El estudio fue llevado a cabo en los años 2007 y 2008 por 13
investigadoras en Europa entre una cantidad de 16.000 niños de entre 2 y 9 años
de Bélgica, Chipre, Estonia, Alemania, Hungría, Italia, España y Suecia.
Los resultados fueron publicados en el “Journal of Health
Economics” en un artículo llamado “Maternal employment and childhood obesity -
A European perspective".
Los descubrimientos son parte del proyecto IDEFICS cuyo
objetivo es brindar soporte en investigación sobre obesidad infantil y que es financiado
por la Unión Europea.
“Nuestro estudio demuestra que no importa si las madres
trabajan o no. Las madres que trabajan no deben por lo tanto sentirse culpables
respecto a sus hijos” dijo al Danish newspaper Politiken Wencke Gwozdz, quien
es profesora en comportamiento y sustentabilidad del consumidor en la Escuela de
Negocios de Copenagüe.
La obesidad incrementa la probabilidad de varias
enfermedades, particularmente la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2,
apneas nocturnas, ciertos tipos de cáncer y osteoartritis.
Mito americano
En Estados Unidos, las madres que tienen un trabajo de día
completo han sido frecuentemente acusadas de ser una de las razones detrás de
la epidemia de la obesidad entre los niños. Las madres que trabajan tienen
menos tiempo para la preparación de comidas saludables para sus hijos o
asegurarles actividad física regular.
El artículo desafió esa mirada, afirmando que los niños
europeos con madres que trabajan no tienen una mayor medida de cintura o un
porcentaje más alto de grasa respecto a otros niños.
“Nuestro análisis brinda mínima evidencia para cualquier
asociación entre trabajo maternal y obesidad infantil, dieta o actividad física”,
dice el artículo.
Los investigadores sugirieron que las madres que trabajan
tienden a utilizar su dinero para tomarse tiempos libres y cuidar de sus hijos.
“Las madres no tienen una peor calidad de tiempo con sus
hijos cuando trabajan. Esta se mantiene estable. Ellas pueden permitirse tener
una lavadora, un lavavajillas y un auto los cuales le dan tiempo para pasar con
sus hijos. La familia puede permitirse la compra de alimentos saludables y los
niños pueden ser motivados a la realización de actividades y entrenamiento para
que no se sienten frente al televisor” dice Gwozdz.
Ayuda pública para el cuidado de los niños
“Las madres que trabajan tienden también a ser más educadas
y tener mejores conocimientos sobre alimentación saludable. Esa es la gran
diferencia entre Europa y Estados Unidos”, señaló Gwozdz.
La investigación ha demostrado que existe un vínculo entre obesidad
infantil y madres trabajadores en Gran Bretaña y Estados Unidos, a
contraposición de Europa continental, debido a diferentes estilos de vida y
estructura social.
“Las madres que trabajan en Gran Bretaña y Estados Unidos
tienen tiempos más complicados que las madres en Europa continental. Ellas
reciben menos ayuda pública para el cuidado de los niños, y la ayuda que obtienen
es de menor calidad que el de muchos países de Europa” dice Gwozdz.
“Los Americanos tienen además un estilo de vida diferente y
usualmente sirven grandes porciones, y cuando está ahí en el plato, te lo comes”
agregó.
La investigadora puso énfasis en que es importante mirar
hacia las instituciones de cuidado y ayuda de los niños para combatir la
obesidad entre los niños.
“La cuestión no reside en si las mujeres deberían estar o no
en casa, deberíamos preguntarnos cómo podemos mejorar las instituciones donde
se encuentran los niños mientras sus madres trabajan. Suecia es un buen ejemplo
dado que es obligatorio que los jardines de infantes y escuelas sirvan comidas
que cumplan con ciertas reglas para una comida saludable” dice Gwozdz.
Fuente: Euractiv.com