La educación sexual puede ayudar a los jóvenes discapacitados a protegerse
de los abusos.
Esta realidad ha obligado a que distintos organismos y
asociaciones hagan algo para frenarlo. Pero, ¿cuál es la mejor forma para hacer
frente a estos problemas? Paloma Chico, madre de una niña con discapacidad
intelectual y miembro de AFANIAS en Madrid lo tiene claro: con formación en
materia afectivo-sexual. "Conocer esto nos hace más fuertes, más seguros y
más receptivos ante un abuso sexual", sostiene. Tenemos que conocer la
sexualidad de nuestros hijos, asegura convencida, porque ellos viven y sienten
la sexualidad de forma diferente. No hay que mirar para otro lado y hay que
entender que la sexualidad no es una fuente de problemas sino que puede ser una
fuente de muchas satisfacciones. Se trata de afectos, de educar en asertividad,
de conocer lo que está bien y lo que está mal, de saber decir no.
La prevención es una necesidad palpable, no sólo para
reconocer sus derechos como personas sino para prevenir los casos de abusos
sexuales. Por ello, la Federación de Organizaciones en favor de Personas con
Discapacidad Intelectual (FEAPS) y la Federación de Planificación Familiar
Estatal (FPFE), con el liderazgo de la Federación Internacional de
Planificación Familiar (IPPF), han llevado a cabo durante 2013 y 2014 un
programa de formación que forma parte del programa europeo Keep me Safe, sobre
prevención del abuso sexual a jóvenes con discapacidad. Los objetivos
principalmente son empoderar a los jóvenes para que puedan protegerse del abuso
y aumentar la capacidad de familiares y profesionales de las asociaciones,
servicios e instituciones para que puedan hacer frente a estos problemas, ha
comentado Irene Donadio, responsable de Incidencia política de la IPPF en la
Región Europea, en la presentación de este proyecto.
"La sociedad no reconoce que los jóvenes discapacitados
están muy capacitados para enamorarse y tener instintos sexuales", afirma
Donadio. Tienen los mismos derechos que cualquier persona a ser libres y a
vivir su sexualidad.
Pero sin duda, los mitos siguen siendo una barrera muy
importante. Según explica Justa Moreno, coordinadora de Keep me safe en España
y experta en la FPFE, todavía no se reconoce a este colectivo los derechos a su
sexualidad, a su educación sexual, a su privacidad. Se piensa que es mejor no
hablar de sexualidad porque así no se abre la caja de Pandora. Y precisamente,
los silencios no solucionan problemas sino que los agravan. Del mismo modo,
lamenta la falta de datos y la visibilidad del problema. No hay estadísticas ni
datos recogidos en las administraciones, pero sí llegan casos a los centros, a
las asociaciones y a las distintas entidades. Se necesita formación y educación
para frenar el problema y por ello "es muy importante que las
administraciones se impliquen porque se necesita financiación, apoyo y
recursos", señala Moreno.
En el caso de los abusos sexuales de personas con
discapacidad no es muy distinto a lo que sucede en la infancia o en otras
edades. La única diferencia (que no es poca), afirma Carlos de la Cruz,
director del Máster de Sexología UCJC y uno de los responsables de la
Asociación Sexualidad y Discapacidad, es que a veces lo sexual no se ve o no se
quiere ver. Y por eso se tarda más en reconocer que el abuso se ha producido.
Todo esto "requiere reconocer que la sexualidad existe, que la sexualidad
ya existía en esa persona", insiste.
Como ocurre también en los casos de abusos de menores sin
discapacidad, el abuso se produce en la mayoría de los casos por parte del
entorno familiar y/o cercano al menor. El entorno de las personas con
discapacidad, explica este especialista, es muy limitado y esa es una de las
dificultades que tiene para su desarrollo social. Generalmente, los menores con
discapacidad sólo se mueven entre el entorno familiar y el profesional, por lo
que lo más frecuente son los abusos que provengan de estos entornos: entornos
conocidos y aparentemente seguros. "Para proteger frente al abuso hace
falta educación sexual, de la que se escribe con mayúsculas", señala de la
Cruz.
Prevención necesaria
Algunas asociaciones como AFANIAS en Madrid o Aprosuba en
Zafra (Badajoz) ya tienen claro la importancia de prevenir este tipo de
problemas y de ofrecer una formación en educación sexual. Sin embargo, la tarea
no resulta nada fácil. ¿Cómo llegar a las familias menos comprometidas? Los
problemas religiosos, sociales y conductuales de cada familia representan a
veces un verdadero problema. Y de nuevo los mitos y las falacias. Paloma Chico
asegura que muchas familias dicen no querer más problemas: "¿Mi hija con
novio? Qué dices, mi hija no va a tener novio nunca. No quiero más
problemas".
Es difícil, comenta Ana Villafranca, educadora del centro
educativo Nuestra Señora de las Victorias, AFANIAS, pero se puede. Es muy
importante que el centro esté comprometido e informado en este tipo de casos
porque, según comenta esta experta, "conocemos a los chicos como si fuesen
nuestros hijos" y cualquier indicio de alarma puede ser fundamental para
detectar un caso de abuso. El trabajo es fundamental que sea transversal y la
formación afectivo-sexual debe ir dirigida a todos, tanto profesionales,
familias y alumnos.
Sin duda, la parte más gratificante de todo esto es lo que
aprenden los chicos. Y así lo cuentan a través de un vídeo, tres chicos de una
Fundación de discapacidad intelectual Madrid en el que, según sus propias
palabras, repetirían sin dudar. Les han enseñado a conocer bien las partes de
su cuerpo, a identificarlas y a diferenciar el cuerpo de los hombres y de las
mujeres. Les hablan de relaciones, de amistad, de amor, también de celos. Les
enseñan a decir no si no te gusta que te toquen, lo que está bien y lo que está
mal, a llamar a la policía cuando vean algo que no les gusta y en definitiva, a
ser libres.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Discapacidad