El oscuro circuito de la prescripción de medicamentos.
Pero ella prefirió una segunda opinión y le recomendaron un
especialista que debía ser bueno porque viajaba mucho por trabajo. "Está
bien lo que toma -le dijo el profesional, mientras escribía una receta-, pero
vamos a probar con esta otra pastilla, que está funcionando mucho mejor. Eso
sí, tómela todos los días." Al salir del consultorio, Ana María no sabía
por qué le habían cambiado la pastilla. También desconocía las prácticas con
las que la industria farmacéutica incentiva a los médicos a prescribir sus
productos.
Muestras gratis, vouchers de grandes tiendas y de casas de
electrodomésticos, viajes y hasta dinero en efectivo figuran entre las
estrategias que algunos laboratorios utilizan para fidelizar a los médicos. Y
así lograr que los "lapiceras", apodo de los doctores en este
mundillo, receten los productos que producen y comercializan.
En la Argentina, la venta de medicamentos mueve un negocio
de más de 50.000 millones de pesos al año, según cifras oficiales. Sin embargo,
consultores independientes especializados en el mercado de fármacos aseguran
que la cifra es mayor. La facturación alcanzaría 43.000 millones de pesos, sin
incluir los fármacos de alto costo, como los oncológicos, las licitaciones y
las ventas directas a los hospitales. En el país, cada año se venden 670
millones de "cajitas" de remedios (el 30% son productos de venta
libre), según consigna una conocida consultora internacional.
El lado oscuro de la receta médica esconde un verdadero
trabajo de inteligencia. Es que ese preciado "papel" representa el
principal ingreso para muchos en esta poderosa industria, como lo expresó el
titular de un importante laboratorio nacional. Quizás no toda la
responsabilidad recae en los médicos: un sistema descontrolado y los bajos
salarios en el área de la salud impiden costearse la participación en congresos
o suscribirse a una publicación para estar al día con las novedades en la
medicina. Y algunos caen en la tentación.
En este sistema, los agentes de propaganda médica (APM) o
"valijas", como se los apoda a los 6000 visitadores que registra la
Asociación de Agentes de Propaganda Médica (AAPM), operan como engranajes
perfectos: ellos hacen que las "lapiceras" firmen recetas con uno y
no con otro fármaco que se traducen en ganancias millonarias. Aunque existe una
ley por la que los médicos deben indicar un producto por su nombre genérico,
sólo un 13% lo hace. La mayoría incluye la marca. Esto responde también a una
falta de confianza en la calidad de los genéricos que el Estado no erradica y
que la industria aprovecha.
A los médicos considerados referentes se los conoce como
"lapiceras gordas". Según pudo recabar LA NACION de 22 fuentes que
actúan en este engranaje, un laboratorio con capacidad de investigación y
desarrollo puede invertir un 20% de su presupuesto en la fidelización de los
médicos y la promoción de sus productos. Un visitador con diez años de
experiencia gana entre 12.000 y 70.000 pesos por mes. El que mejor paga es un
laboratorio nacional, cuyo nombre suele verse en pequeños carteles de pasillos
de muchos hospitales.
"La seducción, la fidelización y una relación estrecha
que perdure en el tiempo, y que puede incluir dosis de intimidación, son las
tres etapas básicas para lograr que un médico indique una marca de manera
sistemática", confió un capacitador de los cursos de formación de APM.
Para eso, los laboratorios necesitan detectar a los médicos que más recetan un
fármaco. Si el producto es de la competencia, se activa la etapa de seducción.
La estrategia más común para obtener esos datos es la compra
de informes de las auditorías a las farmacias. Esos documentos revelan quiénes
son los médicos más "útiles" en cada especialidad. Otra opción está
en manos de los visitadores, un ejército de traje y corbata en el que cada vez
se ven más faldas. Repletos de bolsas con muestras, obsequios o insumos de
oficina, cada mañana recorren los pasillos de los hospitales. Por la tarde, se
ocupan de los consultorios privados. Visitan no menos de 15 o 20 médicos por
día.
También tienen la tarea de acercarse a las farmacias vecinas
de los consultorios privados. Algunos intentan un trueque: información sobre
las recetas a cambio de muestras de productos, en los casos menos groseros.
Esa estrategia le permitió a un laboratorio nacional
detectar que un oftalmólogo muy reconocido que trabaja sobre una coqueta calle
del barrio porteño de Recoleta recetaba un fármaco "de la
competencia". LA NACION pudo conocer que lo tentaron con cursos en el
exterior: la mayoría de los destinos eran ciudades puramente turísticas y su
familia podía acompañarlo esos 15 días all inclusive.
Tal es la importancia de relevar la información de las
farmacias que están surgiendo los agentes de propaganda farmacéutica o APF.
