Faltan una política específica y protocolos de gestión para una
correcta nutrición.
Basándose en estudios previos que habían analizado la
alimentación escolar en una muestra de seis distritos y la gestión de los
comedores escolares en todo el país, el trabajo "Lineamientos para una
política federal de alimentación escolar", firmado por Sergio Britos, Gala
Díaz Langou, Cecilia Veleda, José Florito, Nuria Chichizola y Malena Acuña,
presenta una serie de propuestas destinadas a ofrecer una buena alimentación en
la etapa de la vida en que es más necesaria.
"La política alimentaria es un área de vacancia",
sintetizó ayer, durante la presentación, Britos, director del Cepea, cuyas
investigaciones mostraron que los almuerzos escolares abundan en harinas muy
refinadas, el 60% de las hortalizas que ofrecen son tomate enlatado y
prácticamente carecen de fruta y leche. También constató que alrededor de la
mitad de las calorías de baja calidad nutricional y de los azúcares agregados
de la dieta infantil provienen de la escuela.
Las administraciones provinciales ofrecen desayuno o
merienda al 52% de los chicos que concurren a escuelas públicas y almuerzo al
22%. "En números absolutos, calculamos que alrededor de 4, 6 millones de
chicos reciben desayuno o merienda, y 1,2 millones, almuerzo", detalló
Díaz Langou, directora del Programa de Protección Social de Cippec.
"Si uno calificara de uno a 100 la alimentación de los
chicos argentinos, le asignaría un 40 -dice Britos-. Pero la que se ofrece en
las escuelas merecería un 30, incluso menos que el promedio general." En
este escenario, la obesidad y el sobrepeso infantil son cada vez más
frecuentes, así como las enfermedades asociadas, entre las que se encuentra la
diabetes tipo II, que antes sólo se veía en adultos.
Una de las sorpresas con que se encontraron es que con casi
la misma inversión que se hace actualmente (22,3 mil millones de pesos anuales
o el 0,5% del PBI) sería posible ofrecer un desayuno universal saludable
(incluyendo la escuela media) y un almuerzo saludable a grupos focalizados,
como los alumnos de escuelas de doble turno y de estratos sociales vulnerables.
"Es necesario coordinar las intervenciones de
Educación, Desarrollo Social y Salud -subrayó Díaz Langou-, priorizar políticas
con gran potencial como la libre disponibilidad de agua, mejorar la
infraestructura de los comedores, limitar el modelo de gestión escolar (que
sobrecarga a los directores), capacitar al personal en la manipulación de
alimentos, otorgar un plus salarial a los docentes que acompañen el servicio y
formarlos en aspectos vinculados con la educación nutricional."
Y concluyó Britos: "Prima la idea de que hay que dar de
comer, cuando el problema más importante es la malnutrición".
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Nutrición