Por cuestiones religiosas o
ideológicas, estos grupos fomentan la no vacunación y el uso de la medicina
naturista. Alegan efectos secundarios no informados, y el derecho individual a
decidir sobre su salud. Pero especialistas y autoridades sanitarias advierten
de los riesgos que esta tendencia conlleva, y los responsabilizan de los brotes
de sarampión, varicela y otras enfermedades controladas. En la Argentina, ya
hay varios espacios para quienes no quieren acceder a las vacunas.
Cuando las autoridades norteamericanas confirmaron el brote
de sarampión, los ojos se posaron nuevamente en los grupos “antivacunas”. Es
que muchos padres vienen optando por no utilizar las vacunas disponibles para
esta y otras enfermedades, argumentando los posibles efectos secundarios graves
que causan. De esta tendencia, en Estados Unidos y varios países de Europa,
enfermedades como el sarampión, la varicela o las paperas tuvieron un
extraordinario pico de casos, cuando en algunos casos ya habían sido
erradicadas. “Algunas personas simplemente son increíblemente egoístas" al
saltarse las vacunas, afirmó James Cherry, experto en enfermedades pediátricas
en la Universidad de California, en Los Ángeles. “El sarampión es una
enfermedad que ha sido derrotada por la medicina moderna. Eso hace más
frustrante que la cabezonería anti ciencia haya demostrado, en el caso del
sarampión relacionado con Disneyland, que cuando se trata de enfermedades
infecciosas el mundo es pequeño, después de todo", dijo la semana pasada
Los Angeles Times en un editorial respecto al brote.
Pero quién está detrás de estos grupos, y qué piensan. En
Estados Unidos, por ejemplo, existen varios grupos que se dedican a discutir la
efectividad y seguridad de las vacunas. Entre los que tienen más visibilidad
está el denominado Parents Requesting Open Vaccine Education (PROVE), que viene
trabajando en el Estado de Texas para “prevenir las lesiones y las muertes”
causadas por las vacunas, “para promover y proteger el derecho de toda persona
a tomar decisiones informadas”, según su sitio web (www.vaccineinfo.net).
Sus argumentos giran en torno a la seguridad de las vacunas
y al negocio farmacéutico, pero es difícil dar con datos concretos sobre estos.
Uno de los estudios más citados por los grupos de “no vacunación” es el
denominado “Proyecto Cal-Oregon”, un estudio a más de 17 mil chicos financiado
por Generation Rescue y controlado por padres de niños vacunados y no vacunados
de ese estado norteamericano. Si bien no son cifras oficiales, los grupos
aseguran que se los 17.674 niños incluidos en la encuesta “se demostraron que
los niños vacunados tenían el 120 por ciento más de asma y el 146 por ciento
más de autismo”, entre otros resultados.
Uno de los estudios emblemáticos de estos grupos terminó en
un escándalo. En 1998, el médico británico Andrew Wakefield alertó al planeta
con un estudio perturbador: según sus resultados, existía una relación concreta
entre la vacuna triple viral (que se usa para prevenir el sarampión y la
rubéola, por ejemplo) y la aparición de casos de autismo. Incluso, su estudio
fue publicado por la prestigiosa revista The Lancet, y rápidamente se convirtió
en la base argumentativa de los grupos de libre vacunación o no vacunas en todo
el planeta.
Más de una década después, se sabe que el trabajo de
Wakefield carece de valor: el médico alteró los resultados para adaptarlos a su
hipótesis, además de incurrir en varias irregularidades a la hora de realizar
el estudio en los niños (como pruebas innecesarias sin el consentimiento de los
padres). El escándalo le costó al doctor su licencia, ya que el Consejo General
Médico del Reino Unido consideró que actuó “de forma poco ética” (aunque en la
actualidad ejerce su profesión en Estados Unidos. La propia revista The Lancet
publicó una retractación, y retiró de su archivo el estudio engañoso.
Si bien el trabajo fue desmentido con los años -jugó un
papel fundamental una investigación del periodista británico Brian Deer,
llamada “The MMR, autism fraud. Our story so far” -en muchos foros se sigue
sosteniendo la relación entre la vacuna y la enfermedad.
La situación en la Argentina
El auge de la no vacunación llegó a la Argentina, y de apoco
se comenzó a instalar. Con los mismos argumentos, comenzaron a cuestionar las
vacunas El grupo “Libre vacunación” es uno de los principales fomentadores de
esta práctica. “Nuestra posición es la de respetar el derecho al consentimiento
informado, como con cualquier procedimiento médico”, dijo en una entrevista en
la revista El federal Eduardo Yahbes, promotor del grupo y uno de los más
activos militantes de la libre vacunación.
Según afirma, “las vacunas nada han tenido que ver en la
reducción de la morbimortalidad de las enfermedades infectocontagiosas, y sus
efectos adversos se van sumando por el aumento de la cantidad de las vacunas
que se administran”. El razonamiento de Yahber y su grupo es que esa curva de
descenso está dada por la mejora en algunas condiciones sanitarias, y aseguran
que “incluso ha ocurrido lo mismo con enfermedades para las cuales no se
utilizaron vacunas”.
