La enfermedad coronaria, el ataque cerebrovascular, las
infecciones respiratorias bajas (principalmente la neumonía), la enfermedad
pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y los accidentes de tránsito fueron el año
pasado las cinco primeras causas de muerte en el país.
Arroja resultados alentadores: en el período que va de 1990
a 2013, muy pocas dolencias aumentaron su tasa de mortalidad y la expectativa
de vida (o esperanza de vida al nacer) creció globalmente más de seis años. Los
argentinos sumamos más de tres: para los hombres, pasó de 69 años a 72,3, y
para las mujeres, de 76,1 a 79,6. Los hombres chinos ganaron más de 7,5 años, y
las mujeres, casi 10. En América latina, los peruanos sumaron más de siete;
Paraguay casi no cambió, y Chile agregó más de seis (los hombres pasaron de
69,5 a 76,3; las mujeres, de 76,5 a 81,7).
"Se vive más, gracias en parte a la reducción en las
tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en los países con
ingresos altos y al descenso de muertes infantiles en los países con ingresos
bajos, pero las desigualdades siguen siendo las mismas entre las
regiones", afirman los autores.
Aunque hay diferencias entre países, los científicos
destacan que en el balance general descienden las tasas de mortalidad por
enfermedades infecciosas y cardiovasculares, por la mayoría de los tumores,
incluidos el de mama, el de útero y el de colon, y se hicieron grandes avances
en la reducción de la mortalidad por enfermedades como el sarampión y la
diarrea (con disminuciones de 83% y 51%, respectivamente).
Por otra parte, aumentaron los trastornos por el uso de
drogas y las enfermedades renales crónicas, y algunos tipos de cáncer, como el
de páncreas y el de riñón.
"Los cambios más notorios que se dieron en la Argentina
durante ese período se debieron a una reducción de la mortalidad por
complicaciones del parto pretérmino neonatal, las anomalías congénitas y la
enfermedad cardíaca isquémica -comenta desde Mar del Plata Alicia Lawrynowicz,
jefa del Servicio de Metodología de la Investigación, del Instituto Nacional de
Epidemiología Dr. Juan H. Jara, coautora del trabajo-. En cambio, las muertes
por neumonía, EPOC y enfermedad de Alzheimer aumentaron notablemente."
La imagen que deja ver este relevamiento es que en el mundo
una de cada tres muertes se debe a la cardiopatía isquémica, el accidente
cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), afecciones
muy vinculadas con los estilos de vida.
"Las principales dos causas de muerte son enfermedades
no transmisibles cardio y cerebrovasculares, aquellas donde los programas de
prevención y las mejoras en los tratamientos tienen su mayor impacto -opina
Luciano Sposato, investigador argentino que trabaja en el London Health
Sciences Centre, de la Universidad de Western Ontario, en Canadá, que también
firma el estudio-. Entre la población económicamente activa, están los
accidentes de tránsito y el suicidio. Acá también es clave el Estado. En temas
de prevención de accidentes de tránsito, la Argentina está a años luz de los
países que lograron cambios importantes. Se necesitan desde un drástico cambio
cultural hasta normas y controles mucho más estrictos."
Según Sposato, cuando se comparan causas de muerte se puede
hacer una estratificación de países ricos, pobres e intermedios.
"Como ejemplo del primer grupo, se puede pensar en los
Estados Unidos y Canadá -explica-. En el grupo de los países pobres se puede
ubicar a los de África. Los de América latina están en el punto intermedio,
aunque a algunos, como la Argentina, se los clasifica como high income [de
altos ingresos]. Cada uno de estos conjuntos tiene un perfil de mortalidad
similar. En los más desarrollados prevalecen las causas de muerte asociadas con
el desarrollo socioeconómico y con una mayor expectativa de vida, las
enfermedades de la abundancia, como la enfermedad coronaria o el ACV. Eso no
significa que no haya pobreza, sino que el desarrollo económico trae más
enfermedades asociadas con cambios en la dieta (empeora la calidad y aumenta en
cantidad de calorías) y con el nivel de actividad física. Además, disminuyen
las muertes por enfermedades infecciosas, que suelen encontrar sus víctimas en
personas más jóvenes. Esto hace que aumente la expectativa de vida y predominen
otras enfermedades, como el infarto y la demencia."
