Experimento de expertos del Conicet y la UNC. Lo hicieron voluntarios en Córdoba, controlados por médicos.
Lograron alimentarse con la plata que, en teoría, permite no ser indigente.
Pero bajaron hasta 6 kilos y se sintieron pésimo.
En más de tres décadas de uso de la CBA en el país, nunca
nadie había hecho la prueba de comerla. Desde septiembre, eso es lo que están
haciendo científicos del Conicet y de la Escuela de Nutrición de la Universidad
Nacional de Córdoba. En un experimento inédito, al que bautizaron “Proyecto
Czekalinski” en homenaje a una tapa histórica de la revista Times, tres
voluntarios pasaron a comer sólo la CBA, otros tres empezaron a comer según las
guías de alimentación sana del Ministerio de Salud y un tercer grupo “de
control” siguió como antes.
La prueba es por seis meses, con chequeos médicos
constantes, y se repetirá en marzo con otras nueve personas. Falta bastante
para que termine, pero a tres meses y medio del inicio, ya arrojó claros
resultados.
¿Lograron los que siguieron la “dieta Indec” que la plata
les alcance para comprar la CBA? Sí. ¿Pasaron hambre? No. Pero para eso,
cuentan, debieron comprar sólo las opciones más baratas de cada góndola y
dedicar una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo a cocinar y planificar cada
día cómo racionarlos. Por otro lado, su salud resultó muy afectada.
“Yo bajé casi casi 6 kilos. Las otras dos chicas bajaron 5 y
3 kilos. En los análisis, nos dieron altos los colesteroles, los triglicéridos
y el azúcar en sangre. El magnesio y la vitamina B12, en cambio, nos bajó. Y
tuvimos síntomas de deshidratación: nos sentimos embotados”, contó a Clarín
Martín Maldonado (45), el investigador del Conicet experto en Pobreza e
Inclusión Social que coordina el proyecto y además “puso el cuerpo”.
“Empecé a sufrir acidez y me dio alta la trigliceridemia:
pasó de 152 a 210. Eso no es bueno... si sigue así, tendré que dejar la prueba,
porque mi salud empezaría a estar en riesgo”, añadió.
Las que sí debieron bajarse antes de tiempo, este mes y por
consejo médico, son Claudia Albrecht (39) y Florencia Demarchi (30), ambas
nutricionistas. Fue porque quedaron al borde de tener un peso demasiado bajo,
que las pondría en riesgo de empezar a perder masa muscular o sufrir anemia y
osteoporosis.
A una se le alteró el ciclo menstrual. Decaimiento crónico y
alteraciones del sueño fueron otros signos de alerta. Pero también la decisión
de decir "basta" se debió al fuerte malestar psicológico que
arrastraban, expresado en síntomas como mal humor, irritabilidad y desgano.

Los que se alimentaron de forma sana, en cambio, mejoraron
en todos los aspectos: también bajaron de peso, pero "se sienten muy
bien". Uno incluso dejó de roncar, contaron.
“Al tener las cantidades tan restringidas, hay que estar
todo el tiempo pensando y planificando cómo arreglarte. Qué te queda y cuánto,
qué vas a comer mañana, sin poder elegir, sin poder darte un gustito a solas, o
con amigos, o invitando a tu pareja. Se pierde todo el aspecto hedónico de la
comida. Llega un punto en que todo eso te pone de muy mal humor. Es agotador”,
contó Maldonado.
Y ejemplificó: “Tenés menos de una fruta al día. Casi no hay
legumbres. Los casi dos kilos de pollo del mes no son de pechuga ni de
pata-muslo, sino alitas y rancho, que casi no tienen carne. No hay asado ni
vacío, sino hueso con carne, que es pura grasa. La leche es aguada. Todo así”.
Matías Scavuzzo, coordinador del grupo de Nutrición del
proyecto, define a la CBA como una lista hecha “sólo para ponerle un precio,
para sobrevivir en una catástrofe”.
“Sacia el hambre, pero hace mal. Además del problema
psicosocial de no poder decidir libremente qué, cómo y cuándo comer,
alimentarse así genera a largo plazo malnutrición mixta. Acá los voluntarios
perdieron peso porque venían de un estado óptimo. Pero quien lleva años
comiendo así lo que empieza a consumir ya no es su masa grasa, sino la magra,
los músculos. Y surgen cuadros de desnutrición ocultos en cuerpos obesos”,
sumó.
