Un equipo de
investigación en el Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco (IQUIMEFA,
CONICET-UBA) , desarrolla un apósito inteligente –en base a hidrogeles de
queratina- que al detectar contaminación bacteriana en la herida libera un
agente biocida (nanoparticulas de oxido de zinc) para evitar las infecciones.
Mantener las heridas
crónicas y las úlceras diabéticas protegidas de la actividad microbiana es
fundamental para prevenir posibles infecciones. Por ello es cada vez más
frecuente que los apósitos -que originalmente sólo apuntaban a proteger la zona
dañada de su exposición al ambiente y a absorber los exudados- incorporen
propiedades antibacterianas junto con otras cualidades que optimizan el proceso
de sanación del área lastimada y evitan el dolor.


María Emilia Villanueva, becaria posdoctoral del CONICET y
reciente ganadora de la Beca L’Oréal-UNESCO, integra un equipo de investigación
en el Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco (IQUIMEFA, CONICET-UBA)
que desarrolla un apósito inteligente –en base a hidrogeles de queratina- que
al detectar contaminación bacteriana en la herida libera un agente biocida
(nanoparticulas de oxido de zinc) para evitar las infecciones.
“Al haber mayor presencia de microbios se genera en la
herida un pH básico – es decir, mayor a 7- que hace que el hidrogel se hinche,
se ensanchen sus poros y se liberen las nanopartículas de oxido de zinc
alojadas en sus interior para liquidar las bacterias contaminantes. Cuando la
herida se encuentra limpia su pH es acido –menor a 7- por lo que el hidrogel se
desinflama, sus poros se estrechan y limitan el paso de las nanopartículas”,
explica Vilanueva.
Cuando diseñaron el producto, los investigadores se plantearon
la necesidad de que fuera sencillo de manipular, estuviera compuesto por
materiales biocompatibles y biodegradables y fuera económico. En resumen, que
fuera sustentable. En este sentido, obtuvieron la queratina a partir de un
tratamiento económico de cuerno de vaca (un residuo biodegradable de la
industria ganadera) realizado en el laboratorio y sintetizaron las
nanopartículas de óxido de zinc en un medio acuoso, lo que garantiza un bajo
nivel toxicidad.
“Por otro lado, estas nanopartículas, que tienen un tamaño
menor a 100 nanometros, son menos tóxicas para el ser humano que los iones de
plata -el agente bactericida más frecuentemente utilizado en este tipo de
productos- lo que permite cargar la matriz con mayores concentraciones de material
antibacteriano. A esto se suma a la ventaja de que al tratarse de materiales
inteligentes no se expone al paciente al agente bactericida si no hay
necesidad. Por otra parte, el proceso para obtener las nanopartículas de óxido
de zinc resulta más económico”, asegura Villanueva.
La mayor ventaja que ofrecen los apósitos en base a
hidrogeles es mantener la herida en un ambiente húmedo y facilitar una
cicatrización eficaz y menos dolorosa. Además, en este caso, el zinc –amén de
sus propiedades bactericidas- tiene la posibilidad de favorecer la migración de
queratinocitos -células predominantes en la epidermis- a la herida, lo cual
favorece la sanación.
“Estos materiales también son una alternativa a la
utilización de antibióticos locales que a menudo generan resistencias y
sensibilizan la piel” agrega la becaria.
En lo que hace a su proceso de manufacturación, Villanueva
destaca que, al no ser necesario el uso de tecnologías avanzadas ni de equipos
importados, es esperable que al momento de comercializarlos su producción pueda
realizarse enteramente en la Argentina. “Esperamos que este desarrollo pueda
ser tomado por alguna empresa de productos médicos para colocarlo en el mercado
y que así pueda llegar a la vida cotidiana de la gente”, concluye.
Fuente: CONICET