En 2019, el 40 por ciento de las muertes por dengue en
Centroamérica se concentraron en Honduras.
Más de 400 personas murieron el año
pasado cuando una de las peores epidemias de dengue jamás registradas se
extendió por Centroamérica —un tipo de brote que algunos científicos y
funcionarios de salud pública advierten que es probable que se vuelva más
frecuente y generalizado debido al cambio climático.
En Honduras, que representó más del 40 por ciento de las
muertes por dengue en Centroamérica el año pasado, según la Organización
Panamericana de la Salud, los efectos del cambio climático han sido agravados
por la disfunción gubernamental, el caos político y la desidia pública.
El año pasado, el país tuvo más de 107.000 casos de la
enfermedad —más de 13 veces la cifra registrada en 2018— y al menos 175
muertes.
El dengue es transmitido por un tipo de mosquito llamado
Aedes, que abunda en zonas urbanas de las regiones tropicales y subtropicales
del mundo. Decenas de millones de casos ocurren cada año en más de 100 países,
y los síntomas incluyen fiebre, hemorragia interna y shock.
Funcionarios de salud de Honduras ubican el origen de la
epidemia en el otoño de 2018. Una emergencia de salud declarada en julio de
2019 por el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández se mantiene en
vigor.
El brote azotó en un momento de turbulencia política, con
manifestaciones callejeras violentas contra Hernández y llamados a su
destitución. La nación también sufre de altos índices de homicidios y pobreza
generalizada.
El brote de dengue se ha topado con poca resistencia de un
sistema de salud pública destrozado por recortes presupuestarios y corrupción.
Los programas creados para detectar brotes de enfermedades
transmitidas por mosquitos son ineficaces. Las instalaciones médicas del país
no tenían capacidad de manejar las demandas normales de la nación, mucho menos
una epidemia.
La epidemia ha sido particularmente brutal en el norteño
Departamento de Cortés, el corazón industrial de Honduras.
Cortés se convirtió en una especie de motor de la crisis
nacional, dijeron funcionarios, mientras su numerosa población migratoria de
trabajadores de fábrica contribuyó a propagar la enfermedad a otras regiones en
visitas a casa, explicaron los funcionarios.
Wendy Carcamo, quien vive en la región, dijo que sabía poco
sobre la epidemia el año pasado. Luego, en febrero, su hijo Jostin Pineda, de 7
años, cayó enfermó.
En los días posteriores, la enfermedad de Jostin fue mal
diagnosticada por médicos en tres clínicas privadas, señaló Carcamo. El último
doctor remitió al niño al principal hospital público de la región. Pero para
entonces la enfermedad estaba muy avanzada y el menor murió a la mañana
siguiente.
“Como madre de familia, estaba mal preparada”, expresó
Carcamo. “Y como médicos, ellos estaban mal preparados”.
Dinorah Nolasco, la directora de salud regional en Cortés,
admitió que uno de los factores principales que contribuyen a la propagación de
la epidemia es la escasez de personal capacitado. Pero también dijo que sus
equipos batallaban para tener acceso a barrios donde dominan las pandillas.
En el barrio López Arellano en Choloma, una de las ciudades
principales de Cortés, los equipos de Nolasco aseguraron acceso regular sólo
después de que ella se reunió con líderes comunitarios, quienes negociaron con
los líderes de las pandillas. Sin embargo, para entonces, López Arellano se
había convertido en un foco del dengue.
Los científicos también apuntan a otro factor que podría
haber contribuido al brote: las condiciones meteorológicas.
El año pasado, Honduras soportó sequías severas junto con
rachas de lluvia intensa, parte de un patrón de una creciente variabilidad
climática que los científicos dicen que muy probablemente está relacionada con
el cambio climático.
En períodos de sequía extrema, los residentes de barrios sin
suministro confiable de agua a veces almacenan el líquido en sus hogares,
creando potenciales sitios de reproducción de mosquitos. Durante las lluvias
torrenciales, las inundaciones pueden crear más entornos de reproducción.
Durante una visita reciente a López Arellano, Nolasco se
detuvo en el hogar de una familia que había perdido un hijo a causa del dengue.
Inspeccionó un recipiente donde se almacenaba agua y halló cientos de larvas de
mosquitos dentro.
“La gente piensa en otros problemas”, dijo Nolasco. “Si soy
madre de tres o cuatro hijos, voy a pensar en qué voy a darles de comer, si mi
hijo anda con pandillas. En lo último en lo que van a pensar es en el dengue”.
Fuente: Diario Clarín © 2019 The New York Times - Ver más sobre Dengue