Según Maldonado, la prueba lleva a cuestionar que la CBA
siga siendo la única herramienta en uso para medir oficialmente la pobreza y la
indigencia. "La motivación primera de todo esto no fue científica, sino
humana. En Argentina, la estadística dice que hay 3.460.280 indigentes, un
número que no puede redondearse. Lo que hicimos como investigadores fue poner
el cuerpo para ver qué está pasando con ellos y dejar en evidencia que el único
indicador oficial que tenemos sobre esta situación se mide de un modo
insuficiente y obsoleto", afirmó.
“La CBA se conformó en 1985 preguntándole a gente del
segundo y tercer decil más pobre del GBA qué comía cotidianamente. Tomaron eso
como las pautas de consumo cultural de la población argentina, y ahí quedó. Se
implementó en 1988 y desde entonces sólo tuvo actualizaciones mínimas. Pasaron
gobiernos de todo el arco ideológico, y ninguno cambió eso”, criticó Maldonado.
Y opinó que lo que debería tomarse es el costo de una canasta saludable.

En octubre, la Escuela de Nutrición de la UBA calculó que
llevar una dieta sana costó un 68% más que comprar una CBA. Según otros
relevamientos, esa brecha incluso supera el 70%. Si el parámetro fuera ese,
según Maldonado, la pobreza no le daría al Indec 35,4%, sino más del 50%. Y la
indigencia, en vez del 7,7% informado para el primer semestre, superaría el
10%.
El Proyecto Czekalinski, apoyado también por el diario local
La Voz del Interior, tiene ya un programa propio de TV y está logrando una
fuerte repercusión local e internacional. Cuentan que ya recibieron, por
ejemplo, invitaciones para replicar la experiencia en México y en Colombia. Lo
que aún les falta es dinero para solventar las canastas y los viáticos. Para
eso, están pidiendo aportes a través del sitio DonarOnline.org.
“Terminás harta de tanto pan y de no poder elegir”
Fueron tres meses los que pasaron Claudia Albrecht y
Florencia Demarchi comiendo la Canasta Básica de Alimentos (CBA), pero les
pareció una eternidad. Al inicio, les costó muchísimo tiempo, cálculos y
esfuerzo organizarse para que la comida les alcance. También debieron
habituarse a comer cosas que no les gustaban. Y de ciertos alimentos, como el
pan, terminaron hartas. Tanto que ambas dicen no haber vuelto a comerlo una vez
que, por consejo médico, abandonaron el experimento.
“Comía entre 200 y 250 gramos por día, el pan me cansó”,
contó Demarchi, que es docente de Nutrición. Durante la experiencia, por
ejemplo, desayunaba y merendaba café con leche, pero “con mitad de agua, para
que alcanzara la leche para todo el mes”. De almuerzo, se hacía sandwiches de
pollo. Y de noche, muchos fideos, papas y arroz, con algo de carne.
“Todo lo cocinaba yo y no podía hacer comidas extra”, aclara
quien empezó con 60 kilos y terminó en 55, sintiéndose débil y cansada, y con
sensaciones de “enojo, frustración, malestar e irritabilidad” que atribuye a no
poder elegir qué comer. “Yo no siempre notaba eso, pero mi entorno sí. También
lo flaca que estaba: me veían y me preguntaban qué me pasó”. “Me sentí
vulnerable”, resumió.
“Lo que chocaba era la sensación permanente de limitación.
Saber que, si comía algo de más, no iba a llegar a fin de mes”, contó Albrecht,
una nutricionista e investigadora que también terminó al borde de caer en bajo
peso.
Lo que debió hacer para poder seguir la “dieta Indec”,
explicó, fue dedicar todo el fin de semana a cocinar, armar viandas y
congelarlas.
“Por lo monótono y limitado, por no poder elegir, comer se
volvió trabajoso, agotador, aburrido, irritante... un problema más -definió-.
Llegaba cansada a mi casa y, si tenía que cocinar, me daban ganas de largarme a
llorar.”
“Pude comer con esa plata, pero fue desde un lugar de
privilegio”, destacó Albrecht. Y amplió: “Ser nutricionista me dio herramientas
para saber cómo combinar y preparar esos alimentos, también pude tener todo el
dinero disponible al inicio del mes para comprar, y estuve en un contexto de
clase media con mucha contención de mi entorno, tiempo disponible para
dedicarle al tema, gas de red en vez de garrafa, freezer, utensilios... En un
contexto de alta vulnerabilidad, esas condiciones es muy difícil que se den”.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Nutrición