Villalta ha ideado inventos que ayudarán a mejorar la
calidad de vida de los pacientes.
A Pedro Villalta no es fácil encontrarle tumbado en el sofá.
Por las mañanas trabaja como enfermero en el Hospital Universitario de
Móstoles, por las tardes atiende su clínica de podología; "entre
horas" ultima su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid y aún
tiene tiempo para desarrollar su particular faceta de inventor.
Este castellano-manchego ya ha ideado dos prototipos
sanitarios -uno de ellos con patente internacional- que podrían ayudar en buena
medida a mejorar los cuidados y la calidad de vida de los pacientes.
Como todo buen creador, a Villalta la inspiración le
encontró trabajando. "Una de las cosas que se ven a menudo en las unidades
de cuidados intensivos, donde he estado prácticamente toda mi carrera, es la
anemia iatrogénica del paciente crítico", explica. Este problema, aclara, se
debe a los continuos análisis que deben realizarse estos pacientes y a que
parte de esas muestras deben desecharse para que los resultados sean fiables.
Pensando en que tenía que haber una solución para estos
pacientes, Villalta no dejó de dar vueltas a su cabeza hasta que, tras varios
estudios y prototipos, ideó la válvula anti-desecho de sangre, que se coloca
entre el sistema de suero y el catéter y, mediante dos válvulas de seguridad,
permite extraer sólo la sangre necesaria para el análisis, ni una gota más.
Pero esta no es la única ventaja de la válvula, subraya: "También permite
reducir las infecciones asociadas al catéter, porque se disminuye su
manipulación y, además produce un ahorro en los costes, ya que se utilizan
menos jeringas que del modo convencional", aclara.
Con el prototipo en la mano, Villalta acudió a la oficina de
patentes, donde tras los pertinentes pasos burocráticos, consiguió la licencia
internacional. "Ahora estoy en conversaciones con varias empresas que
están muy interesadas y están haciendo estudios de mercado antes de tomar una
decisión", señala.
Está en el mismo punto con otro de sus inventos, un
protector facial para evitar las úlceras por presión en la cara. Como en el
caso anterior, Villalta llegó a esta idea después de asistir al sufrimiento de
muchos enfermos a su cuidado.
"En muchos pacientes con patología severa de la vía
aérea, como la insuficiencia respiratoria aguda, es necesario utilizar una
mascarilla de ventilación mecánica no invasiva", explica el enfermero. "Lo
que se pretende con esa técnica es proporcionar aire a presión al paciente, por
lo que las mascarillas deben apretarse mucho para evitar fugas en la terapia,
lo que genera unas úlceras por presión en la cara y nariz", añade.
En ese caso, recurrió a sus conocimientos como profesional
de la podología y pensó que estos enfermos podrían beneficiarse de una solución
similar a la que se emplea para proteger los pies de los pacientes diabéticos.
"Diseñé un protector facial, de silicona, que tiene forma de osito y se
adapta a la frente, la mandíbula y los pómulos del paciente, permitiendo el uso
de la mascarilla de ventilación y, a la vez, protegiendo su piel".
El dispositivo, añade, también es útil para los pacientes
que necesitan una CPAP domiciliaria, un dispositivo que se utiliza, por
ejemplo, para tratar la apnea del sueño.
En este caso, tiene la patente nacional y espera que la
industria decida apostar por un modelo que puede limitar una complicación
importante de muchos enfermos críticos.
"Siempre estoy dándole vueltas a las cosas",
reconoce Villalta, que antes de prototipos sanitarios inventó otras
aplicaciones para uno de sus grandes hobbies: el aeromodelismo. "En su
día, diseñé un dispositivo para colocar una cámara a los aviones y poder grabar
durante el vuelo, algo de lo que me acordé cuando vi los modernos drones",
señala el enfermero, que decidió empezar a pasar por la oficina de patentes
espoleado por su director de tesis.
Por eso, también ha patentado un tapón flexible que ideó
cuando asistió a un concierto. "Fui a una actuación con mi familia y me
quitaron el tapón de la bebida a la entrada, por seguridad", recuerda.
"Fue un engorro porque entonces la bebida se podía derramar o, si la
dejabas apoyada en algún sitio, era más fácil introducir de forma accidental o
voluntaria alguna sustancia que pudiese contaminar la bebida, así que decidí
diseñar algo".
El prototipo ha sido reconocido como modelo de utilidad y
Villalta ha comenzado a contactar con varias empresas de bebidas para
proponerles su idea. "Me gusta darle una vuelta a las cosas, intentar
mejorarlas, algo que no siempre es fácil, ya que estamos en una sociedad que se
mueve por la inercia", señala. "La clave para tener buenas ideas»,
concluye, es simple: sólo hay que "observar lo cotidiano".

Fuente: Diario El Mundo - Ver más Innovaciones en Salud