Se requiere un control mensual, sobre todo si al nacer el
bebé tuvo bajo peso. Y ver si crece de manera armónica.
Según la Organización Mundial de la Salud, se considera que
aquellos niños y niñas que tienen un peso menor al 80% del peso medio
correspondiente a su misma estatura padecen desnutrición aguda o emaciación.
Ese tipo de desnutrición afecta a alrededor de 20 millones de niños menores de
cinco años en el mundo y se asocia a entre 1 y 2 millones de muertes evitables
al año. Para diagnosticar a un niño con desnutrición aguda, hay que tener en
cuenta si fue prematuro y si nació con bajo peso al nacer. “Si tuvo bajo peso,
necesitan mayor seguimiento médico con un control mensual. Para eso, el
pediatra deberá seguir las curvas de crecimiento de la Organización Mundial de
la Salud y tener en cuenta si el niño recibe lactancia materna”, explicó a
Clarín Carmen Vecchiarelli, subjefa de terapia intensiva neonatal del Sanatorio
Otamendi. “En cada control médico, se debe examinar si el niño crece de manera
armónica, ver cómo está su piel y su cabello. Entre los síntomas de la
desnutrición aguda, se encuentran menor peso que corresponde a su edad y talla,
reducción del tejido graso, elasticidad de la piel disminuida, hinchazón del
abdomen, déficit de calcio, proteínas, y otros parámetros, cabello ralo,
problemas de dentición, entre otros”, puntualizó Vecchiarelli.
Como secuela de la
desnutrición aguda, los niños pueden sufrir infecciones frecuentes, menor talla
y compromiso cognitivo, un problema que puede llevar a un menor rendimiento en
la escuela. En la Argentina, la prevalencia de la desnutrición aguda infantil
era del 1,2% de la población menor de 6 años, según la única encuesta nacional
de nutrición y salud publicada por el Ministerio de Salud de la Nación en 2007.
“La emaciación, es decir la desnutrición aguda, presenta prevalencias
marginales desde una perspectiva poblacional”, escribieron los autores de la
encuesta de la cartera de salud. “Los resultados de esa encuesta son los únicos
que existen en el país y hasta ahora no hay evidencia científica de que la
desnutrición aguda haya aumentado”, afirmó Mercedes Paiva, presidenta de la
Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN) y docente de educación
alimentación en la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires. Al
haberse conseguido esa prevalencia marginal (menor al 5%), la FAO consideró que
la Argentina había alcanzado el estado de “hambre cero”. Consultado también por
Clarín, Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios de Nutrición
Infantil, que es una ONG que se dedica a investigación, expresó: “En la
encuesta del Ministerio en 2007 los valores regionales de desnutrición aguda
fueron desde 0.9% en la Patagonia al 2.7% en la región de Cuyo. Todas estas
cifras son muy cercanas a las que se espera en una distribución normal.
Como la
evaluación de desnutrición por medidas antropométricas implica una técnica
estadística debería decirse que desde una perspectiva poblacional, la
desnutrición aguda no es prevalente en nuestro país”. Carmuega, señaló que
cuando se analizan grupos especiales de población, como comunidades rurales
distantes o pueblos originarios, las cifras pueden ser mayores. “La herramienta
para detectar y tratar oportunamente la desnutrición –destacó– es el contacto
permanente y frecuente con el sector de atención primaria de la salud”.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Nutrición