La OMS salió al cruce de las versiones, que hacen que cada
vez más países registren brotes de enfermedades antes controladas por las
vacunas. En este sentido, la entidad internacional rechazó “que las vacunas
infantiles puedan provocar autismo, ya que los datos epidemiológicos
disponibles indican que no hay evidencia de un vínculo entre éstas y la enfermedad”.
Para la OMS, las dosis administradas contra enfermedades
como el sarampión, las paperas o la rubéola no estarían afectando a la
incidencia de autismo entre los menores, sostiene. "No existen estudios
previos que sugieran una relación causal", afirmó la entidad. Respecto a
la patología, la institución afirma que forma parte de un grupo de trastornos
complejos del desarrollo del cerebro, entre los que se encuentran "el
trastorno desintegrativo infantil y el síndrome de Asperger". Todos ellos
se caracterizan "por dificultades en la interacción social y la
comunicación, y pocas y repetitivas actividades e intereses", señalan.
Actualmente, y según estudios recientes, el autismo afecta a
uno de cada 160 niños en el mundo, una tasa considera por la OMS como
"sustancialmente alta". No obstante, el funcionamiento intelectual es "muy variable" en
los pacientes, explican. En este sentido, manifiestan que éste puede llegar a
"la alteración profunda de las habilidades cognitivas no verbales
superiores". De cualquier manera, los niños autistas que sufren
discapacidad intelectual son un 50 por ciento de ellos.
Por ello, ofrecen criterios para la detección de la
patología, entre los que se encuentran "el retraso en el desarrollo o la
regresión temporal en el lenguaje". Aunque diagnosticar la enfermedad es
"difícil antes de los 12 meses de vida del menor, éste "es posible a
la edad de dos años", declaran en su boletín tras reciente actualización.
Al tiempo que sostienen que factores genéticos y ambientales
pueden influir en la aparición del autismo, la OMS subraya que los padres de
los pacientes tienen un papel "esencial" en la prestación de apoyo a
los niños. Éstos pueden realizar "con éxito" la terapia psicosocial y
de comportamiento a sus hijos", añaden. Al respecto, en el mes de mayo, la
organización recogió en su Consejo Ejecutivo una resolución sobre el manejo del
espectro autista. En ella, se insta a los Estados miembros a aumentar la
capacidad de los sistemas sanitarios y sociales para prestar servicios a
personas y familias con este trastorno, así como otros del desarrollo.
El autismo es una discapacidad permanente del desarrollo que
se manifiesta en los tres primeros años de edad. Se presenta en cualquier grupo
racial, étnico y social, y es cuatro veces más frecuente en los niños que en
las niñas. El autismo daña la capacidad de una persona para comunicarse y
relacionarse con otros. También, está asociado con rutinas y comportamientos
repetitivos, tales como arreglar objetos obsesivamente o seguir rutinas muy
específicas. Los síntomas pueden oscilar desde leves hasta muy severos.
Fuente: Mirada Profesional