A 100 años de su prohibición, se buscan respuestas sobre si
es adictiva, neurotóxica o inocua para la salud; ya hay evidencia positiva en
casos de epilepsia refractaria a otros tratamientos.
Salech es una de las fundadoras de Mamá Cultiva Argentina,
una ONG que integran unas 500 familias en el país con chicos que padecen
patologías para las que la medicina no tiene respuestas y que encontraron en la
marihuana una opción terapéutica que les ofrece una mejor calidad de vida.
"Gracias al aceite de cannabis, algunas pudimos descubrir la risa de
nuestros hijos y otras, recuperar la esperanza, que no es poco", afirma.
Salech y las familias de Mamá Cultiva, como pacientes con
dolencias como artritis, VIH/sida, cáncer, esclerosis múltiple, epilepsia
refractaria, estrés postraumático, Parkinson y Alzheimer, impulsan el creciente
interés que médicos e investigadores tienen en los efectos terapéuticos de esta
planta usada desde hace miles de años. "En diciembre de 2016, el Comité de
Expertos en Drogadependencia de la Organización Mundial de la Salud recomendó
realizar una revisión de la literatura científica para reevaluar los efectos
del cannabis -explica Marcelo Rubinstein, profesor de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales de la UBA, investigador del Conicet en el Instituto de
Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular y organizador de
las jornadas Cannabis Sapiens, que reunieron en el Centro Cultural de la
Ciencia a médicos, abogados, científicos y familiares de pacientes-. Esta
necesidad surge de admitir que la clasificación de la marihuana como una droga
de alta peligrosidad se hizo hace 100 años, sin los conocimientos científicos
actuales y antes de saberse que el nivel de daño del cannabis es menor que el
de drogas legales reguladas, como el tabaco y el alcohol."
Las investigaciones sobre sus componentes, sus efectos
psicotrópicos y sus virtudes medicinales se multiplican desde hace medio siglo.
Surgió un cúmulo de evidencias sobre sus posibles beneficios, que, entre otras
razones, llevó a cambios en las políticas regulatorias de Suiza, Portugal,
España, Holanda, Estados Unidos y Uruguay. Se necesitan más estudios para
reunir información concluyente sobre la mejor forma de administración, y la
seguridad y eficacia de su uso a largo plazo.
El uso medicinal de la Cannabis sativa es milenario. Los
primeros registros datan de 2700 a.C., en Oriente, y hasta los años 30 del
siglo pasado fue uno de los principales analgésicos. "Mucho antes de la
aspirina y los opiáceos, más fáciles de producir y distribuir, se hablaba de
sus efectos antiepilépticos y antiespasmódicos -precisa el psiquiatra Federico
Pavlovsky, integrante de la comisión directiva de la Asociación de Psiquiatras
Argentinos (APSA)-. En el siglo XIX, el psiquiatra Moreau de Tours se juntaba a
experimentar con Balzac, Baudelaire, Dumas, Gauthier y Victor Hugo en lo que se
llamaba el Club des Hachichins. En los últimos 100 años dejó de ser un remedio
y pasó a la ilegalidad."
Aunque en el país no hay estadísticas, se calcula que la
consume entre el 3 y el 4% de la población, de un millón a un millón y medio de
personas, con distintas frecuencias. Su encuadramiento como sustancia ilegal no
redujo su circulación, pero sí obstaculiza su estudio y las respuestas a los
interrogantes que plantea: ¿es adictiva? ¿Es neurotóxica? ¿Es la entrada a
otras drogas? ¿Puede inducir o potenciar manifestaciones psicóticas? ¿Qué
diferencias de costo/beneficio arrojarían su regulación, su prohibición o su
despenalización?
Sobre la primera pregunta, José Capece, psiquiatra
especialista en adicciones y docente de Salud Mental de la Facultad de Medicina
de la UBA, es terminante: "Se constató que es adictiva. Incluso está
descripta la abstinencia. Pero el potencial adictivo es muy bajo: mientras el
del tabaco ronda el 32%, el de la marihuana es de casi un 9%."
El síndrome de abstinencia se manifiesta por una intensa
sensación de aburrimiento, que es una variable de la angustia, trastornos
incisivos del sueño, corrimiento del ritmo circadiano (los pacientes se duermen
y se levantan tarde) y pérdida del apetito. Entre las vulnerabilidades que
favorecen la dependencia figura el déficit de atención, una condición frecuente
que padece cerca del 10% de la población general. "Esas personas tienen
una alta probabilidad de hacerse adictas porque el cannabis les genera una
sensación de confort", dice Capece.