Entre las dolencias que conspiraron contra una mayor
longevidad en América latina están la diabetes, otros trastornos endócrinos y
la enfermedad renal crónica; en América del Norte, los trastornos mentales; en
el sur de Asia, Asia Pacífico y el sur de África Subsahariana, las lesiones
intencionales; en Europa del Este y Asia Central, la cirrosis, y el VIH/sida en
el África subsahariana.
"Los países latinoamericanos comparten algunas causas
de muerte con los de altos ingresos, como la enfermedad coronaria y el ACV, y
otras con los africanos, como las enfermedades respiratorias bajas. Tenemos una
mezcla de los dos extremos -comenta Sposato-. Algo interesante es que hay un
índice bastante innovador, llamado de «progreso social». América del Norte
tiene un índice de 85; América latina, de 65, y África, de 45. Esto confirma
que existe una íntima relación entre desarrollo social y causas de
mortalidad."
Para armar este complejísimo rompecabezas de datos, los
investigadores recurrieron a múltiples fuentes. "Primero nos abocamos a
revisar exhaustivamente la bibliografía y los datos que proporcionaron los
autores principales -detalla Lawrynowicz-. Luego, aportamos estadísticas
oficiales, publicaciones nacionales, regionales o locales con la validez
necesaria para ser incluidas en la base de datos. Algunos provienen de fuentes
oficiales, como los censos de población o las estadísticas vitales. Es
importante destacar que los que aporta la Dirección de Estadísticas e
Información en Salud a nivel internacional son considerados de buena
calidad."
Tal como afirma Christopher Murray, director del IHME, en la
actualidad hay mejores recursos para prolongar la vida, pero también hay más
personas que llegan a edades muy avanzadas. "Ésta es una tendencia
alentadora -subraya-. Sólo debemos asegurarnos de estar tomando las decisiones
correctas en el presente en cuanto a las políticas de salud a fin de prepararnos
para los problemas médicos que están surgiendo."
Para Sposato, en la Argentina esto debería traducirse en
invertir y educar a la población y a los profesionales de la salud y en trazar
políticas consensuadas de largo plazo que no cambien con el gobierno de turno.
"Decirle a la gente que el colesterol y la hipertensión
son malos para la salud no alcanza -afirma Sposato-. Ya se sabe que la gente no
cambia de hábitos sólo por saber que algo le hace mal. Hay formas mucho más
innovadoras de abordar este problema."
Para el especialista, también debería mejora la remuneración
de los profesionales de la salud y habría que generar un entorno más favorable
para la interacción médico-paciente. "No se puede hacer prevención cuando
una consulta dura entre 5 y 15 minutos", agrega.
Lawrynowicz coincide: "Hay que apuntar a la formulación
de políticas de salud de largo plazo tendientes a la disminución de las
desigualdades e inequidades".
También aconseja tener en cuenta las diferencias entre
grupos de edad y género que pueden requerir acciones diferenciales, establecer
y fortalecer programas de educación continua desde edades tempranas, y centrar
la inversión en prevención y promoción de la salud por medio de un sistema
integrador, transdisciplinario y que trabaje en conjunto con la comunidad.
Según los pronósticos, si se mantiene la tendencia de los
últimos 23 años, para 2030 la expectativa de vida seguirá en alza: en los
promedios globales, las mujeres superarán los 85 y los hombres, los 78. El
problema, entonces, será no sólo agregar años a la vida, sino también vida a
los años.
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Salud Cardiovascular