Los adolescentes replican los patrones machistas que pueden
conducir a situaciones de violencia. Las redes y el móvil facilitan las situaciones de control.
Los adolescentes españoles, como muestra el estudio
Evolución de la adolescencia española sobre la igualdad y la prevención de la
violencia de género, empiezan sus relaciones sentimentales cada vez antes. Las
inician a los 13 años frente a los 13,5 de hace tres. Y mantienen y alimentan
sus relaciones, sobre todo, gracias al contacto a través de las redes sociales
o por teléfono. El plan común ya no es bajar a la calle, sino quedar en la Red.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Complutense de
Madrid con las entrevistas online a 8.000 menores, muestra que efectivamente se
ven menos. Y eso, apunta María José Díaz-Aguado, coordinadora del estudio, les
hace estar menos satisfecho con sus relaciones. Y mucho más inseguros.
Un 25% de las chicas dice que su novio o exnovio la vigila a través del teléfono
Esa forma de vivir el noviazgo, creen psicólogos y
educadores, unida a que los estereotipos que dibujan al hombre dominante y
agresivo como alguien con atractivo y a la mujer como la sumisa, puede derivar
en un incremento de las situaciones de control y, con el tiempo, de violencia.
Casos que, a la larga, los chavales terminan normalizando.
“Los adolescentes no perciben las relaciones de alarma que muestran esas
relaciones abusivas y ese patrón termina alimentándose”, apunta Ana Bella
Estévez, presidenta de una fundación de supervivientes a la violencia de género
que lleva su nombre. La realidad se percibe en las cifras: el 25% de las chicas
asegura que su novio o exnovio la controla a través del móvil; el 23,2%
confiesa que su pareja la ha tratado de aislar de sus amistades.
Comportamientos y situaciones que Estévez asegura encontrarse muy
habitualmente. Su fundación imparte desde hace 10 años talleres en colegios e
institutos de Andalucía, y esos seminarios son un buen termómetro para medir el
problema. De ahí que esta mujer, que sufrió desde la adolescencia los malos
tratos de la que fue su pareja, estime que se ha dado pocos pasos a la hora de
frenar la violencia de género en adolescentes.
El estudio de la Complutense, encargado por la Delegación
del Gobierno para la Violencia de Género y hecho público ayer, le da la razón.
La investigación, que es la continuación de otra realizada en 2010, muestra que
en tres años, la situación no ha mejorado. El porcentaje de chicas que afirma
haber sufrido agresiones físicas se mantiene. Sin embargo, aumenta en un 7% el
número de adolescentes que afirman haber sufrido situaciones de control extremo
por parte de su novio o exnovio. Algo más preocupante aún si se analiza que más
de un 12% de los adolescentes (chicos y chicas) no consideran como maltrato
conductas como que un chaval le diga a su novia con quien puede hablar, dónde
ir o qué hacer. También es esclarecedor que a los chicos les cueste más
reconocer que ejercen estas acciones y que no las vean tan censurables.
“No identifican estas formas de control como violencia de
género hasta que llegan a un punto grave”, explica Susana Martínez, presidenta
de la Comisión de Estudios de Malos Tratos a Mujeres. Y la percepción del
riesgo o del carácter nocivo de estas acciones es aún menor cuando este
comportamiento se mantiene a través de las redes sociales. “Cuando se utilizan
mal y de manera inconsciente, las nuevas tecnologías son un elemento de riesgo,
porque hay casos en los que, inconscientemente, las víctimas están permitiendo
actitudes que se pueden llegar a convertir en armas contra ellas”, sigue
Martínez.
Naida S. se ve reflejada en ese caso. Esta joven de 18 años
cuenta que hace un año y medio mantuvo una relación con un chico de su barrio.
Relata, como muchas otras mujeres que se ven envueltas en la espiral de la
violencia o el acoso, que al principio era “la relación ideal”. “Después,
cuando los celos y la agresividad me tiraron para atrás y quise dejarlo las
cosas se pusieron feas”, relata. Cuando lo dejó, él entró en su cuenta de una
red social y se dedicó a mandar mensajes insultantes a conocidos y amigos. “Yo
le había dado mis claves, pero nunca pensé que me haría esto. Tampoco que
enviaría a gente las fotografías algo comprometidas que nos habíamos hecho”, se
lamenta. Finalmente, Naida pidió ayuda a su madre. “Habló con los padres de él
y la cosa está calmada, pero yo sigo muy mal”, dice. Ahora participa en un
taller de jóvenes que han vivido situaciones similares. No son pocas: el 14,8%
de las adolescentes afirma que su novio o exnovio utilizó sus contraseñas para
acciones similares.
Pero si la percepción del riesgo es baja cuando se trata de
situaciones vividas con las parejas o exparejas, no es mucho mayor si los
insultos o amenazas proceden de fuera de la relación; incluso de desconocidos.
Un ejemplo: uno de cada cuatro adolescentes no considera arriesgado responder a
un mensaje de alguien que no conocen y les ofrece cosas; tampoco ven peligro en
responder a un mensaje insultante. Además, un 4,9% de las chicas y un 16,1% de
los chicos no creen que haya riesgo en colgar en la Red una fotografía suya de
carácter sexual. Es más, el 1,1% de ellas y el 2,2% de ellos afirman haberlo
hecho en dos ocasiones o más, según una investigación sobre ciberacoso también
hecho público este martes.