"No es inocua, ninguna sustancia lo es -destaca
Rubinstein-. Por eso es importante conocer sus niveles de peligro y sus
potenciales beneficios." Nuestro cerebro, agrega, posee un sistema de
"endocannabinoides" (neurotransmisores similares a las sustancias
activas del cannabis). "Si tomáramos el cerebro de cualquier persona y
extrajéramos los cannabinoides endógenos, tendríamos entre 5 y 10 cigarritos de
marihuana -ilustra-. Fabricamos compuestos que desde el punto de vista químico
son un poco diferentes del THC, pero que desde lo farmacológico son idénticos;
actúan sobre los mismos receptores cerebrales. Estos endocannabinoides actúan
en lugares precisos del cerebro, son elaborados a demanda cuando un área está
muy activa. Pero así como se liberan en cantidades importantes, rápidamente se
degradan. En cambio, cuando uno consume productos de cannabis, éstos ingresan
en todo el cerebro y tienen una vida media mucho más prolongada."
La interferencia de los cannabinoides de la planta con los
del organismo cuando el cerebro está en desarrollo, como ocurre en la
adolescencia, es peligrosa, especialmente si se hace de manera frecuente y en
altas dosis, subrayan los investigadores. "Incluso sin llegar a la
adicción, en la adolescencia el consumo es perjudicial -destaca Capece-. Puede
alterar el desarrollo normal del cerebro en determinadas funciones
neurocognitivas: por ejemplo, en la memoria, memoria de trabajo y coeficiente
intelectual."
Coincide Rubinstein: "Un adolescente que todos los días
fuma uno o dos cigarrillos de marihuana hipoteca su futuro. Los cannabinoides
participan de muchas señales que tienen que ver en cómo se integran las
neuronas en las diferentes redes. En adolescentes altos consumidores, puede
producir daño irreversible".
La marihuana tiene más de 700 moléculas, algunas de las
cuales son potencialmente activas. La más conocida es el THC, que es
preponderantemente psicoativo. Otros, como el CBD, mostraron tener acción
ansiolítica. Se cree que produce una modificación del umbral convulsivo en
algunas epilepsias.
Uno de los médicos que más investigan los efectos del
cannabis en niños es el neurólogo pediátrico Carlos Magdalena, del hospital
Ricardo Gutiérrez. "El interés por su uso terapéutico explotó como demanda
social en 2010 -explica-. Hay 45 aplicaciones demostradas fehacientemente. En
epilepsia refractaria a los anticonvulsivantes, se obtuvo hasta un 79% de
mejoría de las crisis sustanciales, más de 50% de mejoría en encefalopatía
epiléptica. Mejora del estado cognitivo, el sueño, la conexión social, la
capacidad de adaptación y la calidad de vida de toda la familia. Se usó en
inmunología, en dolor... En autismo, se vio un despertar afectivo, visual,
social y cognitivo."
Quedan muchos desafíos por afrontar. Para la médica uruguaya
Raquel Peyraube, especialista en políticas de drogas, es importante tener en
cuenta que los efectos pueden variar por la proporción y concentración de las
sustancias que contiene, por la vía de uso (en comidas, por inhalación, en
comprimidos, en aceite, en friegas), por el estado del sujeto y por el contexto
en que se emplee.
"Tenemos que empezar con dosis muy bajas y ajustar la
prescripción a la medida del paciente -subraya Peyraube-. Vamos a tener que
cambiar los sistemas nacionales de salud; en siete minutos de consulta no se
puede hacer." Otro problema es certificar los cultivos y someter las
preparaciones a las reglas de buena manufactura. "El 80% de las
preparaciones de los Estados Unidos están contaminadas con pesticidas,
solventes, fungicidas, metales pesados o microorganismos -dice Peyraube-. Los
productos deberán presentarse debidamente etiquetados, describiendo el
contenido, la composición, las advertencias y precauciones."
La investigación de sus aplicaciones terapéuticas es un
mundo por explorar. "Convivimos con las drogas y tenemos que saber cómo
funcionan y cómo relacionarnos con ellas -concluye Rubinstein-. Así como
entramos a la farmacia y están llenas de drogas reguladas, pero que pueden
hacernos mal, hay otras que hoy están prohibidas y que tendremos que saber
manejar. Ocurrió con el alcohol, y es un problema que no podemos controlar...
Como sociedad tenemos que seguir aprendiendo cómo relacionarnos con el mundo
que nos rodea, el natural y el fabricado por nuestra cultura."
Posibles usos medicinales
- Alivio del dolor
- Reducción de la inflamación
- Estimulación del apetito
- Reducción de vómitos y náuseas
- Anticonvulsionante
- Antiespasmódico
- Inducción del sueño
- Modulación del sistema inmune
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Farma