martes, 3 de diciembre de 2013

Hoy es el Día del Médico ¡Feliz Día!

Hoy se conmemora el Día del Médico. Esta fecha fue propuesta en 1953 por la Confederación Panamericana de Dallas, Texas, como Día de la Medicina Americana, eligiéndose la fecha de nacimiento del científico cubano Dr. Carlos Finlay (1853-1915), descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla. La importancia de este descubrimiento radica en que se trata de la primera infección humana en que se demostró la intervención causal de un virus y la transmisión de éste por picadura de un insecto, el mosquito Aedes Aegypti. A instancias de aquella propuesta, el Gobierno Argentino decidió modificar (por decreto 11.869 del 3 de julio de 1956) la fecha original de celebración del Día del Médico, trasladándola al 3 de diciembre.

En el mes de agosto publicamos en calidad de artículo destacado del mes el titulado:

‘LA RELACION MEDICO PACIENTE, UN INGREDIENTE FUNDAMENTAL DEL ACTO MEDICO?’, que dediqué al Dr. Abraham Guitelman, y a su equipo, quien fuera Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Alvarez.

En este día considero oportuno recordar la parte final de dicho artículo, en reconocimiento a todos quienes hacen de esta profesión no sólo parte de su trabajo sino de sus vidas. Tengo un hijo médico, especialista en terapia intensiva, y en especial van para él y su esposa, también médica, estas conclusiones.

‘…LA RELACION MEDICO-PACIENTE: una condición sine qua non. Conclusiones.

Pero estas estrategias posibles no suplen la relación que debe entablarse entre el médico y su paciente, si el vínculo no se establece correctamente o falla la relación, este fracaso puede formar parte de los ingredientes que incentivarán la conflictividad o bien obrarán como factor desencadenante de demandas, en muchos casos infundadas o alentadas por algunos inescrupulosos .

Como toda relación humana esta en particular requiere de una gran paciencia de ambas partes, pero especialmente, es el médico el que desde la visión que le confiere el conocimiento, habrá de esforzarse en comprender las dificultades del enfermo para entender aquellas cuestiones fácticas y científicas que no son de fácil elaboración.

La simplicidad en el trato, un ambiente tranquilo, cierta familiaridad, el conocimiento de algunos datos o detalles personales o familiares, algunas expresiones que puedan destacar los esfuerzos del paciente por atenerse a las indicaciones del profesional, un reto cordial cuando ello no ocurre, evitar destacar innecesariamente la asimetría que existe entre quien tiene ciertos conocimientos específicos y quien carece de ellos, conversar con el paciente sobre sus expectativas, temores, dudas, consecuencias posibles, hacer de la clínica médica una premisa de todo tratamiento, evitar someter al paciente a una serie de prácticas, invasivas o no, sin siquiera haberlo auscultado, son medidas que también se enrolan entre las estrategias de prevención.


En nuestra experiencia, sabemos que cuando esta relación o vínculo se verifica la litigiosidad baja notoriamente al punto de señalar que es prácticamente nula; no existen rencores y los errores se entienden como provenientes de un ser humano falible y no de un cuasi dios que no puede cometerlos.

Algunos médicos, consideran que el hecho de contar con una buena empresa de seguros que cubra eventualmente las consecuencias de un pleito por mala praxis, es suficiente, otros -en cambio- creen que basta contar con un consentimiento informado suscripto por el paciente o alguno de sus familiares directos, para preservarse de cualquier reclamo. Esto no es así.

Los mencionados recursos como otros puedan resultar útiles para intentar contrarrestar esa nube que se cierne -en particular- sobre la práctica médica y con mayor intensidad sobre las especialidades que antes hemos enunciado. Pero no serán suficientes si no se construye ese puente que es nada más ni nada menos que el vínculo humano que permitirá a cada uno ocupar un lugar de respeto; hacia el otro y para consigo mismo.

En estos tiempos en los que la ‘medicalización’, producto de una profusa información que se encuentra al alcance de casi todos, hace que legos crean ser expertos, son propicios para rescatar viejas recetas, tal vez sea ilusorio pensar que podamos llegar al extremo de contar con aquel médico que nos visitaba en casa sin que nadie estuviera enfermo, en aquel amigo al que se confiaba algo más que los síntomas de una posible enfermedad. Es el momento de reforzar la relación con los pacientes.

También es cierto que existen no pocas dificultades para lograrlo; la pauperización sufrida por la medicina, no facilita los caminos para generar estos vínculos; así parte de los médicos perciben honorarios injuriosos, no pueden entonces mantenerse actualizados, estudiar y conocer los avances de su especialidad, deben atender a sus pacientes en tiempos ridículos, conjugar varios empleos para sostener su hogar y otros tantos avatares no les permiten desarrollar su profesión en condiciones dignas.

Es por eso que considerándome un observador externo de la profesión médica, ello permite concluir que ser médico no es un objetivo que pueda lograr cualquier persona, por más brillante que sea. En nuestro caso (me refiero a los abogados) jocosamente se dice ‘…serás lo que debas ser o sino serás abogado.’ Esta cita frecuente en la jerga en modo alguno podría aplicarse a la ciencia médica donde el hombre se enfrenta tanto con el principio como con el fin de la vida de alguien con el que debe ser piadoso, o con la posibilidad de permitirle continuar viviendo, o de brindarle una mejor calidad de vida y otras muchas situaciones, difíciles de manejar para una persona que no tenga especiales dones para entender al prójimo, para contenerlo, para escrutar su alma o para sostener su mano mientras da el último suspiro.

En muchas oportunidades ello me ha llevado a meditar sobre el equilibrio que se necesita para hacer lo que se debe en el preciso momento, sin pensar que ello pone al médico por sobre los demás como si se tratara de un ser sobrenatural, pero sí creo que se necesita cierta magia y mucha entereza para superar momentos extremos y seguir adelante.

Vaya para quienes lo logran mi más profundo respeto y admiración, porque como paciente tuve la oportunidad de cruzarme con algunos de ellos….’


Dra. Mónica Teresita del Cerro
Abogada, especialista en derecho a la salud