Ya no va más el eurocentrismo, el Colegio Cardenalicio
debe representar la realidad de la Iglesia Universal; ya no va más la obsesión
por hacer carrera y tampoco esa tradición que indica que ciertas diócesis
europeas e italianas automáticamente implican un birrete cardenalicio.
Ése fue el mensaje de Francisco al revelar los nombres de
los primeros cardenales de su pontificado . Si bien algunos se daban por
descontados -como el secretario de Estado, Pietro Parolin, y el prefecto para
la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller-, otros fueron una sorpresa. Y volvieron a
marcar claramente cuál es la visión de Iglesia de Francisco: una Iglesia
preocupada por las periferias del mundo, por los últimos -por primera vez en la
historia Haití, uno de los países más pobres del planeta, tiene cardenal-, que
tenga como líderes no a prelados ambiciosos, preocupados por su carrera y con
estilo de vida principesco, sino a pastores preocupados por sus ovejas.
De hecho, otro de los aspectos más destacados de esta
primera designación de cardenales del Papa es su ruptura con la tradición que
indica que los titulares de las mayores diócesis italianas -como Milán, Turín,
Nápoles, Palermo, Bologna, Florencia, Génova y Venecia- deben ser cardenales.
En ese sentido, dejó sin birrete tanto al arzobispo de
Venecia, Francesco Moraglia, como al de Turín, Cesare Nosiglia, descolocando
tanto al bloque de los cardenales Mauro Piacenza y Angelo Bagnasco, por un
lado, como al del cardenal Camillo Ruini, por otro. Francisco prefirió darle la
púrpura al arzobispo de Perugia, Gualtiero Bassetti, porque creyó que se la
merecía. El último cardenal que tuvo esa ciudad fue en 1853 Gioacchino Pecci,
que se convirtió luego en León XIII.
El Papa tampoco le dio el birrete púrpura a ningún
presidente de consejo pontificio ni al bibliotecario y archivista del Vaticano,
como ocurrió en el pasado. "De esta forma, está diluyendo futuras
expectativas en la curia romana y está poniéndole un freno a la obsesión de
hacer carrera", explicó el vaticanista Gerard O'Connell.
Otra exclusión que dio que hablar fue la del arzobispo de
Malines-Bruselas, el conservador André-Joseph Léonard, considerado un
candidato.
Así, quedó en evidencia con esta primera tanda de cardenales
que Jorge Bergoglio empezó un proceso tendiente a poner un freno a esa
desproporción que había en el último cónclave, en el que más del 50% de los
cardenales electores eran europeos y casi el 25%, italianos. Y donde Estados
Unidos tenía 11 cardenales electores, mientras que Brasil, el país con más católicos
del mundo, sólo cuatro.
El Papa quiere un colegio cardenalicio que represente la
realidad y la diversidad de la Iglesia Católica, que en América latina tiene
alrededor del 40% de sus fieles, y que refleje esa Iglesia en estado de misión
permanente de la que habló en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium ,
atenta a las periferias existenciales del mundo.
Fuente: Diario La Nación