Una exposición sin precedentes a partir de la fotografía de
72 artistas aborda en la Fundación Cartier la creación visual en el continente
entre 1960 y la actualidad.
Imagen de la serie 'Anillos' (2006), del fotógrafo
mexicano
Miguel Calderón
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América Latina 1960-2013. Fotografías. En el título de la
gran retrospectiva que dedica la Fundación Cartier de París a las artes
visuales hay varias declaraciones de intenciones. Una sería la elección del
español para definir la muestra y, en concreto, de la voz América Latina, que
favorece la singularidad de un continente antaño indígena que solo por
circunstancias históricas y culturales deviene latino. Otra sería la elección
de un acontecimiento político, la revolución cubana, para fijar el punto de arranque
cronológico. Por último, se ha querido señalar la preponderancia de la
fotografía como modo de expresión artística y documental, que en la muestra se
amplía a las artes visuales (videoarte, intervención del espacio, collage,
grafismo, vídeo documental).
| Fotomontaje (1977-79) del artista plástico chileno Guillermo Deisler |
La muestra es magna, sin duda, por su afán de abarcar muchas
realidades, periodos históricos y géneros artísticos tributarios de la
fotografía; pero también por la generosidad de una casa que le ha entregado la
práctica totalidad de los 1.114 metros cuadrados que ocupan sus salas de
exposición. Leanne Sacramone, conservadora de la Fundación Cartier y miembro
del equipo comisarial de la exposición, no guarda memoria en la decena de años
que ha trabajado para la institución, de una muestra en la casa con un número
tan elevado (72) de artistas, originarios de 11 países. Para ella, la
exposición “aporta una nueva perspectiva, porque no aborda el realismo mágico o
el documental de tipo social, sino la fotografía como medio de expresión” en
sus diferentes vertientes. También es, añade, “un homenaje a la exposición del
comisario Horacio Fernández sobre el fotolibro latinoamericano” que tuvo lugar
en Le Bal en enero de 2012.
Producida junto con el Museo Amparo de Puebla (México) —su
próximo destino— y con la colaboración del Instituto de Altos Estudios de
América Latina de París, la muestra ha contado con la participación de los
comisarios Ángeles Alonso Espinosa, Hervé Chandès, Alexis Fabry, Isabelle
Gaudefroy, Leanne Sacramone e Ilana Shamoon. Fruto de esa labor de
investigación es el catálogo editado ad hoc, que arranca con la frase “¿Qué
pasaría si América Latina no fuera más que una invención de Europa?”, del
profesor de la Sorbona Olivier Compagnon. Para este experto, las obras
incluidas en la muestra “evidencian que el continente sigue estando en vías de
construcción y sirven de espejo de su pasado tumultuoso y presente
conflictivo”.
Traspasado el jardín que guía al visitante hasta el edificio
diseñado por Jean Nouvel, la exposición comienza por explorar los Territorios
como ámbito conceptual, al que siguen otros recorridos denominados Ciudades,
Informar/Denunciar y Memoria e identidades. Del mapa o la aproximación nacional
a lo particular, pero con la presencia transversal de la política en buena
parte de las obras. “Nos gusta ir adonde no llegan otras instituciones”, afirma
Sacramone, “para poder retratar esa isla, en palabras de Luis Camnitzer, que es
América Latina”.
La comisaria pone énfasis en la exhibición de copias de
época. Así, “gracias a Alexis Fabry, de la editorial Toluca Éditions, hemos
podido incluir muchas copias originales muy difíciles de encontrar, como las de
Miguel Rio Branco”.
La primera obra que se ofrece a la mirada del visitante es
el políptico de la serie A Chile (1980), que contiene cinco fotografías del
artista chileno Elías Adasme con referencias a los desaparecidos durante la
dictadura de Pinochet. En ella encontramos varios de los elementos que pueblan
la muestra: fotografía, imagen proyectada, reflexión política, reapropiación
simbólica de una referencia inicialmente objetiva (en este caso, un mapa),
intervención del espacio público, inmersión del artista (o de sus
circunstancias vitales) en la obra, memoria colectiva y documentación de la
propia realización creativa.
| Imagen del artista paraguayo Fredi Casco, de la serie 'Foto Zombie' (2011) |
Otros artistas optan por el mural como presentación de
clichés y realidades olvidadas, como en la obra To be continued (Latin American
puzzle) de la brasileña Regina Silveira, o mezclan, con frecuencia, el texto y
la imagen, como en la serie México del argentino Carlos Ginzburg. Y conjugan
retrato y denuncia, como Claudia Andújar, o fotografía y arte conceptual, como Anna
Bella Geiger.
La ciudad estampada, firmada y tipografiada es documentada
en la segunda parte de la exposición desde distintos enfoques que van desde la
ironía o el humor negro hasta la admiración puramente plástica y el testimonio
social. El venezolano Paolo Gasparini, los chilenos Marcelo Montecino y Leonora
Vicuña, el cubano Carlos Garaicoa, el mexicano Pablo Ortiz Monasterio, el
argentino Facundo de Zuviría y el colombiano Ever Astudillo plasman de
diferentes formas la significación de un letrero, un cartel o una pintada
callejera en relación con su entorno real y simbólico. Entre las imágenes muy
poco conocidas que incluye la muestra se encuentran las fotos en color de
Gasparini y Zuviría. Claudia Joskowicz firma un doble vídeo titulado Todos los
edificios de la Avenida de Alfonso Ugarte - A partir de Ruscha que alterna los
dos sentidos (izquierda y derecha) de tránsito de una misma calle simbólica.
Las dos últimas partes están reservadas a la denuncia de las
diferentes dictaduras que arrasaron América en la segunda mitad del siglo XX y
a los esfuerzos individuales y colectivos por conservar la memoria de lo
acontecido. Si el argentino Juan Carlos Romero entremezcla textos de ensayos
sobre la violencia estructural y recortes de prensa, el argentino León Ferrari
—fallecido este año en Buenos Aires— inscribe declaraciones del torturador
Alfredo Astiz sobre el velamen de un barco, mientras que su compatriota Marcelo
Brodsky aporta su álbum de fotos, donde se hace patente la ausencia de tres
personas desaparecidas durante la dictadura. La colombiana Johanna Calle elige
rendir tributo a las víctimas de la violencia con no-fotos reducidas a la
mínima expresión (notarial) de un pie de foto.
| Fotografías de la serie 'Marcados para' (1981-1993), de la artista suizo-brasileña Claudia Andújar |
En sus imágenes de la intervención mural Gloria evaporada,
el peruano Eduardo Villana transforma en arte la iniquidad de entregar las
cenizas de las víctimas de una matanza a sus familiares en cartones de leche en
polvo de la marca Gloria. La mexicana Teresa Margolles decide, por su parte,
manipular las marquesinas de salas de cine para incluir, en lugar del título de
una película, frases de las cartas de despedida de personas que se suicidaron
por la violencia sufrida.
Son solo algunos de los ejemplos de cómo los artistas de
América Latina utilizan a menudo los textos para subvertir la función
documental de la fotografía con fines artísticos y de denuncia.
La muestra concluye con la proyección de la película
Revuelta(s), de Fredi Casco y Renate Costa, un extenso documental con
entrevistas a varios de los artistas participantes —disponible también en la
página web de la Fundación Cartier— que hace inventario de las venas
artísticas, siempre abiertas, de América Latina.
Fuente: Diario El País