Hace quince años que la enfermedad no tenía novedades y en
nuestro país es la segunda causa de muerte por enfermedad oncológica en
mujeres. La autoridad sanitaria local, ANMAT, ya aprobó el nuevo esquema
terapéutico. Infobae analiza el tema con expertos oncólogos.
Las noticias y las cifras alrededor del cáncer de cuello de
útero (CCU) lo primero que evidencian es un estatus de desigualdad en salud
entre las mujeres de la Argentina y la región.
El mal afecta principalmente a mujeres de bajos recursos
socioeconómicos, entre 35 y 65 años, que por diversas razones como barreras
geográficas, culturales y económicas no acceden a lo que se llama los servicios
de tamizaje, que se convierten en los más efectivos escudos de prevención para
el cáncer cervicouterino.
Los servicios de tamizaje contemplan no sólo una actitud de
concientización y alerta por parte de las mujeres; sino también una batería de
estudios de laboratorio, diagnóstico y tratamiento. Además de las consultas
médicas periódicas de acuerdo a cada edad que permiten monitorear el estado de
nuestra salud y evaluar los cuidados preventivos.
En la Argentina, el cáncer de cuello de útero es la segunda
causa de muerte por una enfermedad oncológica en mujeres y, según datos del
Instituto Nacional del Cáncer (INC) , en nuestro país se realizan 4.900
diagnósticos nuevos anuales y mueren unas 2.000 mujeres al año debido a la
enfermedad.
En provincias como Corrientes, Chaco, Jujuy o Misiones las
tasas de mortalidad son muy superiores a las de jurisdicciones como Tierra del
Fuego, Buenos Aires, Córdoba o La Pampa.
Más del 99% de los casos están relacionados a infecciones
genitales por el virus del papiloma humano (VPH); contra el cual hoy existe una
vacuna preventiva que se sugiere en niñas a partir de los 11 años -y está
incorporada al Calendario Nacional de vacunación - para reforzar el escudo
protector contra la enfermedad.
Y desde el 2008 existe en el país un Programa Nacional de
Prevención de Cáncer de Cuello de Útero que contempla estrategias de tamizaje y
un programa de vacunación contra el VPH.
Lo nuevo
Con la llegada de las terapias target, el escenario general
del cáncer cambió para siempre. El descubrimiento del bevacizumab, un
anticuerpo monoclonal humanizado, que actúa como una proteína que reconoce y se
une de forma específica y única a otra proteína del organismo, ha demostrado su
eficacia en el tratamiento contra varios tipos de cáncer, en especial contra el
cáncer de colon, mama, pulmón y células renales.
Ahora llegó el turno de probar esta terapéutica target
combinada para casos de cáncer de cuello de útero (CCU) avanzados.
Es decir disminuye el crecimiento de los vasos sanguíneos
producidos por el tumor para generar su propio crecimiento.
Desde hace más de 10 años se viene utilizando para tratar
diferentes tipos de cáncer, y más de un millón de pacientes en el mundo ya
fueron tratados con este anticuerpo monoclonal. Ahora un programa clínico
global con más de 500 ensayos que se están realizando investiga su uso en más
de otras cincuenta clases de tumores.
En el caso específico del CCU, la autoridad sanitaria
argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología
médica (ANMAT) aprobó un nuevo esquema terapéutico: el uso de bevacizumab en
combinación con quimioterapia; para tratar a pacientes con cáncer de cuello de
útero recurrente, persistente o avanzado.
Antes de esta nueva indicación de bevacizumab las mujeres
con enfermedad avanzada tenían pocas opciones de tratamiento y una sobrevida
global media de menos de 1 año.
En diálogo con Infobae, la doctora Valeria Cáceres,
integrante del servicio de Oncología del Instituto Angel Roffo puntualiza sobre
la nueva terapia: "El gran desafío del nuevo tratamiento es paliar los
síntomas en el CCU: dolor, falla renal por obstrucción uretral, trombosis y
hemorragia, anemia, flujo maloliente, linfedema, fistula. El rol de la
quimioterapia es paliativa. Hasta ahora el cisplatino era el agente más activo,
con tasas de reducción de la enfermedad del 10 al 20% y una sobrevida mediana
de 7 meses. Esta nueva medicación produce una clara ventaja en el tiempo que
las pacientes pueden vivir sin que la enfermedad progrese (8 meses) y en la
sobrevida (17 meses)".
Juan José Zarba, profesor adjunto de Oncología en la
Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán consultado por
Infobae explica el aporte de este nuevo tratamiento combinado sobre las células
cancerosas: "Este es el primer tratamiento, luego de 10 años, que
demuestra un aumento significativo de la sobrevida de esta grave enfermedad,
llevándola a un promedio de 17 meses".
