Así surge del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia,
que revela la desigualdad social en la alimentación entre los 2 y 17 años; hay
500.000 que no desayunan a diario.
El déficit de consumo de los alimentos fuente de nutrientes
esenciales alcanza a 1,3 millones de chicos. "Lo más novedoso del estudio
es que permite ver la desigualdad social en el acceso a los alimentos en la
infancia, la niñez y la adolescencia", opinó Ianina Tuñón, investigadora
responsable del Barómetro.
Con Paula Indart Rougier, investigadora especializada en
nutrición y coautora del estudio, consideran que "existen numerosos
factores que influyen en los hábitos alimentarios de la población, pero es
indudable que el nivel socioeconómico es uno muy relevante. Para consumir un
alimento no basta con que esté «disponible», sino que es necesario poder
adquirirlo en el mercado. Eso está condicionado por los ingresos de los hogares
y los precios de los alimentos".
Ambas revisaron los datos crudos de una muestra representativa
de los 10.977.547 argentinos de entre 2 y 17 años obtenidos en una nueva
edición de la Encuesta de la Deuda Social Argentina. La muestra pertenece a
5700 hogares relevados en 950 puntos del país. Allí vieron, también, que la
mayoría (61,5%) tiene un desayuno "aceptable", aunque sólo 2 de cada
10 acceden a uno "adecuado": un vaso con leche en los más chicos o
una infusión con leche en los más grandes más una fruta o jugo y pan,
galletitas o copos de maíz, por ejemplo.
"La principal disparidad es social. Los chicos del
estrato social medio profesional tienen el triple de probabilidad de realizar
un desayuno adecuado que los del estrato social más pobre, mientras que estos
últimos tienen el doble de probabilidad de realizar un desayuno inadecuado o insuficiente
que sus pares del estrato medio profesional", escriben Tuñón e Indart
Rougier, investigadora del Comité de Nutrición, Obesidad y Actividad Física del
Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI, por sus siglas en inglés)
Argentina.
Alimentos esenciales
Las autoras definieron la calidad del desayuno según la
presencia o no de tres grupos de alimentos: lácteos (una porción de queso, un
yogur o un vaso de leche), frutas frescas o en jugo y cereales.
"Insuficiente" era el que incluía un alimento de un solo grupo,
mientras que "inadecuado" era el que no incluía ninguno de los grupos
de alimentos recomendados para la primera comida del día.
"Es una de las principales comidas para el ciclo de
vida en edad preescolar y escolar. Cuando los chicos no desayunan sabemos que
están menos atentos e incorporan hábitos alimentarios poco saludables, como
comer golosinas u otros productos a media mañana que no les aportan los
nutrientes que necesitan", explicó Tuñón.
Para el resto de las comidas del día se tuvo en cuenta tanto
el consumo diario como semanal de frutas, verduras frescas y/o cocidas (sin
incluir la batata, la papa, el choclo o la mandioca), carne vacuna, pastas o
arroz y lácteos fuera del desayuno (yogur, queso o leche). Las verduras, las pastas
o el arroz, las frutas y los lácteos, en ese orden, son los grupos de alimentos
que los chicos y los adolescentes más evitan: casi el 60% los prueban menos de
3 veces por semana, incluido "nunca". Un 12,7% o 1,3 millones
directamente no come frutas, verduras ni lácteos.
"Si bien los chicos en una proporción significativa
compensan sus consumos en la semana, eso aún no alcanza para lograr una
distribución diaria adecuada del consumo de los grupos esenciales -publican las
autoras-. Por ejemplo es recomendable que consuman 2 frutas y 2 porciones de
verduras por día, lo que equivale a 3 unidades chicas en los preescolares, 4 en
los escolares y 6 en los adolescentes. Pero más del 80% no llega a ese
umbral."
De hecho, el consumo semanal de frutas es
"inadecuado" o "insuficiente" en el 54,2% de los casos. Si
se tiene en cuenta el ingreso familiar, esa posibilidad se duplica en los
chicos más pobres. Lo mismo pasa con las verduras. El 60% come una cantidad
"inadecuada" o "insuficiente". Es más, el 11% de los chicos
más pobres y el 5,7% de los chicos de familias con mejores ingresos
directamente no consumen verduras frescas ni cocidas.
Con las pastas y el arroz, la tendencia es inversa: a mayor
ingreso familiar, menor consumo de esas fuentes de hidratos de carbono y fibra.
En la mitad de los casos se consume menos de 4 veces por semana. En el estrato
medio y alto, las chances de comer arroz o pastas menos de 3 veces por semana
aumenta 1,5 veces.
Sólo el consumo de carne no parece depender tanto del nivel
socioeconómico, aunque a medida que cae el ingreso, los cortes son más grasos.
Más del 65% de los chicos la consumen 2 o 3 veces por semana. "La
desigualdad social sigue siendo muy pronunciada en todos los consumos, salvo el
de carne, en la edad preescolar, escolar y la adolescencia. Como ya se sabía,
el consumo de arroz y pastas es más alto en los estratos más bajos, mientras
que en los más ricos piensan que no es bueno consumirlos. Esto, también,
describe un déficit porque se recomienda que los chicos ingieran una porción
por día", finalizó Tuñón.
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Alimentación