Especialistas advierten que cada vez más menores se enferman
a causa del sobrepeso ¿Cómo
reconocerla a tiempo?
La diabetes es una de esas enfermedades que, erróneamente,
se relacionan con la edad adulta. Y si bien los casos más comunes en la niñez y
adolescencia son los del tipo 1, que es de origen autoinmune y su comienzo es
relativamente agudo, hoy en día se registra un franco aumento de diabetes tipo
2 en niños, niñas y adolescentes debido al sobrepeso que desencadena
insulinorresistencia.
Es por eso que la diabetes se convirtió en una epidemia
también en niños y adolescentes. Y en vísperas del día mundial de la
enfermedad, vale conocer que, según cada etapa evolutiva, cada niño requiere un
abordaje diferencial para su tratamiento.
El médico pediatra Fernando Lamas (MN 82404) explicó que
"la diabetes constituye el trastorno endocrino/metabólico más frecuente en
la infancia y adolescencia, y conlleva importantes consecuencias físicas y
emocionales" y remarcó que "aunque se dispone de un tratamiento
sustitutivo adecuado, todavía no se logró evitar la aparición de complicaciones
crónicas, pero sí se puede controlar su aparición y retrasarla con el control
adecuado".
De ahí la importancia de que la atención al niño diabético
no sea materia exclusiva de los endocrinopediatras o diabetólogos sino con una
mirada integral guiada por el pediatra de cabecera.
No hay hasta el momento una definición ampliamente aceptada
del "estado diabético". Para la Organización Mundial de la Salud
(OMS), la diabetes tiene una definición eminentemente práctica: es una
situación de hiperglucemia crónica que puede resultar de varios factores
ambientales y genéticos que actúan conjuntamente. La hiperglucemia (es decir,
glucosa alta en sangre) puede resultar de una falta de insulina o de un exceso
de factores que contrarrestan su acción, y ello produce anomalías del
metabolismo de carbohidratos, proteínas y lípidos. Los factores genéticos
tienen gran preponderancia si se compara el riesgo de padecer diabetes entre la
población general cuyo valor es de 0,1%- 0,2% frente a 5% a 10% si se tiene un
hermano con diabetes (en gemelos idénticos aumenta hasta un 50%). Lo cierto es
que se viene registrando un aumento espectacular lineal del número de casos
nuevos por año.
Es importante prestar atención a las primeras señales para
llegar al diagnóstico lo antes posible. En ese sentido, Lamas detalló que
"el síntoma más constante y precoz es la poliuria (orinar frecuentemente)
y se manifiesta con incontinencia urinaria nocturna en un niño que previamente
controlaba esfínteres".
"El síntoma más precoz es la poliuria (orinar frecuentemente) y se manifiesta incluso con incontinencia urinaria en niños que ya controlaban esfínteres"
Otros síntomas son: cambio de la personalidad,
adormecimiento o cansancio, menor rendimiento escolar y en las actividades
deportivas, alteraciones de la visión, dolor de cabeza. "Si la enfermedad
no se trata, en una fase posterior pueden aparecer síntomas de gravedad como
deshidratación, progresiva depresión del sistema nervioso central, somnolencia
y hasta estado de coma, cuando el paciente presenta cetoacidosis
diabética", insistió.
Tras asegurar que "el diagnóstico de diabetes mellitus
tipo 1 y 2 tiene profundas implicaciones para el niño y su familia", el
especialista de la red Niños sanos, niños felices remarcó que "el
tratamiento debe ser intensivo y abarca algunos aspectos clave: insulinoterapia
o antidiabéticos orales, dieta, actividad física, autocontrol, educación
diabetológica y aspectos psicosociales".
Lamas planteó que a cada edad existen distintos desafíos
para la adherencia y control del tratamiento indicado:
-De 0 a 3 años: El niño depende de sus padres para el
control de la enfermedad, quienes se encuentran con el reto de que su hijo es
incapaz de entender las inyecciones y/o punciones de los dedos y se siente
"castigado". A su vez los hermanos se sienten abandonados por los
cuidados que de repente requiere el otro. En esta etapa los aspectos claves del
cuidado son:
1. El primer objetivo es evitar los episodios de
hipoglucemia (niveles de glucemia menores de lo normal) que pueden ser
causantes de déficits cognitivos en el futuro.
2. Comprender la incapacidad del niño para entender la
necesidad de cooperación, requiriendo un refuerzo emocional de los padres y
tratar de implicar al niño desde etapas precoces, como por ejemplo en la
selección del dedo para la punción.
3. Los padres deben compartir responsabilidades.
4. Evitar la sobreprotección y los conflictos con los
hermanos por una atención desigual.
5. Es importante la aprobación de los padres en esta edad:
evitar decir en el resultado del autoanálisis "bien" o
"mal", y sustituirlo por alto, bajo o normal.
