Existe un desconocimiento generalizado entre los
profesionales sobre esta cuestión. La mayoría de la grasa se expulsa en forma de dióxido de
carbono. En contra de lo que se piensa, no se convierten en músculo o
energía.
Aunque pueda parecer obvia, esta es una cuestión sobre la
que hay bastante desconocimiento, incluso entre los propios profesionales. En
general, los autores vieron que había importantes lagunas sobre el proceso
metabólico de pérdida de peso entre los dietistas, entrenadores personales y
médicos. "Creemos que es porque hay muchos pasos distintos involucrados en
el proceso, y cada uno se estudia en asignaturas completamente distintas",
explica a este periódico Ruben Meerman, de la escuela de Biotecnología y Ciencias
Biomoleculares de Australia y coator del presente estudio que pretende
clarificar un poco el tema.
Para despejar las dudas, Meerman y Andrew J. Brown han
publicado este análisis en el que explican cómo los seres humanos pierden
grasa. La conclusión a la que han llegado es que los pulmones son el órgano
clave en todo el proceso, ya que la mayoría de nuestra masa es expulsada al
exterior en forma de dióxodo de carbono.
Según cuentan, para perder 10 kilos de grasa es necesario
inhalar 29 kilos de oxígeno, lo que pone en marcha un proceso metabólico
mediante el que se producen 28 kilos de dióxido de carbono -que se expulsan por
los pulmones- y 11 kilogramos de agua, que se desechan a través de la orina,
las heces, el sudor, las lágrimas y otros fluidos corporales.
Por poner un ejemplo concreto: en posición de descanso, una
persona que pese 70 kilos y siga una dieta variada expulsa unos 0.74 kilos de
CO2 en ocho horas, lo que supone que el cuerpo pierde 203 gramos de carbono
durante este tiempo. De alguna forma, esto significaría que perdemos unos 200
gramos "sin hacer nada", aunque esto no es del todo cierto, ya que,
tal y como Meerman recuerda, nuestro cuerpo nunca descansa. Incluso cuando
estamos dormidos sigue trabajando: genera nuevas células, nos crece el pelo, o
simplemente genera calor para mantener la temperatura corporal.
¿Significaría esto que el truco para adelgazar está
sencillamente en respirar, algo que, de hecho, hacemos inconscientemente?
Desgraciadamente, no. Los autores previenen a la población de intentar perder
peso simplemente intentando respirar más, porque esto llevaría a la hiperventilación,
lo que puede desembocar en mareos, palpitaciones y pérdidas de consciencia.
El secreto para bajar de talla no es ningún misterio: la
clave, como muchos ya saben, está en hacer deporte. Cuando hacemos ejercicio,
nuestra tasa metabólica se incrementa, lo que significa que nuestro organismo
necesita más oxígeno y, por tanto, produce más dióxido de carbono. Meerman da
algunas cifras que pueden ayudar a hacerse una idea de qué ejercicios funcionan
mejor para adelgazar: "Caminar eleva tres veces nuestra tasa metabólica en
reposo, y si subimos una colina en bicicleta serían 12 veces", explica.
"Incluso el sexo puede elevar nuestra tasa metabólica unas 3,5
veces", añade.
Los investigadores concluyen que el 84% de la grasa es
exhalada en forma de dióxido de carbono, lo que convierte a los pulmones en el
órgano excretor principal en la pérdida de peso. El importante papel que tiene
el CO2 en todo el proceso no debe llevar a nadie a pensar que la fiebre por
mantener la línea podría ser la causante del calentamiento global, porque este
que consiste en que los átomos de carbono atrapados en organismos fosilizados
se desbloquean, mientras que el dióxido de carbono exhalado por el ser humano
regresa a la atmósfera sólo unos meses después de estar en los alimentos que
han fabricado las plantas.
"Nada de lo que estamos contando es nuevo, pero por
alguna razón que desconocemos, parece que nadie se ha puesto a hacer estos
cálculos antes", comentan los autores, quienes desearían que a partir de
ahora se cambiase la forma en la que se explica el proceso de pérdida de peso
en las facultades de Medicina, unificándose en una misma materia.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Alimentación y Nutrición