La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana
Mato, reconoció ayer el problema y apuntó que las nuevas tecnologías son “un
arma de doble filo”. “Ayudan a combatir la violencia de género [el Ministerio
ha puesto en marcha una aplicación especial para ello: Libres] pero también
pueden promoverla”, apuntó. Mato, sin embargo, evitó en la presentación de
ambos informes entrar en detalles sobre la radiografía social de los
adolescentes. No ofreció ningún dato. Tampoco la comparación de la evolución en
la sociedad.
Uno de cada cuatro jóvenes publicaría una foto que no aprueben sus padres
Una evolución, sin embargo, que no ha conseguido en absoluto
erradicar los estereotipos que alimentan las situaciones de abuso y de
maltrato. Siguen justificando la violencia. Casi el 8% de los adolescentes
creen, por ejemplo, que si una mujer es maltratada por su compañero y no le
abandona es porque no le disgusta del todo esa situación. Y el 12,4% se muestra
algo o muy de acuerdo con la afirmación de que para tener una buena relación de
pareja es deseable que la mujer evite llevar la contraria al hombre. “Los
estereotipos que creíamos superados se reiteran. Los patrones alimentados por
la televisión, la literatura, el cine o las relaciones que ven en el entorno,
terminan por sumir a muchas adolescentes en el papel de la mujer sumisa y al
hombre en el de alguien dominante que debe hacer oír su voz por encima de las
de los demás”, analiza la psicóloga Rosa López. “Y eso construye relaciones
desequilibradas y nocivas”, concluye. López realiza terapias con adolescentes
que han vivido maltrato. También ella cuenta que, desde hace unos años, las
nuevas tecnologías juegan un papel de protagonismo creciente en las
conversaciones de sus grupos. “Las chicas cuentan por ejemplo que sus novios
les leían todos los mensajes del móvil o el correo para saber con quien
hablaban o que vigilaban su cuenta de redes sociales”, apunta. “Algunos llegan
hasta un punto tal que le piden a su pareja que les hagan una videollamada para
ver dónde están o les envíen un localizador de donde se encuentran”, incide. Es
lo que los propios menores llaman pruebas de amor. Dar al otro la llave de la
vida y la intimidad.
Para la presidenta de la Comisión de Malos Tratos a Mujeres
lo peor de esta realidad es que los propios menores no la ven nociva. “Cuando
hablamos y tratamos a jóvenes percibimos que si las haces reflexionar te pueden
hacer un discurso bien armado sobre por qué no consideran correcto estos
comportamientos sexistas, controladores o violentos. Sin embargo, después observamos
que de manera inconsciente están asumiendo esos roles”, dice.
Los propios adolescentes explican que los mensajes sexistas
les llegan desde su entorno. El 54,3% de los chicos y chicas de entre 14 y 19
años afirman haber escuchado a menudo o muchas a los adultos de su entorno la
idea de que para tener una buena relación de pareja deben encontrar a su media
naranja para “llegar a ser como una sola persona”. Es decir, la idea de amor
romántico que, según los expertos, contribuye a crear relaciones de
dependencia. Además, el 36,3% asegura que los adultos de su entorno les han
dicho con frecuencia que los celos son “una expresión de amor”.
Ana Bella Estévez se revuelve con la idea. “Hay que ser
tajante. Los celos no son amor, son lo contrario al amor”, dice. Esta mujer,
que se define como una “agente del cambio para acabar con la violencia
machista” apunta que hay que observar, además, los celos en su amplio sentido.
“Puede haber celos de las relaciones con los amigos, la familia. Todo ello va
conformando una situación de abuso emocional”, explica. ¿Cómo? De nuevo a
través del control: de la ropa que las chicas se ponen, de si van a hacer
deporte, de qué estudian, de cuánto tiempo dedican a los demás.
“Le di mis claves, pero no pensé que me haría esto”, dice una chica acosada
A Estévez y el resto de expertos les preocupa la radiografía
que muestra el comportamiento adolescente. También que se alimenten de mensajes
que les llegan de su entorno. Desde los adultos que les rodean hasta las
películas o las series de televisión que contribuyen a perpetuar el estereotipo
de género. “Muchas veces, las madres o los padres no nos hemos educado en
igualdad y somos los primeros que inconscientemente contribuimos a que los
roles sexistas permanezcan. Es importante que analicemos qué pasa en nuestra
familia, que hablemos con nuestros hijos abiertamente del amor, de las
relaciones, de las amistades”, dice.
Todos hablan de la importancia de la educación para frenar
el fenómeno. Pero los jóvenes revelan que reciben pocos mensajes en la escuela.
El 55,7% afirma que nunca ha trabajado en clase contenidos relacionados con
cómo corregir el machismo; el 55,2% cuenta que nunca o casi nunca ha analizado
en el instituto las relaciones entre hombre y mujer y cómo resolverlos. Y eso,
apunta la presidenta de la Comisión de Malos Tratos a Mujeres, es un paso
atrás. “Puede existir un retroceso ideológico o educacional en el combate de la
violencia machista, porque lo cierto es que no hay ninguna asignatura que
compile contenidos de igualdad. Algo importantísimo”, dice. Lo cierto es que
algunas Administraciones e instituciones —como el Instituto de la Mujer— tienen
proyectos. Pero o son minoritarios y ceñidos a una determinada región —como los
de Andalucía— o están dando sus primeros pasos.
La catedrática de Psicología María José Díaz-Aguado
considera que una de las herramientas para erradicar estos comportamientos es
hacer un diagnóstico de lo que ocurre para determinar dónde se puede actuar y
con qué medios. “La violencia de género no es una fatalidad biológica con la
que nos tenemos que conformar. Podemos cambiarla”, añade.
Fuente: Diario El País