Que basta tomar agua para bajar la presión. Que el cuerpo
nos pide "comer con sal". Que la presión alta aparece por los
nervios. Que un cafecito está totalmente prohibido para los hipertensos. Que la
actividad física puede provocar un ataque al corazón...
Nada de esto es así y forma parte de un arraigado decálogo
de mitos de nuestra sociedad.
Este año, sin proponérselo, entidades médicas y otras
organizaciones que se ocupan del cuidado del corazón relevaron estas creencias
populares que se transmiten como consejos de entre casa, pero carecen de una
explicación comprobada científicamente.
Cada uno en su especialidad, como la cardiología, la
nefrología o la nutrición, estos grupos detectaron lo que consideran barreras
que todavía perduran para prevenir o tratar efectivamente una enfermedad tan
peligrosa como la hipertensión.
En la Argentina, las cifras hablan por sí solas. Uno de cada
tres mayores de 18 años es hipertenso, y un estudio del Instituto de
Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) reveló el año pasado que uno de cada
cinco no tiene la presión controlada, es decir, por debajo de los 140-90 mmHg
que registra el tensiómetro.
Todo eso, combinado con un consumo de sal aún muy por encima
de lo que los riñones están preparados para eliminar, potencia el riesgo de
infarto y accidente cerebrovascular.
Por todo esto, la Sociedad Argentina de Hipertensión (SAHA),
la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), el Centro de Estudios sobre
Nutrición Infantil (Cesni), la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y la
Asociación Argentina de Nutricionistas y Dietistas (Aadynd) se lanzaron a
reunir y actualizar esos falsos conceptos que la medicina ya no duda en
erradicar.
Éstos son, de acuerdo con estos grupos, los 10 mitos que
lastiman el corazón y los especialistas los aclaran uno por uno.
1. Sé que tengo la presión alta cuando me duele la cabeza.
La Sociedad Argentina de Hipertensión (SAHA) explicó que la cefalea, o dolor de
cabeza, es un síntoma "inespecífico", es decir que puede aparecer por
muchas causas. En la mayoría de los casos, la presión alta no da síntomas. Por
eso, desde la entidad insisten en que la única manera de saber si la presión no
está dentro del rango normal es tomarse la presión. "No espere a tener
síntomas para tomarse la presión. Esperar lo que difícilmente se presente puede
ser tarde", dijo el doctor Pablo Rodríguez, miembro de la entidad.
2. Mi presión (alta) es nerviosa. "Esto lo dice el 100%
de los pacientes que llegan a la consulta. En realidad, subestiman un problema
evitable, que es la principal causa de muerte", aseguró el doctor
Guillermo Fábregues, presidente electo de la SAC, que se ocupó de este mito en
la charla abierta para la comunidad en el último Congreso Argentino de
Cardiología. En un experimento simple con dos pacientes en la sala de espera de
un consultorio, explicó que después de un tiempo tendrá la presión más alta
aquel con las paredes arteriales más rígidas (un efecto de la hipertensión).
"No es el nerviosismo por la espera o enfrentar el guardapolvo blanco lo
que le hizo subir la presión, sino el estado de su sistema circulatorio",
precisó.
3. No puedo tomar café porque soy hipertenso. En dos cuestiones
están de acuerdo los especialistas, ya sean cardiólogos o nefrólogos, que se
dedican el manejo de la hipertensión: el consumo de café eleva de manera
pasajera la presión, pero no está demostrado que su consumo moderado (menos de
tres pocillos por día) provoque hipertensión. En el caso de los hipertensos, la
SAHA aconseja que los que deseen seguir disfrutando de un cafecito o un cortado
ingieran entre una y tres tazas diarias.
4. Si hago ejercicio me puede dar un ataque al corazón. La
SAC detectó que los casos de muerte súbita en una maratón, en un gimnasio o una
clase de educación física potencian la creencia de que el ejercicio es
peligroso. El doctor Roberto Peidro, director del Consejo de Ergometría y
Rehabilitación Cardiovascular de la entidad, insistió en los beneficios
preventivos de la actividad física con una intensidad adecuada y sin olvidar el
chequeo médico básico (examen y electrocardiograma). Indicó que el ejercicio
reduce un 35-40% el riesgo de infarto en una década. "Los programas pueden
iniciarse a cualquier edad, con las adaptaciones necesarias al estado físico
actual de la persona. Tanto en hombres como en mujeres que caminan con
regularidad cinco o seis días por semana, el riesgo de infarto y ACV disminuye
un 35% luego de ocho o 10 años." Recordó que una vez que el ejercicio se
vuelve un hábito su efecto en la salud cardiovascular puede ser "similar o
superior a muchos medicamentos. El problema es que requiere tiempo y
voluntad".
