Embarazo adolescente. La falta de políticas preventivas en
el país. Son más de 117 mil al año en la Argentina y representan el 15% del
total de los nacimientos. La cifra aumentó 15% desde 2001. Afirman que el
problema es consecuencia de la pobreza.
Al desagregar los números, surge un dato que debería
provocar estupor: 3.261 de esos bebés que nacen son paridos por nenas de entre
10 y 14 años. Es decir, cada día hay nueve nenas que se convierten en mamás.
Nenas que claramente no están preparadas ni física ni emocionalmente para la
maternidad, y que además, como agravante, fueron abusadas (ver página 5).
La cifra del embarazo de niñas y adolescentes no sólo no
mejora, como debería esperarse, sino que empeora. La estadística del año
anterior hablaba de 313 bebés. Ahora son 321. De cada seis bebés que nacen en
Argentina uno es de una mamá precoz ¿Por qué ocurre esto en el país? Hay varias
cuestiones que se suman.
“Los embarazos adolescentes son una compleja problemática
que tiene profundas raíces en la pobreza, la desigualdad entre géneros, la
violencia y la falta de educación, temas en los que se está trabajando
fuertemente en nuestro país. Estos factores, combinados, hacen que hoy casi el
70% de las provincias (16 de las 23) superen la tasa media de fecundidad
adolescente tardía (15-19 años) del país (65,6 cada 1.000 nacimientos), y que
la tasa de fecundidad adolescente temprana (10-14 años) sea de 1,8 cada 1000
nacidos vivos”, explica Sandra Vázquez, directora Ejecutiva de Casa FUSA, un
centro médico de atención integral para la salud de adolescentes y jóvenes.
“Faltan programas de prevención y mejorar el acceso a los
métodos anticonceptivos”, dice a Clarín Enrique Berner, jefe del Servicio de
Adolescencia del Hospital Argerich, y uno de los referentes de CASA FUSA.
El especialista también explica lo que es una constante en
Argentina: que las cifras tanto del norte del país y como del sur de la ciudad
de Buenos Aires son mucho peores, mucho más altas. En estos lugares no sólo la
pobreza es una de las causas más claras, que se suma a las complicaciones en
los accesos a la salud (hay pocos centros de atención, están alejados). Encima
en el norte ocurre que “son provincias restrictivas”, como dice Berner, “en las
que no se aplica la ley de educación sexual en las escuelas ni se entregan
preservativos en los hospitales o centros de salud”.
Según el especialista, muchas veces ocurre que los
preservativos en estos lugares se tiran porque están vencidos y nadie los
repartió: “Lo grave es que no se supervisa que se cumpla con algo que es una
ley”. El especialista resalta esto que muchas veces no se respeta: “Los chicos
y los adolescentes pueden ir solos a los centros de salud a pedir
preservativos. Se los deben dar gratis. No tienen que ir acompañados por un
mayor ni presentar ningún tipo de documentación”.
Exactamente lo mismo puede decirse ante la urgencia de un
preservativo roto. Si una chica o una pareja se presenta en cualquier hospital
o centro de salud y pide anticoncepción de emergencia, también se la tienen que
dar, con asesoramiento, y sin cuestionamientos, que es lo que suele ocurrir.
Pero igual falta, y Berner está convencido que la mejoría
puede venir si se incluye al varón en todo este asunto. Desde siempre, y no
sólo por una cuestión corporal sino sobre todo cultural, el embarazo es cosa de
mujeres.
“Acá hay un otro que no está participando en los cuidados.
El varón debe saber que también es su responsabilidad cuidarse y que es vector
de enfermedades. Hay que trabajar con más énfasis con ellos”, asegura Berner, y
cuenta que en el Argerich ya avanzaron en el tema y hay un equipo de varones
para atender varones. “De chiquitos a los nenes los llevan las madres al
doctor, pero después, ya de adolescentes, desaparecen del sistema de salud. Hay
que convocarlos nuevamente”.
Cuenta Berner que en Brasil existe un Ministerio de Salud de
los Hombres. Y que ya hay reuniones regionales. La idea es que el cuidado del
cuerpo y la salud, propia y de otros, no deba recaer sólo en la mujer.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Adolescencia