En efecto, una encuesta privada, realizada dentro de la
campaña "Entre padres e hijos" de Cervecería y Maltería Quilmes,
arrojó datos muy esclarecedores al respecto. En primer lugar, es muy alentador
que exista un fuerte consenso entre los adultos con respecto al valor del
diálogo: un 87 por ciento contestó que estaba de acuerdo en que es la mejor vía
de prevención. Sin embargo, también hubo un 91% de los encuestados que, aunque
piensan que los adolescentes y jóvenes toman mucho, creen que su hijo no toma
"nada"; por eso mismo, a la hora de ser consultados sobre por qué
creen que los jóvenes toman, no piensan que haya responsabilidad familiar en
ningún caso (sólo hasta un 6% lo creen) y sí atribuyen ese consumo al deseo de
"pertenecer a un grupo" (37%) o "porque los amigos toman"
(43%) o porque "les parece divertido" (29 por ciento).
Este y otros estudios semejantes dejan en claro el papel
fundamental de los padres y del entorno familiar en concientizar sobre el
problema del alcoholismo a adolescentes y jóvenes, y lo que muestran en muchos
casos es que hay una ausencia concreta: por ejemplo, un 67% de los encuestados
no habla con los padres de los amigos de sus hijos sobre el consumo y el abuso
del alcohol, que cada vez aparece más a menudo en las crónicas de los medios. Y
los especialistas otra vez coinciden en señalar que entre los principales
responsables de concientizar están la familia (90%), el Estado/gobierno (33%) y
la escuela (30 por ciento).
Lo que muchos padres no comprenden, o se niegan a
comprender, es que la principal manera de educar en estos temas es dando el
ejemplo. Si se pretende que un joven consuma moderadamente, es necesario que
los adultos que lo rodean también lo hagan, y desde el vamos. La gran cantidad
de información que hoy circula y que hace foco, sobre todo, en los más jóvenes,
exige que haya un adulto siempre dispuesto a aclarar lo que sea necesario y a
ejercer su función indelegable de guía. Sobre todo, cuando las estadísticas del
Programa Nacional de Prevención frente al Consumo Excesivo de Alcohol del
Ministerio de Salud informan que, entre los estudiantes secundarios, la edad de
inicio promedio en el consumo de bebidas alcohólicas es de 13 años.
Es evidente, entonces, que en todas las edades y sobre todos
los temas que pueden preocupar tanto a los adultos como a los niños que de
ellos dependen la mejor herramienta es el diálogo franco. La mejor herramienta,
pero también la más difícil de alcanzar, muchas veces por la falta de práctica,
por temores o, incluso, por falta de conocimientos. Por ello, hay que alentar a
todos los sectores de la sociedad -tanto estatales como privados- para apoyar
campañas de concientización y de educación, como algunas que están ya en la
calle.
Desde estas columnas, siempre hemos hecho hincapié en que
educando a los hijos también nos educamos, y, aunque no se puede renunciar
nunca a la responsabilidad de ser padre, sí se puede pedir ayuda para lograrlo.
Cuando se logra, ese efecto benéfico se traslada al resto de la sociedad,
aunque no siempre sea inmediatamente visible.
Fuente: Diario La Nación