Ya sea por dificultades en el acceso a alimentos de calidad
nutricional o bien por falta de información o deficiencias en la planificación
familiar, la malnutrición afecta a los niños y niñas de cero a cinco años,
independientemente de su condición social o niveles de ingresos. El análisis de
especialistas y las redes sociales como multiplicadoras de la campaña
#noalaobesidadinfantil.
Asimismo, se entiende por obesidad infantil la presencia de
sobrepeso en niños de entre cero y cinco años. Esta problemática es una
consecuencia de la malnutrición, es decir, del desarrollo de una dieta no
equilibrada que puede generar, en el caso contrario, desnutrición (crónica o
aguda).
Hasta aquí, no más que "acomodar" cada pieza en su
casillero. Saber quién es quién en la historia.
Ahora bien, según datos publicados por la Organización de
las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas
en inglés) en su último Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en
América Latina y el Caribe, la Argentina tiene un porcentaje de obesidad
infantil de 9,9% y le siguen Perú con un 9,8% y Chile con un 9,5%.
En el país, la última fuente oficial sobre este tema es la
Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) de 2012. Según datos de la
encuesta analizados por el Centro de Implementación de Políticas para la
Equidad y el Crecimiento (Cippec), la malnutrición afecta diferencialmente a
los niños y niñas de cero a cinco años dependiendo de su nivel de ingreso: en
hogares indigentes el 3,1% de los niños padece bajo peso y el 9,1% sobrepeso;
mientras, en los hogares no pobres, un 1,5% tiene bajo peso y un 11,8%
obesidad.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación para 2012
(último dato disponible), el 30% de los niños y niñas de edad escolar (de 13 a
15 años) tiene sobrepeso y el 6%, obesidad. En el mismo informe se afirma que
el 50% consume dos o más bebidas azucaradas por día y que sólo un 17,6% consume
cinco porciones diarias de frutas y verduras.
Ante este panorama, y consultada por Infobae, la médica
sanitarista Victoria Cavoti (MN 111677) analizó cuatro escenarios que coexisten
en esta problemática.
"Lo que observamos son niños de clase media con una
amplia oferta de comida industrializada y baja planificación acerca de qué comen,
cómo y cuánto comen por parte de los padres, por falta de información, tiempo y
otros factores -comenzó a describir Cavoti-. En el otro extremo, vemos niños
que viven en familias de bajos recursos, con escaso acceso a macronutrientes
esenciales como leche, carne rojas, aceites de calidad, huevos, verduras,
frutas y fundamentalmente a agua potable, que llenan sus estómagos con calorías
vacías".
Para ella, este segundo grupo no se alimenta, "engañan
el hambre y generan saciedad".
En el medio, la experta observó "menúes paupérrimos y
poco amables con la infancia" en los comedores de las escuelas.
"Muchos niños van al colegio a comer, además de aprender, y no puede desconocerse
que aquellos que no cuentan con alimento de calidad en sus casas no lograrán el
mismo rendimiento escolar que los que sí tienen una dieta nutrida, aumentando
así, más aún, la brecha", analizó Cavoti.
Y para el final, el cuarto grupo está compuesto -según la ex
coordinadora del Programa de Atención Primaria del Ministerio de Salud- por
"niños con una malnutrición, casi desnutrición, producto de dietas veganas
y restrictivas que son impartidas por sus padres, muchas veces sin un
acompañamiento profesional, que puede llevar a la desnutrición
calórico-proteica, anemia y al déficit de vitamina B12 con daño del sistema
nervioso".
Según datos de UNICEF Argentina, a medida que aumenta la
edad, la obesidad muestra mayor prevalencia entre los niños de 11 a 17 años de
hogares más pobres: tienen 31% más de probabilidad de ser obesos que los de
hogares más aventajados en la escala social. "Entre los factores que
explican esto se incluyen tanto el mayor consumo de macronutrientes y calorías
vacías, como el menor acceso a oferta pública y accesible a espacios de
recreación, lo que fomenta el sedentarismo entre los adolescentes",
justificó José Florito, coordinador del Programa de Protección Social de
Cippec.
A nivel regional, según el documento de la FAO, el sobrepeso
en menores de cinco años afecta al 7% de los niños de América Latina y el
Caribe, ubicándose por encima del 6% de los niños con sobrepeso en el mundo.
