Al menos 2700 millones de personas están excedidas de peso,
según un trabajo que analizó 325 estudios de 187 países; entre 1990 y 2010
aumentó el consumo de alimentos poco saludables.
Los expertos advierten que comer mal es una de las mayores
causas de mortalidad y discapacidad, sobre todo, por las enfermedades crónicas
no transmisibles que puede causar. La extensa investigación, que irá siendo
publicada por partes en The Lancet, incluyó el análisis de 325 estudios
anteriores, que abarcan estadísticas de 187 países recogidas durante dos
décadas. Allí se reconoce que en la actualidad se ingieren más alimentos
considerados "sanos", pero se advierte que aumentó aún más el consumo
de comida poco sana, como el sodio (básicamente sal), las carnes rojas, los
alimentos procesados y las bebidas azucaradas.
Así, aunque se reconoce que en los distintos países existe
un consenso sobre la necesidad de políticas para mejorar los hábitos
alimenticios, el progreso es lento. El primer problema, indica el conjunto de
estudios, es que los programas no siempre apuntan a modificar el entorno
nutricional de las personas. Uno de los axiomas erróneos que rondan en torno a
la obesidad es que se trata de una conducta de pura responsabilidad individual
o bien de una consecuencia obligada del entorno alimenticio. En realidad,
indican los especialistas, el problema se desprende tanto del comportamiento
individual como del entorno, que "explota las vulnerabilidades biológicas,
psicológicas y económicas de una persona", al llevarla a consumir
alimentos poco sanos.
La comida ultraprocesada es la menos recomendable, pero es
la que tiende a dejarles mejores ganancias a las empresas productoras, se
advierte. Por eso, la industria promueve esos productos, desde "el
atractivo visual, la posición en las góndolas o la rápida accesibilidad,
creando un ambiente nutricional dañino", dice el estudio. Al funcionar en
ese entorno, se impulsa la creación de un ciclo vicioso, sustentado en la repetición
de los hábitos alimenticios. Esto es particularmente notorio en los barrios de
bajos ingresos, donde la población dispone de menos dinero y tiempo para tener
una dieta mejor. Además, "las empresas apuntan sus estrategias de
marketing hacia grupos específicos, incluidos adolescentes, niños, minorías
étnicas y sectores de bajos recursos", revela el informe.
Otro de los problemas señalados en The Lancet es que dentro
del amplio espectro de medidas que pueden tomarse esas acciones se realizan sin
una adecuada coordinación. Siguiendo algunas recomendaciones de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), por lo menos 50 países -entre ellos, la Argentina-
requieren que la comida procesada muestre la información nutricional en el
paquete. Pero hay más medidas que se pueden tomar. En Los Ángeles, una campaña
alienta a las empresas a informar en las bebidas azucaradas la cantidad de
sobres de azúcar a la que equivale el contenido de la botella o la lata. En
México rige un impuesto a la comida chatarra y las bebidas azucaradas.
En Samoa, uno de los países más afectados (el 85% de la
población es obesa o tiene sobrepeso), primero se prohibió la importación de
rabos de pavo, aunque luego se permitió, pero con un arancel, por exigencias de
la OMS. Hay otra batería de acciones posibles, centradas en la nutrición
infantil. Corea del Sur y Gran Bretaña impusieron restricciones en los avisos
televisivos de los alimentos con bajo poder nutritivo para chicos.
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Obesidad