El cierre de una fábrica hace años no ha cesado el vertido
tóxico en una aldea rural. La organización denuncia que el país no ha cumplido las sentencias
judiciales. Se trata de una zona en la que viven agricultores
pertenecientes a una minoría étnica. El plomo causa daños irreversibles en las personas,
especialmente en los niños.
La organización internacional en defensa de los derechos
humanos Human Rights Watch ha presentado hoy el informe Agua tóxica, justicia
contaminada, en el que se señalan las huellas en la salud de los 400 habitantes
-todos de la etnia karen- que está dejando la contaminación por plomo que sufre
el río de esta aldea, un recurso natural primordial en la vida de estas
personas.
Muchos llevan años sufriendo los síntomas derivados de esta
exposición continuada al plomo, como son dolores abdominales, migrañas, cambios
de humor y cansancio general. Los niños y las embarazadas son especialmente
vulnerables, pudiendo causar en los primeros importantes problemas de
desarrollo, y riesgo de parto prematuro en las segundas.
Todas ellas, secuelas producidas por llevar desde 1960 -año
en el que abrió la fábrica- bebiendo agua de un río contaminado, comiendo
pescado contaminado y comida cultivada en suelos llenos de plomo, además de
respirar aire nocivo y, en definitiva, vivir sobre suelo tóxico.
Pero todo esto no es nuevo. Las autoridades tailandesas
tuvieron noticias de estos hechos hace años. Desde que en 1999 el Departamento
de Control de la Contaminación tailandés ordenara a la compañía 'Lead
Concentrate' limpiar parte del río, se han sucedido 15 años de idas y venidas
en las que no se ha solucionado nada y que han llevado a Human Rights Watch a
hablar de "fracaso" de las autoridades tailandesas.
Hace ahora casi dos años, el Tribunal Supremo del país dictó
una sentencia pionera en Tailandia por la que se ordenaba la limpieza del río
de Klity. Sin embargo, y a pesar de que la exposición de los Karen al plomo no
ha cesado, el Gobierno ha ignorado esta sentencia. Los trabajos deberían haber
empezado en mayo de este año, pero el gobierno afirma estar todavía estudiando
cómo llevarlos a cabo. "Deberían dejar de investigar y empezar a
limpiar", se queja Somchai, un agricultor sexagenario que hace años
demandó a su gobierno por este asunto.
"Los habitantes de esta zona son agricultores pobres
pertenecientes a una minoría étnica, por lo que las autoridades están dejando
que pase el tiempo y esperando a que el problema simplemente se esfume",
señala a este periódico Richard Pearshouse, investigador de Human Rights Watch
y autor del informe.
'Como pescado cuando no tengo dinero'
Ma Ong Seang tiene 50 años y perdió la vista a finales de
los 90 por una presencia excesiva de plomo en su cuerpo. "Como pescado del
río cuando no tengo dinero y no hay nada más para comer. No es una cuestión de
que me de miedo o no comer algo contaminado, es una cuestión de poder
comer", explica.
Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades
Estadounidenses (CDC, según sus siglas en inglés) establecieron en 2012 que las
autoridades sanitarias deben intervenir cuando se encuentre un nivel igual o
superior a cinco microgramos de plomo por decilitro de sangre. Los test hechos
a los habitantes de esta aldea mostraron niveles de plomo de entre 10 y 50
microgramos por decilitro.
"Las autoridades tailandesas no han hecho prácticamente
nada por esta gente", señala Pearshouse en conversación con EL MUNDO.
Muchos residentes ni siquiera recibieron los resultados de sus análisis, a
otros les dijeron que sus niveles de plomo en sangre eran "seguros"
cuando no lo eran y decenas de niños que estaban altamente contaminados no
recibieron el seguimiento médico que necesitaban. Por si fuera poco, las
pruebas dejaron de hacerse en el año 2008, a pesar de que el peligro de
contaminación sigue más que vigente.
"Mi hijo tiene un dedo de más en la mano y otro en el
pie. Desde que tenía cinco meses hasta los dos años sufría continuas diarreas.
Tiene poco apetito y casi no come. No puede correr rápido o hacer deporte y
siempre está débil y falto de energía", cuenta Chantira, otra de las
víctimas del plomo y madre de dos hijos más.
La Organización Mundial de la Salud advierte de que el plomo
es especialmente dañino en los niños. "Afecta a su cerebro reduciendo su
coeficiente intelectual, su capacidad de concentración y aumentando su
comportamiento antisocial", señalan. Es precisamente esto lo que le ocurre
al hijo de Minh, de siete años: "Aprende muy despacio y muchas veces no
entiende lo que le dice el profesor".
Podría establecer un modelo
Human Rights Watch señala que ya es hora de que se cumpla la
sentencia que dictó la Corte suprema de Tailandia y que ordenaba, por primera
vez en la historia del país, limpiar una zona tóxica que estaba minando la
salud de varias generaciones. Desde la organización señalan que la
contaminación industrial y sus efectos para las personas son comparables a los
del VIH, la tuberculosis y la malaria; y reclaman a las autoridades tailandesas
no sólo un plan para limpiar la zona, sino alternativas viables que garanticen
el suministro de agua a sus habitantes durante el proceso.
Las esperanzas, sin embargo, son pocas, más aún cuando el
país está considerando reabrir las minas de plomo que están a tan sólo unos
kilómetros de la aldea. No obstante, la organización anima al país a cumplir,
por fin, con su deber. "Tailandia se encuentra ahora en un cruce de
caminos: la limpieza de esta zona podría servir como modelo para otros lugares
contaminados", explica Pearshouse.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Contaminación y Salud