Un dato a destacar es que en la Argentina, la ANMAT, como
organismo de control de la salud, permite combinar bevacizumab con
carboplatino; y no sólo con las quimioterapias usadas en el ensayo clínico, que
no representan adecuadamente la realidad de tratamiento en nuestro país.
La quimioterapia actúa sobre las células tumorales y el
bevacizumab actúa sobre las células vecinas que rodean al tumor inhibiendo la
acción de los factores angiogénicos, que producen nuevos vasos sanguíneos;
permitiéndole al tumor crecer y diseminarse. Además la inhibición de estos
factores produce la "normalización" de los vasos sanguíneos ya existentes
en el tumor, que normalmente son anormales, y de esta manera permiten una mejor
llegada de las drogas de quimioterapia al tumor.
Desafíos y sobrevida
Agrega Cáceres: "Hoy las nuevas terapias se prueban en
estadios más avanzados y si los resultados son satisfactorios, a posteriori se
empiezan a utilizar en estadíos más precoces".
Existen más de 100 tipos diferentes de VPH y cerca de 30-40
de ellos afectan al área genital. Si bien las infecciones por VPH suelen
resolverse espontáneamente, eliminando el virus (se estima que afectará
aproximadamente entre el 75% y 80% de los varones y mujeres en algún momento de
sus vidas, aunque muchos ni se enterarán), hay personas en las que esto no
ocurre y el VPH–que se contagia mediante cualquier actividad que involucre
contacto sexual– puede causar consecuencias graves como CCU.
Los tipos 16 y 18 del virus provocan alrededor del 70% de
los casos de cáncer de cuello de útero y vaginal, mientras que los tipos 6 y 11
provocan aproximadamente el 90% de los casos de verrugas genitales en ambos
sexos, así como las lesiones cervicouterinas y genitales de bajo grado y/o un
Papanicolau anormal.
Al principio, el cáncer de cuello uterino puede no presentar
signos ni síntomas, pero cuando ya está avanzado suele provocar sangrado o
secreciones vaginales anormales. En la actualidad, existen dos tests que ayudan
a prevenir o detectar precozmente la enfermedad: el tradicional Papanicolau
(Pap), que busca lesiones precancerosas (cambios en las células) en el cuello
uterino y se recomienda a partir de los 21 años; y el novedoso test de VPH, que
busca directamente la presencia del virus en el organismo y se lo aconseja a
partir de los 30 años.
Nuevo escenario
El nuevo método de diagnóstico test cobas VPH que detecta la
presencia del virus del papiloma humano (VPH) a nivel molecular consigue
determinar precozmente el riesgo de desarrollar CCU, y permite actuar antes de
que la enfermedad se declare.
En abril del 2014, el test cobas® -desarrollado por el
laboratorio Roche- fue autorizado por la autoridad sanitaria de los EEUU - la
Food and Drug Administration (FDA)- como método de screening primario. Antes se
utilizaba el Pap para este tipo de estudios del cáncer cervicouterino (CCU) en
mujeres mayores de 25 años. Por eso, en Estados Unidos este tipo de análisis ya
desplazó al Papanicolau como forma de detección primaria. En la Argentina está
aprobado por la ANMAT y crece su uso tanto en el sector público como en el
privado.
Poder usarlo como tamizaje primario significa que las
mujeres tendrán la oportunidad de recibir un mejor y más seguro estándar de
cuidado.
Nuevas oportunidades
El test cobas® VPH, que está aprobado en la Argentina ya se
lo utiliza en varios centros privados e instituciones públicas, provee tanto el
resultado del conjunto de 12 genotipos de VPH de alto riesgo como la detección
individual de VPH 16 y VPH 18, los dos tipos virales responsables del 70% de
los cánceres de cuello uterino.
Esta ventaja en la sobrevida en un estadio de enfermedad con
escasas chances y recursos terapéuticos explica por qué el Servicio Nacional de
Salud (NHS, por sus siglas en inglés), el riguroso órgano de control del Reino
Unido, aprobó y decidió cubrir los costos del uso de bevacizumab en CCU en
febrero de 2014. Esta medida pionera fue imitada por la FDA, que le dio luz
verde en agosto de 2014, tras sólo 2 meses de evaluación. En Latinoamérica,
este año también se aprobó en Ecuador, Paraguay y Uruguay.
La doctora Cáceres concluye para Infobae: "Es deseable
que el test cobas VPH pueda ser incluido como estudio diagnóstico primario
-casi obligatorio- para mujeres de más de 25 años; ya que sumado a la vacuna en
niñas de 11 años contra el virus del HPV se fortalece el llamado "escudo
protector" contra la enfermedad. Además debería incluirse dado que las
lesiones intraepiteliales precursoras del cáncer de cuello están ligadas al HPV
casi en forma universal".
Fuente: Infobae - Ver más sobre Cáncer