Bajó el miedo al VIH y los anticonceptivos hormonales ganan
terreno; cómo se reinventa el mercado de los condones.
"El VIH/sida se cayó de la agenda, ya no escuchamos
hablar del tema, como si se hubiera solucionado", afirma Miguel Pedrola,
subdirector para Latinoamérica y Caribe de AIDS Healthcare Foundation (AHF),
ONG que esta semana dio a conocer una encuesta que muestra que sólo el 14,5% de
los argentinos recurre al preservativo cada vez que tiene sexo. "Hace tan
sólo tres años, el porcentaje era el 35%, y el año siguiente fue del 25%",
agrega Pedrola, que señala como causas del retroceso la falta de políticas
públicas de prevención y la pérdida de conciencia en torno a lo que implica la
infección por VIH/sida: "los jóvenes de hoy no vivieron la época dura del
sida, por lo que infravaloran el tema", sostiene.
De los titulares que hablaban de la muerte de Rock Hudson o
de la de Freddie Mercury en manos del VIH/sida a la fecha, suficiente tiempo ha
pasado como para diluir la impronta de sentencia de muerte que se asociaba
entonces a contraer este virus. Y si bien es cierto que los actuales
tratamientos antirretrovirales permiten cronificar la enfermedad en la mayoría
de los casos, la epidemia sigue su curso y cada año se diagnostican unos 6500
nuevos casos.
"A pesar de que nos hemos acostumbrado, el VIH/sida
sigue siendo una epidemia que no está bajo control", recuerda Carlos Zala,
a cargo de la Dirección de VIH/sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del
Ministerio de Salud de la Nación. "Fuera del 1° de diciembre (que es el
Día Mundial de la Lucha contra el Sida), es muy dificíl hoy encontrar un lugar
en la agenda cotidiana para hablar de este tema", coincide Mar Lucas,
directora de programas de Fundación Huésped.
El no uso del preservativo incluso se verifica en el
crecimiento de nuevos casos de otras enfermedades de transmisión sexual (ETS),
como la sífilis o la gonorrea. Las estadísticas más recientes de los Centros de
Prevención y Control de las Enfermedades (CDC), de los Estados Unidos alertan
sobre los casi 20 millones de nuevas infecciones anuales sólo en ese país, en
su mayoría en personas de entre 15 y 24 años. Esos números se dan a la par de
una caída significativa del uso de preservativos en esta misma franja etaria.
En la Argentina, la situación es la misma: los jóvenes de
entre 15 y 25 años conforman uno de los grupos que experimentan un mayor
aumento de nuevos diagnósticos de VIH/sida. Para la médica ginecóloga y
sexóloga Sandra Magirena, "el aumento de las enfermedades de transmisión
sexual en los jóvenes responde a que si bien hay conocimiento sobre la
importancia del uso del preservativo, las estadísticas muestran que se usa
poco. Y en buena medida esto se debe a la no conciencia durante el momento de
la relación sexual asociada al consumo de alcohol y de drogas".
Al mismo tiempo, señala Magirena, hay un desplazamiento de
la búsqueda de herramientas para prevenir enfermedades de transmisión sexual al
pedido de métodos para evitar el embarazo: "las consultas de las mujeres
están ligadas a cómo evitar el embarazo. Las jóvenes solicitan métodos
hormonales, como las píldoras, que son los más difundidos. Pero también métodos
más modernos, como los anillos vaginales, los implantes subdérmicos o los
dispositivos intrauterinos de larga duración".
Lucas coincide en que hoy la búsqueda de métodos de
prevención del embarazo se antepone a los métodos de prevención de ETS:
"No vemos que haya interés en cómo cuidarse en la sexualidad, y sí en un
interés concentrado en la prevención del embarazo. En las parejas estables
queda afuera el uso del preservativo, aún cuando a veces 'estable' puede ser
sinónimo de una relación de dos semanas... Incluso están los llamados 'fieles
seriales': están en pareja, luego cortan, vuelven a estar pareja, y nunca se
cuidan porque mientras están en parejas son fieles. Pero nunca se habla de la
posibilidad de cuidarse por haber tenido parejas anteriores".
En síntesis, para Pedrola el razonamiento que hoy prima se
resume de la siguiente forma: "¿Para que voy a usar un preservativo si
para el VIH/sida hay tratamiento, si la sífilis o la gonorrea se curan con un
par de inyecciones y si para evitar el embarazo uso píldoras?". Las altas
tasas de embarazo adolescente, el aumento de las ETS (incluso de formas que son
resistentes a los tratamientos convencionales) y el constante número de nuevos
casos de VIH/sida parecen sugerir que la ecuación es (bastante) falible.
Te cuida y te divierte
"Los jóvenes, los millenials, tienen un acercamiento al
sexo completamente superador a las generaciones anteriores: lo viven como algo
completamente naturalizado", sostiene Felipe Kopelowicz, presidente de
Kopelko, firma que produce los preservativos Tulipán, y que durante 2006
experimentó una caída del 10% de sus ventas. "Pero esa naturalización
tiene un lado negativo, que es el hecho de no cuidarse; hoy el uso de
preservativo en los más jovenes cae significativo versus otras generaciones,
como las de los baby boomers".
Un reciente estudio realizado en los Estados Unidos por una
firma de condones halló que el 48% de los millenials no usa nunca o usa
raramente estos productos. Los CDC, por su parte, observaron una baja del 63%
al 57% del uso de preservativos en estudiantes secundarios norteamericanos en
la última década.
Ante este panorama, las firmas productoras de preservativos
apuntan a ofrecer sus productos ya no como elementos de protección -"no
nos podemos ubicar del lado de la prevención, porque eso aleja al consumidor de
nuestros productos", es el lema de la industria del látex-, sino como un
elemento más del repertorio de los juguetes sexuales.
"Buscamos en los jóvenes acercar los preservativos al
placer y a la diversión", agrega Kopelowicz. Los ejemplos están en la
góndola de la farmacia y del kiosko: "preservativos con diferentes sabores
para el sexo oral, o con diferentes formatos para generar más placer y
comodidad, tanto para el hombre como para la mujer. Para ellas, con texturas,
tachas, tántrico; para ellos, mucho más finos para que sientan más".
Pero si los jóvenes adoptan o no el uso del preservativo del
mismo modo en que suman a sus encuentros sexuales un sex toy es algo que
difícilmente se traduzca en un ejercicio consistente del cuidado de su vida
sexual. "El uso del preservarivo porque sí no creo que sea tan importante
-concluye Lucas-, hay que trabajar en un cambio cultural donde hablar sobre el
cuidado en la sexualidad sea una charla más cotidiana."
Fuente: Diario La Nación