Yahber aporta algunos datos sobre este punto: según afirma
la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia “las enfermedades
infantiles decrecieron 90 por ciento entre 1850 y 1940, paralelamente a las
mejores condiciones sanitarias, mucho antes de los programas de vacunación
obligatoria. Las muertes por enfermedades infantiles en Estados Unidos e
Inglaterra declinaron 80 por ciento antes de la vacunación”. Además, apoyan su
decisión en el derecho a la información de estos supuestos efectos secundarios.
“Pensamos que como mínimo debe respetarse el Derecho a la Integridad Personal,
como un derecho humano básico”, remarca Yahber.
Contra estos argumentos, los especialistas y autoridades
sanitarias intentas despejar dudas. "La persistencia de pequeños grupos de
personas no vacunados por motivos religiosos o ideológicos contra el sarampión,
aún en países que tiene altas coberturas de vacunas como los Estados Unidos,
pueden generar brotes en personas no vacunadas, incluyendo aquellos que no
pueden vacunarse por ser muy pequeños, tener enfermedades, estar bajo
tratamientos que alteran su sistema inmunológico o por embarazo", detalló
Pablo Elmassian, médico infectólogo de la división Medicina del Viajero de
Stamboulian Servicios de Salud.
“La vacunación es un elemento de salud pública, no es
solamente un elemento de salud individual, implica una responsabilidad más allá
de la persona. Una persona que decide no vacunarse no está afectando sólo su
salud individual, sino que está afectando la salud comunitaria. Por eso también
es importante que las vacunas la maneje el propio sistema de salud, y no un
médico o un pediatra en un consultorio”, aseguró Ricardo Ruttimann infectólogo
y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
Ruttimann recuerda que “lamentablemente en España, Francia y
Alemania se han jerarquizado muchos estos grupos ‘antivacunas’, y trajo sus
consecuencias. España tuvo la peor epidemia de sarampión de los últimos años,
en toda Europa se murieron mil personas por esa enfermedad. Esa cantidad de
muerte en pleno siglo XXI, cuando hay una vacuna híper segura, es inconcebible,
si aquí sucediera lo echan al ministro de Salud como mínimo”.
Vacuna contra los sin vacuna
Ante el avance de estos grupos, Ezequiel Martín Arrieta,
asistente de la cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Ciencias Médicas
y colaborador UNCiencia, el portal de la Universidad Nacional de Córdoba,
analizó los cuatro principales mitos de la no vacunaicón, y argumento a favor
de las vacunas.
1 - Las vacunas provocan autismo. El autismo es un trastorno
físico ligado a una biología y una química anormal en el cerebro, cuyas causas
exactas se desconocen. En 1998, un artículo en la revista médica The Lancet
despertó la polémica, ya que mencionaba que 8 de 12 niños que habían recibido
la vacuna triple viral fueron diagnosticados tiempo después con lo que hoy se
conoce como autismo. Allí los autores propusieron que la triple viral podría
ser la causa de tal fenómeno, a pesar de no tener ninguna estadística que
apoyara esa idea. Años después, el artículo fue retractado y esa hipótesis fue
anulada por revisiones posteriores sobre el tema. Aun así, el mito persiste.
2 - Las vacunas contienen mercurio. Esta idea se fundamenta
en que el mercurio es un potente neurotóxico. Si bien es cierto que el mercurio
está presente en el contenido de las vacunas, en realidad se encuentra en una
forma molecular que resulta inocua para las personas, llamada “timerosal”. La
variante nociva se denomina “metilmercurio” y existen múltiples estudios de
toxicidad que ratifican la diferencia entre ambas. Para comprender mejor la
importancia de la estructura molecular de una sustancia en el organismo,
pensemos en la vitamina B12 (“cianocobalamina”), que posee una molécula de
cianuro y a pesar de ello es muy importante para el correcto funcionamiento de
la fisiología humana.
3 - La infección natural es mejor. Es cierto que
generalmente la enfermedad contraída de manera natural produce una “mejor”
inmunidad y más duradera. Sin embargo, cuando se trata de las patologías
infecciosas para las cuales se fabricaron las vacunas, los riesgos superan los
beneficios. Por ejemplo, muere uno de cada 10 mil niños infectados con
poliomielitis, y uno de cada 200 queda con parálisis irreversible. La vacuna
elimina estos riesgos. Lo mismo sucede con el sarampión: enfermarse tiene un riesgo
elevado de muerte (10 por ciento) y complicación severa, como infección de oído
o encefalitis (30 por ciento), pero la vacunación contra esta patología no
conlleva tales riesgos.
4 - Las vacunas desencadenan reacciones adversas. Ningún
producto farmacológico está exento de generar reacciones adversas en el
organismo, y esto incluye a las vacunas. Existen ciertas reacciones no deseadas
luego de la inoculación, que ocurren en muy pequeña proporción y son en su
mayoría muy leves: irritación de la zona o fiebre. La probabilidad de padecer
alguna reacción adversa grave –ninguna de las cuales produce la muerte– está en
el orden de una por millón. ¿Es un riesgo real? Sí, muy bajo, pero cierto. Sin
embargo, vivir en una casa tiene un riesgo de muerte de 1 en 83 mil y salir a
la calle en auto conlleva un riesgo de cuestión de cómo uno percibe el riesgo y
de poner en la balanza la relación costo-beneficio.
Fuente: Mirada Profesional - Ver más sobre Vacunación