"La obesidad infantil tiene como consecuencias
enfermedades crónicas graves y discapacidad", destacó Cavoti, al tiempo
que consideró que "el tema debe ser abordado en forma conjunta y
articulada por dos ministerios: el de Salud y el de Educación, para luego
enviar directivas y planificación estratégica a diferentes efectores locales a
lo largo y a lo ancho del país".
Y ahondó: "Además de garantizar el acceso al alimento
de calidad y al agua de nuestros niños, educar a docentes, padres, trabajadores
de la salud, personas que manipulan alimentos y a los propios menores es
fundamental para lograr hábitos saludables".
"Cuando se brinda información de calidad a la comunidad,
respetando la idiosincrasia de cada sector (escuela pública, privada, pueblos
originarios, comedores y merenderos de las villas y barrios carenciados, clase
media, etc.) se logran resultados satisfactorios", subrayó.
Consultada sobre cuál cree que es la manera de revertir la
situación local, Cavoti consideró que "para empezar, se debería entender a
la obesidad infantil como la punta del iceberg de un problema social, que
incluye fácil acceso a la comida chatarra, poca información nutricional, baja
disponibilidad de alimentos de calidad y agua potable, sumada a otras
cuestiones como las escasas horas cátedra de nutrición y alimentación que posee
un médico en las universidades y la abundante publicidad de productos de pésima
calidad nutricional".
"Además, es necesario el trabajo y abordaje del tema
entre sociedad civil, Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Social y
Educación y organismos que protegen la infancia -observó-. Y poner en agenda el
derecho básico de un niño al alimento de calidad y al agua por parte del
Estado".
Y finalizó: "Se debe investigar en forma exhaustiva y
objetiva qué comen nuestros niños en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires,
la provincia de Buenos Aires y el resto del país e implementar políticas
públicas de educación en alimentación saludable para escuelas, docentes y
familias".
#Noalaobesidadinfantil, una iniciativa que invita al
compromiso
Vegetariana desde muy chica, abogada exitosa y soñadora
innata, Jessica Lekerman decidió en 1999 emprender junto a su hermana un viaje
a Nueva York con el objetivo de estudiar en una escuela de cocina saludable la
carrera de Healthy Food.
De a poco, sin querer queriendo, se fue alejando de la
abogacía y se convirtió en cocinera. Sí, se convirtió. Ella fue quien
"refundó" su propia vida. Después vino todo lo demás: el restaurante
propio -Möoi, el primero en el barrio de Belgrano, donde nació-, las clases de
cocina, el canal Gourmet, etc., etc., etc. Es que Jessica es "un alma
inquieta", como ella misma se define.
Y en ese no quedarse quieta, fue que luego de leer una nota
periodística sobre los índices de obesidad en la Argentina, donde decía que el
país ocupaba el puesto número uno en la región, decidió ponerse en acción.
Ninguna madre busca
dañar a su hijo, pero tanto la que manda en la mochila una galletita de más
valor como la que le da una más económica, le están dando algo que no le hace
bien
"Mi primera reacción fue de shock. Hace muchos años que
me dedico a la alimentación saludable y cuando leí eso fue casi un baldazo de
agua fría. Yo sentía que se estaba yendo en un camino de mejorar la
alimentación; de hecho, cuando yo empecé en este mundo no se conseguían
determinados productos, no había tantas dietéticas, pero cuando leí eso me di
cuenta de que mi percepción no era correcta". Así contó Lekerman a Infobae
cuál fue el disparador de #noalaobesidadinfantil, la campaña que lanzó en sus
redes sociales y que se convirtió en una cruzada que hoy inspira a otros.
"Creo que lo que hace Jessica tiene un valor
fundamental en la visualización del problema y el brindar herramientas a la comunidad",
destacó Cavoti, quien resaltó que "cuando fueron dados a conocer los
números sobre obesidad infantil, muchos cocineros se alarmaron y emitieron su
opinión pero fue ella quien se arremangó la camisa y se puso en acción".
"Me preocupé por hablar con gente del Ministerio de
Salud, me senté con la gente de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC)
Argentina para corroborar los datos que había leído", comenzó a relatar
Lekerman.
