En estos días será votado el proyecto de ley que declara “de
interés nacional” la lucha contra la enfermedad de fibrosis quística de
páncreas o mucoviscidosis.
Hay dolorosas historias de vida detrás de cada uno de los
casos y, sobre todo, necesidades y derechos.
Si este proyecto de ley es aprobado, el sistema de obras
sociales y prepagas y todos aquellos agentes que brinden servicios médicos
tendrán a su cargo, con carácter obligatorio, la cobertura total del 100% de
las prestaciones que necesiten estos pacientes. No sólo medicamentos, sino
también suplementos dietarios y nutricionales, equipos médicos, kits de
tratamientos y terapias de rehabilitación. Muchas de las prestaciones, incluso,
exceden lo sanitario.
Esta es una norma que viene a dar apoyo a quienes reclaman
legítimamente el derecho que les asiste a la cobertura de su enfermedad.
Pero una vez más, nuestros representantes han omitido un
detalle: prever como se financiará. El sistema de la seguridad social está en
un precario equilibrio entre sus ingresos y las actuales prestaciones de salud.
La sanción de esta ley se sumaría a las decenas de otras leyes nuevas que
obligan a la cobertura de tratamientos ultra caros y, aún fuera de lo estrictamente
sanitario, ordenan también a cubrir transporte, comida y educación.
Esas leyes fueron las que, junto a una enorme carga
tributaria y a la industria de la judicialización de la salud, socavaron las
bases del sistema.
Parece que nuestros legisladores y legisladoras
desconocieran la situación del sistema de salud que ellos mismos contribuyeron
a afectar.
Esta circunstancia debilita gravemente el sistema, ya que la
cobertura de un pequeño grupo de enfermedades se está llevando gran parte de la
recaudación de obras sociales y prepagas, deteriorando la atención de salud de
millones de personas que tienen otras patologías.
Lo paradójico de esta nueva ley es que revela que hay dos
derechos en conflicto. Es decir, ampliando derechos por un lado, se recortan
por el otro. En este sentido, no se puede perder de vista que los presupuestos
de la seguridad social y el sistema privado dependen de la recaudación, y esa
recaudación no es elástica.
En esta pandemia se está viendo claramente que es
imprescindible contar con un sistema sanitario fuerte y sólido.
De un momento a otro hubo que hacer compras extraordinarias
de insumos de bioseguridad y respiradores, se rediagramaron servicios y
personal, se generaron protocolos y se sumaron sistemas para la teleasistencia.
La salud está en situación de quiebra. Los gastos son
mayores que los ingresos. Todos los componentes del sistema están
desfinanciados y la calidad de cobertura y atención, en un rápido proceso de
deterioro.
Este escenario es aún más grave para las empresas pequeñas y
medianas, muchas de las cuales ya están contra las cuerdas. Hay obras sociales
que ni siquiera están pudiendo cubrir las prestaciones del Programa Médico
Obligatorio.
En realidad, reconocer nuevas coberturas es totalmente
legítimo y esperable en una sociedad justa, con deseo de brindar salud
equitativa, accesible y mayor bienestar a la población. Pero esto no puede
llevarse a cabo sin atender todos los aspectos que significan nuevos gastos y
su correspondiente recurso para atenderlos.
Por eso es preciso fijar pautas y modalidades de cobertura
claras y plausibles de concretar y sostener en el tiempo, con criterio
sanitario, pensadas para las necesidades de salud de todos los usuarios del
sistema. Atendiendo a esto, que es de máxima responsabilidad por parte de los
legisladores, en el texto de la ley se debe especificar de dónde saldrán los
fondos para estas prestaciones que hoy terminan dirimiéndose con expedientes
judiciales porque su costo ya es inabarcable para cualquier obra social o
empresa.
Obras sociales y prepagas son parte de las políticas
públicas y, entre todos los sectores, durante muchos años han logrado uno de
los sistemas sanitarios con mayor cobertura y más solidarios del mundo. Pero
para volver a esa situación es necesario que entre todos los sectores se
busquen consensos para diseñar e implementar formas que permitan cubrir estos
tratamientos especiales, y hacerlo con la responsabilidad de que esto no se
imponga en desmedro de la cobertura de salud de millones de argentinos.
Fuente: Diario Infobae - Por Ricardo Lilloy (Presidente de la Cámara de Entidades de Medicina Privada de la República Argentina (CEMPRA), miembro de la UAS)
