que con estos datos en la mano
"no es el momento de cambiar las recomendaciones", sino "de
seguir estudiando con el objetivo de llegar a conocer mejor los mecanismos
implicados en el desarrollo de esta enfermedad". De momento, su equipo ya
ha recibido autorización para seguir estudiando a estos niños al menos hasta
los 12 años de edad.
Coincide con su punto de vista Isabel Polanco, jefa del
Servicio de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Universitario Infantil
La Paz de Madrid y también firmante de la citada investigación, quien apunta
que "la evidencia científica no permite establecer en este momento cuál es
el momento oportuno para introducir el gluten".
Sin embargo, para Jonas F. Ludvigsson, del Instituto
Karolinska de Estocolmo (Suecia), autor de un editorial que acompaña a estos
trabajos en la revista médica, "estos datos cambiarán el panorama
conceptual de la enfermedad" ya que "a partir de ahora, será difícil
seguir recomendando la introducción del gluten entre los cuatro y los sesis
meses".
De la misma opinión es Eduardo Arranz, presidente de la
Sociedad Española de Enfermedad Celiaca, quien hace hincapié en que "la
medicina tiene que estar basada en la evidencia y estos datos muestran que las
recomendaciones deberían modificarse".
En este sentido, Arranz reclama que se estudie más a fondo
un aspecto destacado por la investigación italiana que, pese a que no encontró
ninguna asociación entre el retraso en la introducción del gluten y una
disminución del riesgo de enfermedad celiaca, sí vio que una ingesta más tardía
de la proteína se asociaba con un cierto retraso en los inicios de la
enfermedad. "Es importante profundizar en este aspecto porque quizás
retrasar el inicio puede ser útil para conseguir que el niño esté más maduro y
que la patología no vaya a alterar su desarrollo".
En cualquier caso, Polanco recuerda que los resultados de
estos trabajos en ningún caso deben interpretarse como un varapalo a la
lactancia, que "es de enorme importancia para el desarrollo físico y
mental del niño", ni como una propuesta de retraso aún mayor de la
introducción del gluten, ya que está demostrado que es beneficioso que "a
a partir del año, los niños hayan probado todo tipo de alimentación y tengan
una alimentación similar a la de un adulto".
La investigación avanza
En los siguientes pasos de la investigación, estos
científicos tratarán de averiguar qué otros factores pueden estar implicados en
el desarrollo de la enfermedad celiaca.
Según explica Polanco, uno de los campos que más información
puede arrojar es "el estudio de la microbiota" -la población de
bacterias que 'viven' en el intestino y que es diferente en el caso de los
pacientes celiacos-. También, según añade Ribes-Koninckx, pueden jugar un papel
importante las infecciones víricas, o incluso el uso de antibióticos.
Arranz apunta que en los últimos tiempos se ha señalado la
posibilidad de que el trastorno tenga un cierto carácter estacional
(influenciado por la exposición a más infecciones que se producen en
determinados meses del años) y que tenga alguna relación con el uso por parte
de la industria alimentaria de un tipo de gluten procesado que se añade a
algunos productos por sus propiedades de unión y "cuya influencia debería
estudiarse más a fondo".
Para este experto, los dos artículos publicados esta semana
son "muy interesantes" y, aunque descartan el papel de dos factores
que se consideraban preponderantes, sí ratifican otras dos importantes
herramientas de diagnóstico: el análisis de los anticuerpos
antitransglutaminasa tipo 2 y la determinación del genotipo HLA en pacientes de
riesgo. Sobre todo esta última arma genética, subraya, es muy útil por su papel
predictivo negativo para descartar a los individuos que, por no llevar el
riesgo en su ADN, no desarrollarán la enfermedad.
En los estudios de 'The New England Journal of Medicine'
también han participado las investigadoras españolas: Gemma Castillejo, del
Hospital Sant Joan de Reus; Paula Crespo, del Hospital La Fe de Valencia; y E.
Martínez-Ojinaga, del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Celiaquía