A pesar de los adelantos científicos, la gran
mayoría de las personas diabéticas sigue sin hacer un manejo adecuado de su
enfermedad y la mitad de los que la padecen ni siquiera lo sabe. Educación,
cambios en la atención sanitaria y nuevas estrategias son algunos de los
pilares para revertir esta problemática.
Alrededor del 50% de los pacientes con diabetes tipo 2 no
alcanza los niveles recomendados de glucemia y pueden pasar 10 a 15 años hasta
que una persona que padece la enfermedad -pero no lo sabe- desarrolle los
primeros síntomas. La realidad es que a pesar de que existen diversas
alternativas de tratamiento, la diabetes todavía es una enfermedad que avanza
sin control.
"Las cifras de afectados por la diabetes están en
aumento y creo que esto es el reflejo de lo que estamos viviendo en muchas
sociedades, donde cada vez se hace menos ejercicio, los niños son menos activos
y las porciones de los alimentos son cada vez mayores", sentenció en una
entrevista con La Prensa el doctor Enrique Caballero, director de Latino
Diabetes Initiative, endocrinólogo e investigador en el Joslin Diabetes Center,
de Boston, Estados Unidos.
En su paso por la Argentina, Caballero describió el panorama
actual de esta enfermedad y los principales desafíos que se plantean a la hora
de lograr su control. También se refirió a una nueva clase de tratamientos para
la diabetes tipo 2 que llegarán próximamente al país.
La diabetes es una enfermedad que afecta el modo en que el
organismo utiliza la glucosa, un azúcar que constituye la principal fuente de
energía para el cuerpo. Existen dos tipos principales de diabetes: tipo 1 y
tipo 2.
En la diabetes tipo 1 el páncreas no produce insulina. Sin
embargo, el cuerpo puede seguir obteniendo la glucosa contenida en los
alimentos. Pero la glucosa no puede ingresar en las células, que la necesitan.
La glucosa permanece en la sangre. Esto hace que los niveles de azúcar en
sangre aumenten demasiado y genera problemas de salud. Para solucionar este
problema, alguien que padece diabetes tipo 1 debe inyectarse insulina o usar
una bomba de insulina regularmente.
En tanto, en la diabetes tipo 2 el páncreas produce insulina
pero ésta no funciona en el cuerpo como debería y los niveles de azúcar en
sangre aumentan demasiado.
Mientras que la diabetes tipo 1 -en la que intervienen
factores genéticos- no puede prevenirse, la diabetes tipo 2 sí, ya que está
estrechamente relacionada con el estilo de vida.
Sin diagnóstico
Entre los principales problemas vinculados con la diabetes
tipo 2, Caballero mencionó la falta o demora en el diagnóstico de la
enfermedad. "La gente no se diagnostica a tiempo; pueden pasar 10 a 15
años para que una persona que ya tiene diabetes desarrolle los primeros
síntomas de la enfermedad", remarcó el experto, al tiempo que apuntó:
"Esto es muy importante tenerlo en mente para poder enfatizar que una
persona que tiene factores de riesgo para la diabetes tiene que ir con su
médico, hacerse una prueba de sangre en la mañana (llamada glucosa plasmática
en ayuno) para saber si tiene o no diabetes".
Según explicó, los niveles de glucosa plasmática en ayuno
por debajo de 100 mg/dl son normales, mientras que si están entre 100-125 mg/dl
revela la presencia de una prediabetes, y si están en 126 mg/dl o más eso
sugiere que la persona tiene diabetes.
Tanto para los que tienen niveles de glucosa que indican
prediabetes como aquellos con diabetes, el primer paso en el tratamiento
consiste en recomendaciones de cambio del estilo de vida, señaló Caballero,
quien aclaró que muchos de los que padecen diabetes deberán utilizar también
medicamentos para controlarlo.
Respecto de las consecuencias de permitir durante años el
avance de la diabetes sin conocer el diagnóstico, el endocrinólogo afirmó:
"El problema es que durante todo ese tiempo que el azúcar está elevada en
la sangre, puede depositarse en distintos tejidos y afectarlos. Por ejemplo,
puede causar problemas en la vista, los riñones, el corazón, en la circulación
de las piernas, en la función sexual".
"La diabetes puede afectar prácticamente todos los
órganos y como la persona no sabe que tiene diabetes y puede sentirse
perfectamente bien, es un daño silencioso que se está dando sin que la persona
se dé cuenta", añadió.
Una brecha
Al evaluar la problemática que plantea la diabetes tanto a
nivel individual como para los sistemas sanitarios, Caballero mencionó la
existencia de una brecha entre las necesidades de los pacientes y el tipo de
atención que reciben.
"La realidad es que a pesar de todos los adelantos
científicos que tenemos en la actualidad, la gran mayoría de las personas
diabéticas sigue descontrolada", advirtió.