Y tras resaltar que esa, la de involucrarse, era una faceta
suya que no había mostrado nunca, pero que venía desarrollando hace tiempo
(yendo a comedores y colegios a dar clases), Lekerman contó que siempre lo
había hecho desde su rol de madre y cocinera.
"En ese camino empecé a notar que no tenía tanto que
ver con falta de recursos económicos, sino con una conjunción de vulnerabilidad
económica y de conocimientos -analizó-. Los responsables siempre somos los
adultos, que somos los que les damos el alimento a los niños".
"De repente me encontraba con una mamá de bajos
recursos con un bebé con una mamadera que en su interior tenía bebida cola y me
puse a pensar que en realidad no es muy diferente de lo que hace un madre de
más recursos que pone la botella de cola en la mesa familiar", reflexionó
Lekerman, y destacó: "Partiendo de la base de que ninguna de ellas lo hace
de mala fe, entendí que tanto la mamá que pone galletitas de más valor en la
mochila para el recreo como la que le manda a su hijo una más económica le dan
algo que no le hace bien".
La cocinera vio que, por un lado, existía un sector
vulnerable y por otro, uno que, teniendo acceso a los recursos y a la
información, no sabe o no puede llevarla a la práctica.
El 10 de febrero, ya con más datos en mano y habiéndose
hecho de información, decidió hacer un posteo en su cuenta de Instagram.
"No sé si lo pensé en ese momento en términos de campaña, y si bien soy
naturalmente una persona positiva, en este caso sentí que primero había que dar
los datos duros, informar que algo estaba pasando y todos éramos
responsables".
"Son nuestros hijos, serán adultos con una mayor
predisposición a enfermedades, si ya no las tienen desde pequeños",
profundizó Lekerman, para quien "el tema está en la mesa, en qué hacemos,
cómo mejoramos". "Yo también trabajo y paso muchas horas fuera de mi
casa, y me sirve, por ejemplo, planificar los menús semanales", incentivó
la cocinera, que hoy, sí, convirtió su iniciativa en una manera de "darle
herramientas a la gente, no una bajada de línea tajante porque de ese modo no
se genera empatía".
Bajo el lema #noalaobesidadinfantil, Lekerman comparte a
diario recetas saludables, planificación de viandas para los niños e invita a
sus seguidores a contar sus historias y recetas. Además, en las últimas
semanas, invitó a mujeres famosas en las redes sociales a que le cuenten qué
hacen en su vida real respecto a la comida.
"Armo menúes semanales inspiracionales, para que cada
uno adapte a sus gustos, su familia; el objetivo es empoderar a los
padres", contó. Y animó a otras madres a hacer lo mismo: "Quizá al
principio cuesta organizarse y cocinar para una semana por adelantado, se puede
empezar planificando de a dos días, después siete, y un día estás cocinando
para todo el mes".
La lucha de Lekerman es acompañada por un grupo de cocineros
con pequeñas cuentas en redes sociales, que también brindan talleres a las
familias, como Marina Quiroga de @yococino.oficial, Sergio Teruel de
@cocinandoconteru, Carina Kunis de @tastyblend_by_carinakunis, Julieta Guise de
@nutricionaupa, entre otras madres, abuelas, nutricionistas y demás
profesionales de la salud.
"Mi única finalidad es la de concientizar, despertar en
las personas el interés por la alimentación saludable", reflexionó la
cocinera, quien a modo de cierre pensó una analogía que ayuda a razonar el
curso que debería tomar este asunto: "Había una época en la que no había
restricciones al cigarrillo, la gente fumaba en lugares cerrados, oficinas,
locales de comida y luego de que empezaran a difundirse los efectos del
tabaquismo en la salud, de a poco empezamos a animarnos a pedirle al de al lado
que apague el cigarrillo. El movimiento empezó a ser de las personas, antes de
que existiera una ley. Lo que creo es que poco a poco debemos abrir las puertas
para que estos temas sean escuchados, que cada vez se difunda más ayudará a que
el día de mañana haya medidas más estrictas en alimentación, que incluyan por
ejemplo reglamentaciones en la publicidad o impuestos a las bebidas
azucaradas".
Lekerman es la cara visible, la que marca la agenda, podría
decirse, pero el paso que necesariamente debería seguir deberá ser articulado
entre la sociedad civil, los organismos de protección al menor, gobiernos y
poder legislativo.
Fuente: Diario Infobae - Ver más sobre Obesidad