A pesar de que se proponían como un paso previo para dejar
el tabaco, parece que el consumo de cigarrillos electrónicos engancha todavía
más que los clásicos. Así lo constata un estudio que ha evaluado a 1.000
fumadores durante un año. Y no sólo eso, otra investigación alerta del riesgo
que suponen los saborizantes, pues algunas marcas superan los límites
recomendados, lo que genera una irritación respiratoria.
Los cigarrillos electrónicos lideran desde hace tiempo un
acalorado debate entre sus detractores y sus defensores, quienes argumentan que
ayudan a dejar de el tabaco tradicional. Sin embargo, dados los resultados del
estudio que la revista American Journal of Public Health ha hecho público esta
semana, esta afirmación es errónea.
"Necesitamos más investigación para explicar por qué no
lo consiguen. Una hipótesis es que los vapeadores reciben dosis de nicotina a
través de los cigarrillos electrónicos", apunta Wael Al-Delaimy, autor del
trabajo y profesor de salud pública global en el departamento de medicina de
familia y salud pública de la Universidad de California. Aunque este producto
no contiene tabaco, señalan los expertos, los usuarios exhalan una mezcla de
compuestos orgánicos volátiles, metales pesados y partículas ultrafinas con
nicotina.
Al-Delaimy apuesta por presentar este estudio a la Agencia
Americana del Medicamento (FDA) y otros organismos reguladores, con el objetivo
de sumar evidencias que apoyen el desarrollo de una normativa más estricta. El
año pasado, por ejemplo, Los Ángeles decidió someter a este nuevo tipo de
cigarrillo al mismo régimen que el tabaco. Es decir, está prohibido usarlos en
la calle, parques, restaurantes, bares y en la mayoría de los lugares de
trabajo. Según un reciente informe del Departamento de Salud Pública
californiano, los e-cigars "constituyen una amenaza para la salud",
sobre todo para los niños, por lo que deben ser regulados como los productos de
tabaco. Señala que emiten sustancias químicas cancerígenos y que adicionan a la
nicotina, aunque aún falta investigaciones sobre sus efectos a corto y largo
plazo.
Sustancias aromatizantes
Además de estas sustancias peligrosas para la salud, otra
investigación publicada esta semana en la revista Tobacco Control ha encontrado
también que los niveles de los productos químicos utilizados para dar sabor a
algunas marcas de líquido de los cigarrillos electrónicos superan los límites
de exposición recomendados, hasta el punto de causar irritaciones
respiratorias.
Un equipo de expertos de la Universidad de Portland (Oregón,
EEUU) analizó los productos químicos aromatizantes de dos marcas desechables de
un solo uso en sabores diferentes de tabaco, mentol, vainilla, cereza y café y
los mismos sabores en botellas de relleno, además de chocolate/cacao, uva y
manzana, entre otros.
Utilizando una tasa de consumo de alrededor de 5ml/día,
afirman los investigadores, habría una exposición al doble de los límites de
exposición recomendados de benzaldehído y vainillina con los productos
analizados. "Además, se pueden generar productos de degradación tóxicos
por reacción de los productos químicos de sabor a las altas temperaturas
presentes al consumirlos", advierten los autores del trabajo. A su juicio,
se necesitan normas que incluyan un listado de los ingredientes obligatorios
(estos no suelen aparecer en el etiquetado) y límites a los niveles de ciertos
aromatizantes".
Son precisamente aspectos como los sabores los que atraen el
interés de los jóvenes que nunca han fumado. Según otra publicación de la
revista Bristish Medical Journal Open, basada en dos encuestas realizadas en
Reino Unido (en 150 escuelas de Gales, con casi 11.000 niños) en 2013 y 2014,
entre los 10 y 15 años, el consumo de cigarrillos electrónicos al menos una vez
era más común que haber fumado un cigarrillo convencional.
El 5,8% de los menores entre 10 y 11 años había probado los
cigarrillos electrónicos mucho más que los que habían probado el tabaco (1,6%).
La proporción era mayor (12,3%) en los adolescentes entre 11 y 16 años. Sin
embargo, sólo el 1,5% de los menores entre 11 y 16 años admitía un consumo
regular, es decir, pocos se convertían en consumidores habituales.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Tabaquismo