Se calcula que 285 millones de personas de todo el mundo
están afectadas por diabetes, y que aproximadamente el 10% de ellas padece la
de tipo 1, o sea 28,5 millones de personas. Teniendo en cuenta la cantidad de
nuevos casos de diabetes cada año, se calcula que el número de afectados
alcanzará los 438 millones hacia 2030 (manteniendo la proporción, serían 43,8
millones con tipo 1), dándole dimensiones epidémicas a este problema.
Este nuevo ensayo clínico lo ha llevado a cabo un equipo de
especialistas del Instituto de Investigaciones Clínicas de Montreal (IRCM) y la
Universidad de Montreal, ambas instituciones en Canadá, dirigidos por el
endocrinólogo Dr. Rémi Rabasa-Lhoret. Los resultados son alentadores y podrían
tener importantes repercusiones en el tratamiento de la diabetes tipo 1, una
enfermedad crónica que puede producir pérdida de visión y problemas
cardiovasculares.
El páncreas artificial es un sistema automatizado que
reproduce, hasta cierto punto, el trabajo de un páncreas natural en buen
estado, adaptando continuamente la liberación de insulina a los cambios en los
niveles de glucosa.
El páncreas artificial cuenta con dos configuraciones: Una
en la que libera solo insulina, y otra en la que libera insulina y glucagón.
Mientras la insulina baja los niveles de glucosa en sangre,
el glucagón tiene el efecto contrario y los eleva.
Las personas con diabetes tipo 1 deben controlar
cuidadosamente sus niveles de glucosa en sangre para que se mantengan dentro de
los valores normales. El control de la glucosa en sangre es la clave para
evitar complicaciones a largo plazo relacionadas con altos niveles de glucosa
(como ceguera o insuficiencia renal) y reducir el riesgo de hipoglucemia
(niveles peligrosamente bajos de glucosa en sangre, que pueden causar
confusión, desorientación, e incluso pérdida de la consciencia en casos
severos).
El nuevo ensayo clínico demuestra que en sus dos
configuraciones el páncreas artificial mejora el control de la glucosa y reduce
el riesgo de hipoglucemia, en comparación con los tratamientos basados en una
bomba de insulina.
El siguiente paso en esta línea de investigación y
desarrollo será realizar ensayos clínicos con cantidades más grandes de
pacientes y durante periodos de prueba más largos. Si no surge ninguna
dificultad inesperada, la tecnología debería estar disponible comercialmente
dentro de los próximos 5 a 7 años.
Fuente: Urgente 24 - Ver más sobre Diabetes