Entrará en vigor en un año. La medida afectará a los restaurantes, máquinas expendedoras, comida para llevar. Se trata de una norma muy ambiciosa con la que no todos
están de acuerdo.
La norma afecta a muchísimos productos, desde las palomitas
que se comen en el cine o los muffins de las pastelerías, pasando por los
batidos de las heladerías o las porciones de pizza, sin olvidar la comida para
llevar o la que se sirve en los restaurantes.
Todos estos productos deberán señalar en un lugar visible de
cuántas calorías constan. Pero no sólo eso: quienes los vendan deberán tener
también preparado por escrito la información nutricional extra del alimento
(grasas, colesterol, azúcares o proteínas), ya que los clientes podrán pedirla
en cualquier momento.
El objetivo de estos cambios es combatir la obesidad y
fomentar la alimentación sana, una causa en la que hasta la primera dama
Michelle Obama lleva implicada desde hace años . En un país donde un tercio de
las calorías son consumidas fuera de casa, una medida de este tipo afecta a
muchos ciudadanos. "Ahora mismo, la gente tiene que adivinar qué está
comiendo, pero esto va a cambiar a partir de ahora", ha señalado Margo
Wootan, director de política de Nutrición del Centro para la Ciencia del
Interés Público, que ha aprovechado para elogiar esta ley.
Los defensores de la salud de los consumidores están
contentos con las medidas anunciadas, que van incluso más allá de lo que
reclamaban, ya que afectarán hasta a las máquinas expendedoras o la comida de
los parques de atracciones. También deberán adaptarse a la nueva norma las
cadenas con más de 20 establecimientos, como es el caso de la cadena de comida
rápida Kentucky Fried Chicken o Subway, por citar sólo algunas. Esta medida ya
está vigente en unos 18 Estados y ciudades del país, pero ahora deberá
extenderse a todo el territorio nacional.
Otra acción que se contempla, quizás una de las más
sorprendentes y que no se había planteado en anteriores ocasiones en las que se
había legislado sobre esto, es la inclusión de las bebidas alcohólicas. A
partir de ahora, todas las que sirvan los restaurantes deberán especificar su
valor calórico. Las bebidas servidas en los bares nocturnos, tipo coctelerías o
ronerías, no estarán, por el momento y hasta nueva orden, incluidas.
Sin embargo, y a pesar del entusiasmo de los expertos y
algunos consumidores, no todos están de acuerdo con lo anunciado.
Representantes de tiendas de alimentación han expresado su descontento,
señalando que no es práctico que se tengan que etiquetar las calorías de la
comida para llevar, puesto que la cantidad puede variar según el cliente. Por
su parte, Rob Rosado, director de relaciones gubernamentales del Instituto de
Marketing Alimenticio ha señalado que "si se penaliza la comida fresca de
las pequeñas tiendas de alimentación, esta será reemplazada por comida
empaquetada".
Una de los puntos más difíciles a la hora de negociar ha
sido qué hacer con las pizzerías, ya que los dueños de estas cadenas -junto con
las de cine- han mostrado una ferviente oposición a que se legisle sobre esta
cuestión. Finalmente, tal y como ellos habían solicitado, y dado que no siempre
se compra una pizza entera, se les permitirá indicar el número de calorías por
porción. Por su parte, los dueños de las máquinas expendedoras de comida
tendrán dos años -uno más que el resto- para adaptarse a estas nuevas medidas.
Todos ellos tendrán que desplegar la información en pegatinas cerca del
producto vendido o en el propio botón de la máquina.
En cualquier caso, y a pesar de que está claro de que cuanta
más información maneje el consumidor sobre lo que come, mejor, no está
demostrada la correlación entre el etiquetado de productos y el impacto en la
obesidad que esto puede tener, ya que los estudios arrojan resultados
contradictorios. Uno de los más interesantes fue realizado por una marca de
café para llevar muy conocida en Estados Unidos, en el que se observó una
disminución del 6% en el total de calorías compradas en sus establecimientos
después de que anunciaran las calorías que tenían sus productos.
Por el momento, habrá que esperar un año a que la medida
entre en vigor, y después, más tiempo para determinar el impacto real que
tendrá en la salud y el peso de los estadounidenses. Mientras tanto, lo que sí
está claro es que trata de una medida prometedora para un país en el que las
porciones gigantes, los menús "a lo grande", y la comida rápida son,
quieran o no, parte de su imagen más internacional.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Alimentación