Capacitan a profesionales de Salas de Atención Primaria para
tratar casos de cuidados paliativos. La formación completa ante la imposibilidad de
los hospitales de agudos para atender casos semejantes, permitirá que los
pacientes sean atendidos en sus casas.
“La situación actual, sobre todo en el interior del país, es
la siguiente –explica Graciela Jacob, coordinadora del área de cuidados
paliativos del Instituto Nacional del Cáncer–: supongamos, un paciente termina
una etapa de su tratamiento, por ejemplo quimioterapia, en un hospital cabecera
de la capital provincial, y vuelve a su comunidad. Los profesionales de
atención primaria no están acostumbrados a seguir a un paciente de este tipo ni
a atender las complicaciones que a veces provienen de la enfermedad y a veces
del tratamiento. Sucede que muchos pacientes necesitan cuidados paliativos
desde el inicio de su enfermedad. Se tienden a confundir los cuidados
paliativos con cuidados del final de la vida, pero no es sólo así. Se trata
entonces de contar con cuidados paliativos a lo largo de toda la enfermedad y
para esto tiene que haber, en las salitas de atención primaria, profesionales
que puedan hacer el seguimiento de estos pacientes.”
Por eso, el Instituto Nacional del Cáncer (INC), dependiente
del Ministerio de Salud de la Nación, organizó un seminario sobre cuidados
paliativos destinado a profesionales de atención primaria de todo el país, con
intervención de expertos en cuidados paliativos de la Asociación de Oncología
Clínica de Estados Unidos (ASCO). “Participaron médicos y enfermeros de
distintas provincias –contó Jacob–. El propósito fue formarlos como formadores
para que entrenen a su vez a los profesionales de su comunidad. En la
Argentina, por lo menos 60.000 personas necesitarían cuidados paliativos. Desde
el año 2000 están incluidos en el Programa Médico Obligatorio (PMO), pero sólo
algo más del diez por ciento de la población tiene acceso, y hay muy pocos
sistemas de cuidados paliativos que se centren en la atención domiciliaria.”
“Para cambiar esto –continuó Jacob–, es necesario fortalecer
a los profesionales de atención primaria, que, sobre todo en localidades pequeñas,
van también en la casa del paciente. Los centros de atención primaria cuentan
con médicos, enfermeros, trabajadores sociales, a veces hay psicólogos, y
tienen un personaje importantísimo que es el agente sanitario, el que recorre
las casas para llevar adelante los programas de prevención. Estos equipos son
los que están en mejor posición para hacer el seguimiento, y los equipos
especializados en CP quedar reservados para las situaciones más complejas.”
“Cuando la atención primaria está bien articulada con los
equipos especializados en cuidados paliativos, entonces el correo electrónico o
el teléfono facilitan el trabajo en red –explicó Jacob–: ‘Tengo un paciente con
este problema, ¿qué puedo hacer?’. Y el especialista responde a la consulta.
Cuando estuve en Canadá, encontré que, para los problemas de piel de todos los
pacientes oncológicos de ese país, alcanzaba con dos dermatólogos de consulta:
porque los enfermeros que visitan a los pacientes fotografían las lesiones con
su celular, las envían por e-mail y el dermatólogo verifica semana a semana
cómo va el tratamiento. Entonces, se trata de dotar a los centros de atención
primaria con buenas redes de interconexión, y existen muchos programas de
computación para hacer el seguimiento.”
“A veces –comentó la especialista–, pacientes con cáncer
permanecen en hospitales de agudos porque, si vuelven a la casa, no hay un
equipo profesional que los atienda. Pero el hospital de agudos no está diseñado
para las necesidades de estos pacientes, que requieren seguimiento y
contención. El médico de cabecera es el que más conoce del paciente, y a menudo
el especialista puede averiguar mucho más preguntándole al médico de cabecera
que haciendo estudios. Pero, para que esto se concrete, debe haber una adecuada
circulación de pacientes entre los distintos niveles de atención, y esto la
población debe entenderlo y exigirlo.”
–¿Por qué importa que la gente común sepa y exija sobre
“circulación de pacientes entre los distintos niveles de atención”?
–Importa mucho –contestó Jacob, y explicó–: supongamos, un
paciente vuelve desde la salita de su comunidad a un hospital de mediana o alta
complejidad: no es lo mismo que llegue y tenga que explicar todo de nuevo
porque nadie sabe nada de él, a que su médico se haya comunicado por teléfono o
por e-mail con el hospital y que el paciente, con una nota de su médico, se
dirija a tal o cual servicio donde ya saben para qué va.
–La experiencia es totalmente distinta...
–Por supuesto. Y eso de que el paciente llegue al centro de
complejidad sin que nadie sepa nada, eso pasa incluso en los sanatorios
privados más “pipí cucú”. Para que estas cosas se hagan bien, hay recursos
establecidos: por ejemplo, el paciente es derivado por su médico de atención
primaria llevando un sticker rojo o amarillo o verde: si es rojo, requiere
atención urgente; si es verde, cuando le toque el turno; si es amarillo, más o
menos. Son recursos simples, efectivos y baratos. Se usan planillas, que pueden
ser virtuales, para medir la calidad de la atención: cuántos pacientes llegaron
y cuántos se perdieron, y, si se perdieron, el médico de atención primaria va a
rastrearlos, porque él es responsable de su paciente. “Atención primaria” no
equivale a “atención primitiva”, al contrario, es el eje de la medicina. Y esto
la comunidad tiene que saberlo, para saber qué debe pedir y, llegado el caso,
exigir.
Fuente: Diario Página 12 - Ver más sobre Cuidados Paliativos