5. Hay que tomar mucha agua para bajar la presión. La hidratación
excesiva puede aumentar la presión sanguínea, pero "una buena hidratación
favorece el desarrollo de varios procesos orgánicos. Tomar mucha agua hace
bien, pero no influye en los valores de presión", comentó Rodríguez sobre
este mito que identificaron los especialistas en hipertensión.
6. Cada vez que me tomo la presión es diferente. Es normal
que varíe durante el día; influyen la actividad física, las emociones y hasta
la temperatura. Suele ser más alta a la mañana y más baja al dormir. El hecho
de tomarse la presión provoca un estado de alerta, al que el cuerpo reacciona
con el aumento de la presión. Por eso, la SAHA aconseja repetir esa toma y
descartar la primera. Si la presión es normal, se estabilizará en el segundo
control. "La presión cambia cada vez que nuestro corazón late. Hay que
consultar al médico si la mayoría de los valores (en los controles) superan
140/90 mmHg", precisaron a través de un comunicado desde la institución.
7. Para cuidar el corazón, hay que tomar agua baja en sodio.
Más de mil mayores de 18 años la ubicaron entre los cinco mitos sobre el
consumo de agua en una encuesta del Cesni, la SAN y la Aadynd. "La sal del
agua no sube la presión", afirmó el doctor Ricardo Iglesias, ex presidente
de la SAC, durante una conferencia de prensa conjunta. Paralelamente, 30
especialistas de la SAHA revisaron un centenar de investigaciones publicadas y
fijaron posición sobre las aguas envasadas: "En su consumo habitual, el
aporte de sodio no parece ser suficiente para provocar enfermedad
cardiovascular ni hipertensión", resumió el doctor Felipe Inserra,
coordinador general del documento presentado en el último Congreso Argentino de
Hipertensión Arterial. Precisó que ese consumo aporta, en promedio, un 10% de
los 5,5 g de sodio que la OMS recomienda ingerir por día. Aquí, un adulto
consume unos 11,2 g diarios de sal; el 75-80% proviene de los alimentos
procesados. Para el Código Alimentario Argentino, son aguas bajas en sodio las
que en su etiqueta no indican más de 20 mg/l y son de alto contenido, si
superan los 200 mg/l. Las que tienen entre 20 y 200 mg/l son de contenido
intermedio.
8. Lo importante es tener la mínima controlada. Esta idea
surgió hace tiempo, cuando la medicina aún desconocía la importancia de la
presión sistólica o "máxima" y la presión diastólica o
"mínima". La SAHA aclaró que el aumento de cualquiera de esos dos
valores incrementa el riesgo cardiovascular. "Sin embargo, después de los
50 años, la presión máxima se relaciona más estrechamente con el riesgo
cardiovascular", aclaró el doctor Rodríguez.
9. Mejor saltear/bajar la dosis del remedio para el
colesterol porque tiene efectos secundarios. El doctor Carlos Tajer, presidente
de la SAC, explicó que está muy instalado en la comunidad que el uso de esos
fármacos, o estatinas, daña el hígado y los músculos. "Está demostrado que
bajar el colesterol en los pacientes cardiovasculares o de alto riesgo prolonga
la vida. Y hay que bajarlo mucho. Hay que llevar el colesterol malo, que en la
población promedio es de 150, a 70 -indicó-. Se impuso la idea de que esos
fármacos son tóxicos para introducir otro tipo de fármaco, y se hizo con mucha
presión sobre los médicos con un mensaje que generó uno de los mitos en
cardiología más fuertes, que mata." Ante un dolor muscular, por ejemplo,
los pacientes suspenden o saltean la toma. "En la dosis correcta, esas
drogas bajan un 40% la mortalidad", precisó. En el último Congreso
Argentino de Cardiología, se mostró que los mejores estudios publicados revelan
que estos medicamentos, indicados en los pacientes adecuados, dañan el hígado y
los músculos tanto como un placebo. "El 90% de los pacientes abandona el
tratamiento mucho antes del año, cuando se siente bien", dijo Fábregues.
10. Necesito ponerle más sal a la comida porque el cuerpo me
lo pide. Además de mito, como la del ejercicio suele ser una excusa muy
frecuente a la hora de agarrar el salero en la mesa y volcarlo sobre el plato
sin siquiera haber probado un bocado. Por eso, siempre los especialistas
recomiendan probar la comida antes de salarla. "La sal que el cuerpo
necesita es la que está presente en forma natural en los alimentos que
consumimos. Ni más ni menos", aclaró Rodríguez..
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Cardiovascular