La Secretaría de Salud y el Ministerio de Producción buscan
acordar el modelo que se incluirá en el frente de los envases.
En Argentina, más del 60% de la población está excedida de
peso. Una realidad que no desentona en el contexto mundial, en el que el
crecimiento acelerado del sobrepeso y la obesidad marca una de las prioridades
a atender en materia de salud pública y que obliga a los Estados a trabajar en
el diseño de planes para, al menos, frenar el avance. En ese marco se inscribe
una de las iniciativas sobre la que intentan llegar a un acuerdo las Secretarías
de Salud y el Ministerio de Producción: el etiquetado frontal de alimentos.
Hace un año, los ministros de Salud del Mercosur se
comprometieron a avanzar en la inclusión en el frente de los envases de
alimentos de una declaración de nutrientes críticos como sal, azúcares, grasas
y la densidad energética (calorías). El cómo hacerlo es lo que divide las
aguas. Advertencia o información son los modelos en pugna y todo indica la
discusión se zanjará con el alumbramiento de un modelo híbrido que incluya ambos
componentes.
"Empezamos hace relativamente poco tiempo un diálogo
con el Ministerio de Producción para alcanzar un modelo de etiquetado que
considere varias perspectivas: por un lado que sea informativo, que informe a
la población sobre los contenidos de los diferentes nutrientes críticos (que
pueden ser perjudiciales cuando se consumen en exceso) y que cuando se excede
el porcentaje de ese nutriente aparezca alguna advertencia sanitaria",
sostuvo en diálogo con Clarín el secretario de Salud Adolfo Rubinstein.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) propicia la
adopción del sistema de advertencias que Chile implementó en 2016, conocido
como de "sellos negros" que alertan "de forma directa al
consumidor si el producto contiene cantidades excesivas de azúcar, grasas
totales, calorías y/o sodio". Con algunas diferencias, el modelo chileno
fue incorporado por Perú (con colores rojo, blanco y negro) y a través de un
decreto firmado por el presidente Tabaré Vázquez el año pasado, Uruguay también
se pronunció a favor de incorporar un sistema similar, que se implementará a
partir de 2020.
Esa decisión fue cuestionada por la industria. Los
productores de alimentos rechazan el modelo de sellos u octógonos negros y
buscan avanzar en uno consensuado dentro de la unión de países que privilegie
la información y no la advertencia. La Coordinadora de Industrias Alimenticias
del Mercosur (CIPAM) emitió hace dos semanas un comunicado en el que "confirma
su compromiso con la construcción de una propuesta regional que considere la
importancia de intercambio comercial y asegure al mismo tiempo resultados
efectivos para la promoción de hábitos saludables y la reducción de la obesidad
y el sobrepeso en la población".
Rubinstein cree que antes de fin de año se llegará a un
acuerdo. "Estamos avanzando en un modelo de etiquetado que considere ambas
cosas. Había mucha resistencia al modelo chileno. Por otro lado, había otros
modelos de etiquetado que no han funcionado adecuadamente, como son los
semáforos, el GDA de colores", explicó. En la región, Ecuador y Bolivia
adoptaron esos etiquetados que utilizan el rojo, el verde y el amarillo para
clasificar en alto, bajo y medio los niveles de azúcar, grasa y sal contenidos
en el producto. Según el titular de la Secretaría de Salud, los modelos de tipo
semáforo generan confusión al momento de compra. "Los estudios que se
están haciendo acá demuestran que los etiquetados de advertencia son siempre
superiores", apuntó.
El GDA informa porcentajes recomendados de consumo diario de
energía o nutrientes en una porción o en un producto. Rubinstein señaló que se
está avanzando en un GDA monocromático "que da información más clara y
concisa al consumidor en el momento que va a comprar, y cuando un producto se
exceda en alguno de los nutrientes, también aparecería un sello rojo, por
ejemplo". El color de la advertencia no será el negro, como el
implementado en Chile. No obstante, aclaró que el proceso de negociación
continúa abierto.
Un documento elaborado por el Ministerio de Producción -bajo
cuya órbita se encuentra la Secretaría de Agroindustria- publicado en octubre,
durante el proceso de análisis interministerial, concluye que "nunca debe
perderse de vista que la información que figura en los rótulos de los envases
es el principal medio de comunicación entre quien elabora el producto y quien
lo elige para alimentarse. En consecuencia, todos los consumidores tenemos
derecho a estar adecuadamente informados sobre el alimento que adquirimos".
"Nosotros tenemos la perspectiva de lo que implica esto
desde la salud pública, en la promoción de la alimentación saludable para
prevenir la obesidad y las enfermedades que surgen del consumo de cantidades
exageradas de sal, grasas o azúcares. Pero la realidad es que la industria
alimentaria también tiene otra perspectiva y este es un proceso de negociación.
Estamos tratando de conciliar un modelo de etiquetado que dé cuenta tal vez no
de todo lo que nosotros quisiéramos, pero que dé una fuerte pauta de un camino
que empieza", afirmó el secretario de Salud para quien el etiquetado no es
sólo un mensaje dirigido al consumidor, sino también a la industria "para
que empiece a pensar en la reformulación de sus productos". No obstante,
aclaró que "muchas empresas líderes ya lo están haciendo sin que haya un
etiquetado mandatorio".
“Vemos con desconcierto el anuncio ya que la comunidad
internacional ha reconocido la ineficacia del sistema GDA. Inclusive, la propia
Secretaría de Salud de Nación ha presentado estudios que demuestran que el
sistema de advertencias es superior a todos los demás”, señaló Belén Rios,
codirectora ejecutiva de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC)
Argentina. “Nos preocupa que se avance con una política pública que desconoce
las recomendaciones internacionales, que favorece a los intereses corporativos
y mantiene un contexto desfavorable para prevenir la obesidad. No quedan dudas
sobre cuál es el camino a seguir si se busca promover efectivamente hábitos
saludables en la población”, agregó.
Desde FIC enfatizan que el sistema sobre el que se está
avanzando "no tiene antecedentes, carece de soporte científico y no ha
sido implementado en ningún país".
Para Sergio Britos, profesor asociado de la Escuela de
Nutrición de la Universidad de Buenos Aires y director del Centro de Estudios
sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), el modelo de
advertencias "lo único que hace es advertir lo que es malo, pero no dice
nada de lo que no es malo y eso se vincula con nuestra dieta poco
saludable". Entre dos galletitas, ejemplifica, no permite discriminar cuál
tiene mayor aporte de fibra, para ayudar en la decisión del consumidor.
"En lo que hace a consumo de alimentos, en Argentina
tenemos bastante evidencia de que los más impactados por los etiquetados -que
obviamente son los más procesados y que no superan el 28% de la dieta- no son
la causa más importante de alimentación poco saludable que tenemos en el país.
Acá lo que más incide son los bajos consumo de alimentos de buena calidad
nutricional como hortalizas, frutas, lácteos, legumbres y algunos productos
procesados que tienen buena calidad nutricional", afirma el especialista,
que es favorable al modelo Nutri-Score, que consiste en una escala de cinco
colores, que va del color verde (que se corresponde con la letra A) hasta el
rojo (con la letra E), en la que el verde representa lo más saludable y el rojo
lo menos saludable.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Alimentación