-Niños y niñas pre-escolares (de 4 a 7 años): En esta etapa
los padres siguen siendo los principales responsables de la enfermedad, pero el
niño ya acude a la guardería o al colegio, se separa de los padres y se
encuentra con otros niños. Es el primer contacto con las consecuencias sociales
de la diabetes: deben explicar a los demás su enfermedad. Es muy importante que
no se sienta culpable de padecerla. El niño debe empezar a participar en su autocontrol
(seleccionar bocadillos adecuados, elegir y limpiar las zonas de inyección,
identificar síntomas de hipoglucemia). Es importante instruir a maestros y
cuidadores sobre los cuidados básicos de la diabetes.
-Etapa prepuberal (8 a 11 años): A estas edades establece
relaciones de amistad y empieza a plantearse su valoración, comparando sus
capacidades con las de sus amigos. Aunque los padres siguen siendo los
principales responsables, el niño debe comenzar a entender los beneficios del
buen control para su futuro. Debe empezar a tomar parte activa en su
tratamiento, como seleccionar dietas suplementarias para los días de ejercicio,
realizar autoanálisis, inyectarse insulina algunas veces (aunque supervisado
por los padres).
Se debe enfatizar a los padres la importancia de que el niño
participe en actividades con sus amigos, dejándolo que asuma responsabilidades
parciales en el control de la dieta. El equipo de salud debe negociar más
individualmente con el niño en relación con los problemas de la diabetes, en
lugar de hablar continuamente con los padres. No conviene ser demasiado
rígidos. Es importante negociar con el niño un compromiso razonable para
fiestas y ocasiones especiales: una tarta o un helado podrá elevar su glucemia,
pero el valor emocional de participar con otros niños también es importante. Se
le enseñará a ajustar su tratamiento insulínico con unas pocas unidades extras
de insulina regular para estas ocasiones especiales, lo que debe ser
consensuado en la consulta médica.
-De 12 a 19 años (pubertad y adolescencia): Es la etapa del
desarrollo, especialmente problemática, que establece la transición desde la
infancia a la edad adulta, con cambios fisiológicos, psicológicos y
socioculturales. Durante la pubertad hay una resistencia fisiológica a la
insulina (en diabéticos y no diabéticos), por lo que se dificulta el buen
control, reflejándose en unas mayores necesidades de insulina. En estas edades
surgen varios retos:
- Necesidad de independencia de los padres. Puede actuar como
si no fuera diabético, ignorando la dieta, el autoanálisis, incluso las
inyecciones de insulina y rechazando los consejos; hay cambios continuos de
humor, no quiere pedir ayuda y no es capaz de asumir las complicaciones futuras
de su actual mal control metabólico. Hay que darles refuerzos positivos,
intentando que acepten una mayor responsabilidad en el cuidado de su diabetes,
sin dejar nunca de prestarles apoyo y supervisión.
- El paciente establece las bases de su comportamiento,
modas y manías, que puede llevarlo a comidas irregulares, exceso de actividad
física y posibles contactos con el alcohol y drogas. En las niñas es importante
el problema de la "imagen corporal", el temor al exceso de peso puede
llevarlas a disminuir la dosis de insulina. Hay que intentar modificar su
patrón de relaciones con el equipo de salud, separando las visitas de padres e
hijos, para poder tratar temas como el sexo, el alcohol, las drogas. Lo
fundamental en esta etapa es implicarlo en la toma de decisiones, negociando los
objetivos. Se pueden beneficiar del contacto con otros pacientes de su misma
edad, por lo que los campamentos, las reuniones en grupo y las asociaciones
pueden ser de gran utilidad tanto para los jóvenes como para los padres. En las
adolescentes es preciso abordar el tema de la planificación familiar e
informarles de los problemas del embarazo y de la importancia del control
preconcepcional.
"En la adolescencia, es fundamental implicar al joven la toma de decisiones sobre su enfermedad, negociando los objetivos"
"Al final de la adolescencia, al disminuir y
estabilizarse el crecimiento hay una estabilización fisiológica de las
necesidades insulínicas. El siguiente paso es la vida adulta, y pueden sentirse
agobiados planificando su futuro, por lo que pueden olvidar el autocontrol. Hay
que tratar de que acepten la responsabilidad de su autocuidado, aunque sin
olvidar su relación con el equipo de salud", destacó el especialista.
Y finalizó: "Los adultos deben estar atentos a los
síntomas (que pueden ser tan inespecíficos como el cansancio, ganas de orinar
frecuentemente o de beber en reiteradas ocasiones) considerando que el niño
también puede ser diabético y que un diagnóstico precoz permite una
instauración inmediata del tratamiento necesario y de toda la batería de
medidas implicadas en el tratamiento, y el posterior control de la
enfermedad".
Fuente: Diario Infobae - Ver más sobre Diabetes