Muchos son visitadores desempleados que se reciclan en esta nueva tarea. Esta
práctica incluye distintas etapas y niveles de premios, de acuerdo con los
dividendos que deje una buena "lapicera".
Pero las estrategias se refinan. Son cada vez más sutiles,
encriptadas. Un laboratorio, por ejemplo, alienta la prescripción de uno de sus
productos inyectables para tratar el cáncer de próstata con un código numérico
por cada unidad recetada. Eso equivale a un puntaje. A mayor cantidad, más
lejos es el viaje en juego (con 100 puntos, el destino es Cancún). Cada unidad
de ese remedio cuesta 5100 pesos y, vaya paradoja, esa empresa posee un código
de ética que expresamente define esa promoción como "práctica ilícita".
Hasta 2011, el laboratorio ofrecía electrodomésticos, pero su casa matriz en
Europa decidió "cambiar un estilo de promoción tan grosero", según
consta en una denuncia de un empleado.
Una inversión en el largo plazo son los médicos residentes.
Como cazadores de talentos deportivos, las "valijas" recorren los
hospitales para captarlos. Los tientan con muestras y acceso a bibliografía a
cambio de recetas. Si un laboratorio despierta el interés de una de estas
"lapiceras" en potencia, probablemente logre su lealtad. "Cuando
a los médicos los ayudan de jóvenes, son fieles a quienes les dan una
mano", confió una fuente de la industria que pidió reserva de su nombre,
como la mayoría de los consultados.
A los más jóvenes les siguen en importancia los médicos con
por lo menos diez años de antigüedad. La oferta incluye viajes al exterior y
vouchers de compras. Computadoras, televisores y equipos de audio están entre
los objetos más demandados.
Pero existe otro blanco de seducción: las secretarias. No
sólo manejan la agenda de los médicos, sino que muchas están autorizadas por
los profesionales para hacer y firmar recetas. Los APM les regalan muestras a
cambio de información sobre la cantidad de prescripciones, los horarios y el
tiempo libre de sus jefes para personalizar las invitaciones.
En un ranking elaborado de acuerdo con fuentes de los
laboratorios, las especialidades más vulnerables son la dermatología, la
traumatología, la reumatología, la oncología y la urología. El intercambio de
"servicios" puede incluir dinero que se deposita en una cuenta
personal o se entrega con un cheque. En 2012, un laboratorio de primera línea
destinó mensualmente 20.000 pesos a un médico de una institución privada
bonaerense, según confió a LA NACION el visitador, ya retirado, que participó
de la operación.
Médicos que recibieron estos ofrecimientos detallaron, a
cambio de no ser identificados, que ese portafolios de compensaciones también
incluye fiestas privadas en yates, despedidas de año (con o sin servicio de
acompañantes), el armado de una fundación para disimular la transferencia de
cuantiosos fondos o el ofrecimiento de convertirse en "investigador"
de un ensayo clínico con sólo reclutar pacientes para ese estudio.
Frente a este escenario, el Código de Ética para el Equipo
de Salud de la Asociación Médica Argentina (AMA) y la Sociedad de Ética en
Medicina establece que "los miembros del equipo de salud deberán
abstenerse (...) de recibir privilegios o dádivas por el asesoramiento en la
compra de material de uso médico o por recetar determinados productos
médicos". Antes, aclara que es "una falta grave a la conducta ética
la inducción, por parte de empresas y/o laboratorios, al uso de ciertos
medicamentos o equipos biotecnológicos médicos con la promesa de dádivas o
recompensas". LA NACION intentó hasta ayer sin suerte comunicarse con las
autoridades de la AMA.
Las tres cámaras que agrupan a los laboratorios que operan
en el país se limitaron a responder que los incentivos médicos son prácticas
contrarias a la ética. Cilfa, que reúne a 45 laboratorios nacionales, envió su
Código de Ética Empresarial. Destacó que "la promoción y la comercialización
de productos debe ajustarse a las normas legales vigentes y a las buenas
prácticas del sector", y remitió a una resolución de 2007 del Ministerio
de Salud sobre la promoción de medicamentos de venta bajo receta. Allí se les
prohíbe a los laboratorios "otorgar, ofrecer, prometer" a los médicos
y su entorno algún beneficio, pero se les permite conceder becas de
perfeccionamiento profesional. "Se prohíbe expresamente el
condicionamiento a prescribir determinado producto", se aclara.
La cámara que representa a los laboratorios extranjeros
respondió: "Las empresas que forman parte de Caeme cumplen con un estricto
código de buenas prácticas que prohíbe expresamente los incentivos y que
establece, entre otros aspectos, normas de transparencia en el relacionamiento
con los profesionales de la salud. Cada una de las empresas en Caeme tienen sus
propias y exigentes normas en la materia". En tanto, Cooperala, cuyas
empresas representan el 20% del mercado de fármacos, aseguró: "No se
pueden ofrecer incentivos porque hay una cuestión ética de por medio. Nunca la
cámara recibió una denuncia".