En opinión del experto, es necesario que el proveedor de
salud reconozca que "hay factores importantes en todos los seres humanos
-como son la parte social, cultural, educativa, emocional- pero el médico está
más interesado en la parte médica, científica, y poco le importan esos otros
factores". Sin embargo, agregó que "si queremos elevar la calidad de
atención y ser mejores médicos, tenemos que prestarle atención a estas
cuestiones".
No obstante, reconoció que lograr esta visión más abarcativa
del paciente implica un reto, ya que se torna difícil cuando un médico tiene
que ver a 30 pacientes en una mañana o 50 en un día, y no hay tiempo ni hay un
equipo de salud multidisciplinario que pueda ayudar.
"Tenemos que pensar de una manera diferente, tenemos
que pensar en cómo educar al paciente de una manera más continua",
insistió Caballero, quien comentó que en el Joslin Diabetes Center se
encuentran realizando un estudio para evaluar la eficacia del uso de los
teléfonos celulares para la educación de los pacientes. "Tal vez podemos
usar la tecnología actual para acompañar al paciente cuando va de compras,
cuando selecciona sus alimentos, cuando está en casa preparando lo que va a
cocinar", argumentó.
"La idea es que si logramos demostrar que podemos
mejorar algunos factores, esto podría ayudar como una estrategia para disminuir
esa brecha tan importante", prosiguió el especialista en diabetes, quien
además hizo hincapié en la importancia de la educación de las familias, a las
que hay que involucrar, dado que cuando uno se centra solamente en el paciente
es difícil establecer esos cambios.
Novedades terapéuticas
En cuanto a los últimos avances introducidos para el
tratamiento de esta enfermedad, Caballero hizo referencia a una nueva clase de
fármacos para la diabetes tipo 2: los inhibidores de SGLT2, que incluyen la
canagliflozina, dapagliflozina y empagliflozina.
Según explicó, esta nueva familia de fármacos tiene un
mecanismo de acción distinto al de los otros existentes hasta el momento.
"Lo tradicional es que los medicamentos para la diabetes hagan una de dos
cosas: o bien que estimulen directamente al páncreas para producir insulina o
que ayuden a que esa insulina trabaje un poco mejor. Estos son dos buenos
mecanismos de acción. Sin embargo, siempre que uno aumenta las concentraciones
de insulina en el cuerpo el riesgo es que las personas ganen peso o bien que puedan
tener lo que se llama hipoglucemia, es decir que baje demasiado el nivel de
azúcar", indicó.
En tanto, "los inhibidores de SGLT2 favorecen la
eliminación de azúcar a través de la orina. Por lo tanto, el paciente con
diabetes tipo 2 que tiene el azúcar alta en la sangre, al tomar uno de estos
medicamentos, va a notar que está eliminando azúcar a través de la orina y esto
ayuda a que baje el nivel de azúcar en la sangre", señaló Caballero.
Respecto de las ventajas que aporta esta nueva clase de
medicamentos, el endocrinólogo aseguró que la canagliflozina tienen un impacto
positivo en la disminución de la hemoglobina glicosilada (A1c), reduce el peso
corporal (se pierden aproximadamente tres a cuatro kilos en un período de seis
meses a un año), y la presión arterial baja en unos 3 a 4 mm Hg.
Indicación
Consultado sobre para qué tipo de pacientes están indicados
los inhibidores de SGLT2, aclaró que la metformina continúa siendo el
tratamiento de primera línea para la mayoría de los pacientes, aunque muchos
podrán beneficiarse con esta nueva opción terapéutica, "sobre todo por la
ventaja de bajar el peso y bajar un poco la presión arterial".
"En virtud de que muchos pacientes con diabetes tipo 2
tienen hipertensión arterial, el dar un medicamento que baja el peso, baja la
presión y controla el azúcar, pues obviamente es muy bueno", agregó.
"El tratamiento puede usarse como monoterapia, en
combinación con un medicamento, dos o tres, o con insulina. Es decir que puede
usarse en cualquier contexto en el paciente con diabetes tipo 2, de entre 18 y
75 años (si se utiliza canagliflozina) o de entre 18 y 65 años (si se utiliza
dapagliflozina) y con un buen funcionamiento renal", precisó.
Salud cardiovascular
Según el estudio Empa-Reg Outcome, presentado en la 51ª
Reunión Anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes en
Estocolmo, Suecia, la empagliflozina mostró una reducción del 38% de la
mortalidad causada por enfermedad cardiovascular y del 32% de la mortalidad por
cualquier causa en pacientes con diabetes tipo 2.
"Hasta la fecha, ninguna medicación para la diabetes se
había asociado, por sí sola, a una reducción de la mortalidad. En este estudio,
empagliflozina ha demostrado su capacidad para evitar una de cada tres muertes
cardiovasculares", destacó el doctor Bernard Zinman, investigador
principal del estudio y director del Centro de Diabetes del Hospital Mount
Sinai.
Se trata de una ventaja fundamental, ya que aproximadamente
el 50% de las muertes de personas con diabetes tipo 2 se debe a enfermedad
cardiovascular, siendo la primera causa de muerte en estos pacientes.
Fuente: Diario La Prensa - Ver más sobre Diabetes