1. MAMOGRAFÍA
El de mama es uno de los pocos tipos de cáncer que se pueden
diagnosticar de forma precoz, antes de que haya mostrado ningún síntoma. De
hecho, las campañas de detección llevadas a cabo en los últimos años han
permitido reducir considerablemente la mortalidad asociada a estos tumores. La
técnica que se emplea habitualmente es la mamografía, una 'radiografía' de las
mamas que hace posible observar lesiones aunque sean incipientes. Actualmente
en España se recomienda que, cada dos años, se sometan a esta prueba todas las
mujeres cuya edad esté comprendida entre los 50 y los 69 años (aunque en
algunas regiones esta horquilla se amplía desde los 45 hasta a los 75). En
mujeres más jóvenes, el examen puede aconsejarse si existen otros factores de
riesgo, como un perfil genético relacionado con la enfermedad.
2. CITOLOGÍA
Al igual que el de mama, el cáncer de cuello de útero
también se puede detectar antes de que dé la cara. Por eso, se aconseja que
todas las mujeres de entre 25 y 65 años se sometan periódicamente a revisiones
ginecológicas que incluyan una citología cérvico-vaginal (también conocida como
test de Papanicolau). Esta prueba, que no es dolorosa y se realiza tomando
muestras celulares del fondo de la vagina y el cuello uterino, permite
diagnosticar la existencia de lesiones premalignas y, por tanto, poner en
marcha acciones terapéuticas si es necesario. El test debe realizarse al menos
una vez cada tres años.
3. HECES
Buscar sangre oculta en heces es una prueba sencilla y
rentable que, gracias a un proyecto iniciado por la Asociación Española contra
el Cáncer, se ha puesto en marcha, bien como prueba rutinaria o como un estudio
piloto en la mayoría de las CCAA. Este test, cuyo coste es de unos dos euros,
evitaría -si da negativo- hacer otras pruebas más caras, como la colonoscopia (180
euros), o que un cáncer se extienda por el cuerpo, en cuyo caso supondría un
coste terapéutico de unos 27.0000 euros. Más allá del coste, la prueba permite
detectar muchos tumores a tiempo y salvar vidas. Una vez instaurado el
programa, la administración envía una carta a las personas que forman el grupo
de riesgo (entre los 50 y los 69 años). Con ella se manda un material (un
bastoncillo y un sobre) para que puedan recoger una muestra de sus heces, que
deben entregar en su centro de salud. Si es negativa, la persona ya puede
despreocuparse del riego de sufrir esta enfermedad por un tiempo.
4. COLON
Cuando el test de sangre oculta en heces es positivo, es
necesario hacer más pruebas para comprobar cuál es el origen de esa sangre. Una
de las más habituales es la colonoscopia, un examen invasivo que permite
identificar posibles pólipos precancerosos o la existencia de un tumor. Según
datos de la Asociación Española contra el Cáncer, si se detectasen de forma
precoz, cerca del 90% de todos los cánceres de colon y recto podrían ser
curados.
5. ANALÍTICA
Los análisis de sangre son muy útiles para ayudar en el
diagnóstico de distintas enfermedades. Permiten detectar, por ejemplo, la
existencia de infecciones, alteraciones relacionadas con la diabetes o una anemia.
Lo más habitual es que los análisis incluyan un estudio hematológico (sobre los
distintos componentes de la sangre) y otro bioquímico que analiza el estado de
la glucemia, el ácido úrico, las transaminasas o la bilirrubina, entre otros
marcadores. Mediante el estudio de la orina también se puede afinar el
diagnóstico de infecciones, enfermedades renales y otros trastornos que
producen metabolitos en la orina. Ante la sospecha de una alteración, los
análisis de sangre y orina son una de las primeras pruebas que el médico suele
indicar. Lo ideal es que estas pruebas se realicen en ayunas.
6. TENSIÓN
La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo
cardiovascular. Sin embargo, es asintomática. Aunque en la sombra esté
ejerciendo su efecto perjudicial, puede pasar desapercibida durante mucho
tiempo. Por eso, es aconsejable revisar la presión arterial con cierta
frecuencia. En general, se considera que una tensión arterial es normal cuando
la presión arterial sistólica está por debajo de 129 mmHg y la diastólica no
supera los 84 mmHg. Las personas con enfermedades crónicas como la diabetes, distintas
cardiopatías o problemas renales deben tener especial cuidado con su tensión
arterial y someterse a controles de forma habitual.
7. OJOS
A partir de los 40 años, aumenta el riesgo de sufrir una
enfermedad ocular que es grave pero también puede permanecer asintomática hasta
estadios muy avanzados: el glaucoma. Conocido como el ladrón de la vista, este
trastorno es la segunda causa de ceguera en el mundo. Aunque existen distintos
tipos, todos ellos causan un daño en el nervio óptico que, si no se detecta a
tiempo, conduce a la pérdida de visión. Para evitarlo, los especialistas
recomiendan someterse a revisiones oftalmológicas al menos una vez cada cinco
años después de cumplidos los 40. En estas revisiones se realizan pruebas de
agudeza visual, de medición del campo visual , de presión del ojo y de
evaluación de posible daño en el nervio, entre otras.
Fuente: Diario El Mundo