Entonces, ¿los laboratorios no incentivan a los médicos?
José Charreau, secretario de Acción Social de la AAPM, no dudó: "La
respuesta es sí, los incentivan". Y agregó: "La industria manifiesta
que se autocontrola con códigos de ética propios que incumple sistemáticamente.
En realidad, es un argumento político para evitar leyes que regulen el mercado
y la promoción de fármacos. Los visitadores médicos rechazamos estas prácticas
corruptas. En todas las provincias se elaboraron leyes de profesionalidad, en las
que la AAPM estuvo desde su génesis, y establecen que la promoción de los
medicamentos debe regirse por pautas éticas y científicas, sin inducciones
económicas, viajes, prebendas o regalías. En general, quienes realizan estas
acciones no son APM".
En Estados Unidos, la reforma del sistema de salud incluye
por ley una iniciativa similar llamada Programa de Pagos Abiertos, que rige
desde este año. Eso permitió conocer que la industria farmacéutica destinó el
año pasado 3500 millones de dólares para 546.000 médicos y 1360 hospitales
escuela. "El dinero o incentivo que reciben los profesionales en Estados
Unidos es enorme e involucra todo tipo de intereses y formas. La Argentina no
es ajena a eso", sostuvo Ocaña.
Para intentar resolver estos crecientes conflictos de
intereses, promovió primero en Diputados y, ahora, en la Legislatura porteña,
un proyecto para que estos incentivos sean públicos. "El proyecto encontró
resistencia en los bloques, que se negaron sistemáticamente a darle
tratamiento", dijo.
Para Constantino Touloupas, consultor independiente en
políticas de medicamentos, hay que reconfigurar un sistema de prácticas tan
naturalizadas que ya resultan atractivas hasta para los estudiantes de
medicina. "Si la pregunta es si hay incentivos para que los médicos
prescriban, la respuesta es sí. Y hay muchos que están convencidos de que eso no
está mal, lo que es aún más grave", dijo Touloupas, que también es docente
de farmacología y terapéutica de la UBA y la UNLP.
"Con un Estado en mal estado, sin funcionarios
relevantes que puedan difundir normas éticas que debieran respetar los APM, los
médicos y las empresas, y la industria que declara en el exterior que no va a
sobornar más médicos, acá parece ser que no hay sobornos -señaló-. ¿Hay médicos
que trabajan honestamente? Sí. ¿Hay médicos que quieren y tienen otra ética?
Sí. El problema es que ya son minoría."
Ocaña consideró "imprescindible" transparentar los
incentivos para proteger un bien aún mayor: la relación médico-paciente.
"Es un vínculo muy especial, que si bien debe resguardarse, debe
presentarse de la manera más transparente posible -indicó-. Los dineros que se
pierden o se malgastan, ya sea por falta de políticas o por hechos de
corrupción, afectan las prestaciones que reciben los pacientes. Las empresas y
los laboratorios incentivan a los médicos a utilizar sus productos, aun cuando los
sistemas de cobertura contemplan la provisión de insumos de iguales
características que cumplen con todos los protocolos clínicos."
¿Bastaría con modificar la ley de prescripción por nombre
genérico como se debate en el Congreso? Aparentemente, no. "Estamos
basando toda una política en la hipotética exigencia de no sugerir una marca,
lo que es una ficción -sostuvo Touloupas-. Un país que permite vales
comerciales con un sticker o donde el recetario solidario sólo incluye la marca
que tiene la promoción del laboratorio que ofrece esa receta está violentando
la ley de prescripción por genérico. Acá se necesita la regulación del sistema.
Si la industria puede tomar la información de mi receta en la farmacia e ir a
visitar médicos para fortalecer la prescripción a cambio de dinero, el sistema
está contribuyendo con el productor, no con el paciente. Y esa lógica colocó a
la industria en la fabricación, la distribución, la gestión de convenios y la
fijación de normas de reconocimiento de tratamientos de alto costo. ¿Y estamos
esperando que se modifique una ley?"
Tres fuentes, una de ellas de alto rango en un ministerio,
coincidieron en que la industria también es un fuerte promotor para ocupar
cargos científicos, académicos y políticos en niveles de regulación y
gerenciamiento.
"Todo esto lo saben las autoridades -aseguró
Touloupas-. Quienes formamos médicos y farmacéuticos estamos muy preocupados
porque hay que hacerlo en este sistema, que naturaliza esta práctica del
incentivo o soborno. Y eso ya es de tal magnitud que parece que la noticia es
que está mal. En realidad, el problema es que ocurre."
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Medicamentos