Una enfermedad que preocupa en el país y que aumenta en el
verano. No logran frenarlo. Ahora también afecta a mayores de 5 años. Hay polémica
sobre los controles a los animales.
“Esto es así y es histórico, desde que el doctor Gianantonio
describió la enfermedad, hace 40 o 50 años atrás, Argentina tuvo la mitad de
todos los casos del mundo”, explica el doctor Jaime Lazovski, secretario de
Promoción y Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación. No todas
las cepas de Escherichia coli causan SUH, y sólo un 10% de los pacientes
portadores de esa cepa desarrollan la enfermedad. El resto experimenta una leve
diarrea o incluso puede tenerla de manera asintomática.
¿Cómo ingresa la escherichia coli al organismo? La respuesta
es múltiple, pero la forma más común es a través de la carne mal cocida, ya que
la bacteria se encuentra de manera natural en el intestino del ganado bovino.
En las vacas es inocua, pero no sucede lo mismo con los humanos. Para que pase
las personas se requiere una incorrecta manipulación de los alimentos, lo que
puede suceder de varias formas, principalmente durante la faena de la vaca. “La
carne en sí misma no está en contacto con las bacterias del intestino, por eso
la contaminación ocurre durante la faena si se realiza en condiciones
inadecuadas”, señala Lazovski.
Cuando se trata de la carne, hay una solución: la bacteria
no sobrevive al calor: muere si se la cocina a más de 70 °C. Es más complejo
cuando se trata de alimentos crudos o que requieren frío. En los lácteos, la
pasteurización es un tratamiento bactericida y su eficacia está garantizada por
la cadena de frío, pero cuando esta se rompe cualquier bacteria puede atacar el
producto. También se da la contaminación cruzada al manipular carne cruda y
sobre la misma tabla o mesa cortar vegetales de una ensalada o cualquier otro
alimento.
Ibarra señala que la clave para bajar la cantidad de casos
es “atacar el reservorio, o sea el intestino del ganado bovino y eso requiere
controles; en el exterior no compran carne argentina si no está libre de
bacteria, en cambio para el mercado interno no hay controles. Para eso se
necesita una política pública y también el compromiso de los propietarios del
ganado, porque como la bacteria no le genera problemas a la vaca ellos no están
preocupados por erradicarlo”.
Lazovski no está de acuerdo en que haya falta de inspección
en el mercado interno. Sin embargo, reconoce que en algunos casos específicos
es difícil implementarlos: “La posibilidad de obtener muestras se da en los
grandes frigoríficos, es imposible recorrer cada granja, finca y estancia del
país para controlar las faenas artesanales o domiciliarias”.
Una vez que la bacteria generó SUH “hay que rezar porque no
hay ningún tratamiento disponible”, asegura Ibarra. Es que produce una toxina,
llamada de Shiga, que daña los órganos, sobre todo el riñón, y si progresa y
llega al corazón o al cerebro, las probabilidades de sobrevivir se reducen
drásticamente. Antes se creía que sólo afectaba a menores de 5 años, pero cada
vez es más frecuente en chicos mayores. Se da más en primavera y verano, aunque
también hay casos en otoño e invierno.
Ibarra trabaja en varios frentes: “En China intentamos
desarrollar una vacuna para el ganado. También experimentamos y le pusimos a
vacas gestantes los antígenos de la bacteria y generaron anticuerpos que luego
se trasladaron al calostro. Estamos en tratativas con una empresa para
enriquecer la leche con esos anticuerpos y así proteger al chico”. También hay
esperanzas en un tratamiento que está en fase experimental. Se trata de un
desarrollo de Marina Palermo, investigadora del Conicet y miembro de la
Academia Nacional de Medicina, que consiste en un anticuerpo que captura la
toxina y evita que llegue a los órganos. Así, el país con mayor cantidad de
casos en el mundo también puede ser el que encuentre una cura capaz de salvar a
niños de todo el planeta.
Fuente: Diario Clarín