Superan a las cardiopatías y el ACV, según un informe que
acaba de publicarse en The Lancet; a pesar de los costos que originan, sólo
reciben el 0,4% de las inversiones.
Esta sugestiva anécdota refleja el estigma que pesa sobre la
enfermedad mental, una condición que se cuenta entre los mayores tabúes sociales.
De eso no se habla. Ni siquiera en el sistema sanitario. Un
trabajo recientemente publicado en The Lancet y firmado por el psiquiatra
argentino Daniel Vigo, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, muestra que
si la sociedad no sabe cómo manejarla, el sistema sanitario subestima
dramáticamente su impacto.
En "Estimando la verdadera carga de la enfermedad
mental", Vigo; Graham Thorncroft, del Instituto de Psiquiatría, Psicología
y Neurociencia del King's College de Londres, y Rifat Atun, del Departamento de
Salud Global y Población de Harvard, llegan a la conclusión de que los
problemas mentales son responsables de un tercio de la discapacidad global e
igualan la discapacidad y la mortalidad de cardiopatías y ACV sumados.
"La carga de enfermedad es una medida que permite
establecer el costo humano, en términos de discapacidad y mortalidad, de las
distintas enfermedades para poder compararlas -explica Vigo, desde Boston,
donde está haciendo un doctorado, después de haberse graduado en la UBA como
psicólogo, médico y psiquiatra-. La prevalencia (número de casos en un período
determinado) a veces no da una idea correcta. Por ejemplo, el resfrío común
tiene una prevalencia del 100%; es decir que todos lo padecemos en un momento
de nuestras vidas, pero poca trascendencia, mientras que la esquizofrenia tiene
una prevalencia del 1%, pero su impacto es enorme."
Vigo y colegas identificaron cinco causas principales de
subestimación de la carga de enfermedad referida a la salud mental: el suicidio
y las autoagresiones se computan como "lesiones"; existe una
confusión entre síndromes dolorosos crónicos (que se vinculan con el estado de
ánimo, la ansiedad y los trastornos de personalidad) y las enfermedades
musculoesqueléticas; se separan arbitrariamente las enfermedades psiquiátricas
de las neurológicas (cuando muchas de las últimas derivan en las primeras); no
se registran los trastornos de personalidad y tampoco la mortalidad general
secundaria a enfermedades mentales.
Si se recalcula la carga de enfermedad corrigiendo estos
sesgos, la discapacidad global atribuible a la salud mental pasa de 21% a 32%
(ocho veces la de las enfermedades cardiovasculares y ACV combinados), y la
discapacidad y mortalidad combinadas ascenderán del 7% al 13%, un nivel similar
al de aquéllas, que corrientemente se ubican al tope del ranking.
"Cinco enfermedades mentales aparecen entre las
primeras 20 causas de carga de enfermedad y de años vividos con discapacidad
-escriben Vigo y colegas-: depresión mayor (2°), desórdenes de ansiedad (7°),
esquizofrenia (11°), distimia o trastorno depresivo persistente (16°) y
desorden bipolar (17°)."
Pero a pesar de que en 2010 estos y otros trastornos
ocasionaron pérdidas por 2,5 billones de dólares, apenas se invirtió en ellos
el 0,4% del presupuesto global en salud.
"Llevado a la escala de la economía argentina, los
costos directos e indirectos de los problemas mentales equivaldrían a una
pérdida de 17.000 millones de dólares anuales -afirma Vigo-. Según otro modelo,
sólo por costos indirectos, la Argentina perdería entre 4000 y 10.000 millones
de dólares anuales, de los cuales entre el 60 y el 70% serían pérdidas
privadas."
"El trabajo es muy interesante -opina el doctor Marcelo
Cetkovich Bakmas, jefe del Departamento de Psiquiatría del Ineco y del
Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. El mal cálculo de los
costos de los trastornos mentales se traduce en estigma, que se concreta en
actitudes discriminatorias y, fundamentalmente, en presupuestos insuficientes
que llevan al abandono de los hospitales monovalentes, producto de décadas de
políticas de vaciamiento."
Las consecuencias de este menosprecio de larga data son
múltiples. Un estudio de la World Psychiatric Association confirma que se pasan
por alto las comorbilidades médicas de los cuadros psiquiátricos. Las personas
con trastornos mentales graves (esquizofrenia, depresión, trastorno bipolar)
viven entre 15 y 30 años menos que la población general.
"Cuando alguien muere de un infarto -dice Cetkovich
Bakmas-, no se tiene en cuenta que tal vez la causa fue el tabaquismo, la vida
sedentaria o el sobrepeso como consecuencia de su trastorno mental."
Fernando Taragano, de la sección de Investigación y
Rehabilitación de Enfermedades Neurocognitivas del Cemic, destaca que muchos
pacientes que en la clínica cotidiana presentan depresión asociada con
trastornos clínicos son subestimados. Y agrega Vigo: "A partir del
diagnóstico, los médicos generales no se ocupan del paciente psiquiátrico y los
psiquiatras no se ocupan de su salud física".
Las enfermedades mentales causan tanto desconcierto y
rechazo en la familia, en el trabajo y en los grupos sociales que los propios
afectados evitan la consulta.
"A pesar de todo eso, cuando la OMS calcula las causas
de discapacidad, cinco de las diez primeras corresponden a trastornos mentales
-subraya Julián Bustin, jefe de gerontopsiquiatría del Ineco-. Uno de los
grandes problemas es que muchos consideran que son una muestra de debilidad y
que se curan con voluntad."
"Los trastornos mentales no son considerados verdaderas
enfermedades -coincide Cetkovich Bakmas-. Hoy, un paciente con esquizofrenia de
25 años de evolución me contó que su vecino le había dicho: «Ojalá que tus
hijos no salgan vagos como vos»." Y enseguida agregó: "La frase que
con más frecuencia escuchan las personas con depresión es: «Ponete una
pila»".
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Salud Mental