El aparato, que funciona con
baterías y simula la acción de fumar, se vende en kioscos y hasta en la vía
pública, pero no está autorizado por la agencia reguladora. Los especialistas
ponen reparos en su efectividad, e incluso afirman que puede ser dañino para la
salud.
Con un precio que varía de los 200 a los 650 pesos, el
cigarrillo electrónico está cada vez más presente en el mercado argentino.
Incluso hace un tiempo vendedores ambulantes de los trenes urbanos –en especial
la línea Roca, que une Capital Federal con el sur del conurbano –ofrecían los
aparatos, que simulan el acto de fumar. Ofrecido como una solución al
tabaquismo, las autoridades sanitarias del país recuerdan que no está
autorizado para su venta, entre otras cuestiones porque algunos estudios
afirman que no es inocuo para la salud. Además, especialistas ponen en duda su
eficacia. Pese a todo, crece su uso, por lo que el año pasado se emitió un
alerta general para la población sobre los riesgos del aparato.
Lo que comenzó casi como una moda se extiende en todo el
país. Hoy el cigarrillo electrónico se puede comprar en kioscos y otros locales
de casi todas las ciudades importantes del interior, con valores que dependen
de la marca del aparato, su tamaño y el lugar de procedencia (todos son
importados). El aumento de su venta preocupa a las autoridades sanitarias, ya
que el mismo no cuenta con el visto bueno de la Administración Nacional de
Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), por lo cual su
comercialización está prohibida.
Durante el 2015, vendedores ambulantes ofrecieron versiones
del cigarrillo, que se podía comprar a unos 100 pesos. En comercios, el precio
varía de los 200 a los 650 pesos, según la provincia. “Se venden bastante. Se
enchufa para cargar la batería con un cable USB y se pone la esencia”, dijo una
kiosquera de la localidad de Paraná, quien también comercializa a 100 pesos el
frasquito con el líquido que se vierte en el dispositivo, con distintos aromas.
En ese ciudad, según un sondeo del diario Uno, se vive un verdadero boom de
ventas del aparato.
Mediante la disposición 3.226/11, la ANMAT prohibió en mayo
de 2011 la venta del cigarrillo electrónico. La medida sigue vigente y fue
impulsada porque no está probada la inocuidad del artefacto. A nivel mundial,
hay diversos estudios que objetan su uso, ya que detectaron en los componentes
del vapor existen sustancias tóxicas casi tan peligrosas como el mismo tabaco.
En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone que el
cigarrillo electrónico sea tratado como al tabaco, es decir, como un problema
de salud. El director de Tobaco Free Initiative (Iniciativa Sin Tabaco) de la
OMS, Armando Perruga, asegura que todavía no existe una evidencia científica ni
información suficiente sobre los peligros a largo plazo de este tipo de
cigarros, pero está demostrado que contienen sustancias tóxicas y cancerígenas
iguales a las del tabaco.
Además, varios especialistas cuestionan el producto. El
médico neumonólogo Sebastián Calí señaló que “los cigarrillos electrónicos no
están habilitados por ANMAT. Contienen nicotina y tienen precursores químicos
que generan un vapor y se ha demostrado que el mismo posee componentes de
toxina. No se recomiendan, porque estudios realizados en otros países dan
cuenta de que para muchos menores fue la puerta para empezar a fumar tabaco, ya
que se inician fumando con este dispositivo y luego siguen consumiendo
cigarrillos comunes”. Asimismo, el especialista expresó: “En la cesación
tabáquica uno lucha contra nicotina, pero también procura erradicar el hábito
de llevar un cigarrillo a la boca y de tenerlo en la mano. Cuando los pacientes
consultan por este método para dejar de fumar, no lo recomendamos ni lo
usamos”, aseguró.
Ya el año pasado la ANMAT recordó sobre la prohibición. En abril,
emitió un alerta donde aseguró que “los dispositivos para fumar no han
presentado hasta el momento evidencias científicas de su eficacia y seguridad.
La ANMAT además recordó que “no ha autorizado la importación de ningún
cigarrillo electrónico al país”.
La ANMAT evaluó las características de los dispositivos, que
además de contener diversos niveles de nicotina tienen compuestos químicos
desconocidos. Los cartuchos, sustituibles, contienen “un líquido supuestamente
compuesto por propilenglicol, nicotina, extracto de hoja de tabaco,
antioxidantes y sustancias aromatizantes, si el usuario lo desea”, señala el
informe de la ANMAT. “Existen algunos tipos de cartuchos para DEF que dicen no
poseer nicotina”, destinados sólo a simular el acto de fumar. El propilenglicol
sirve para simular el humo.
Fuente: Mirada Profesional - Ver más sobre Tabaquismo