Siempre será necesaria la medicina asistencial, siempre
habrá que parchear enfermedades crónicas y siempre habrá que intentar aliviar
sufrimientos provocados por las enfermedades. Sin embargo, ese siempre no puede
ocultar más la necesidad imperiosa de incorporar la promoción de la salud en
todas la agendas políticas y sociales si queremos mantener el grado de
bienestar que tienen la mayoría de los países desarrollados. Y del que
presumimos un día detrás de otro.
En el número de hoy del British Medical Journal se publica
un artículo más de los muchos que están viendo la luz en los últimos meses
sobre la trascendencia del estilo de vida a la hora de disminuir muy
significativamente los riesgos de enfermar. Se trata de un trabajo noruego,
realizado en la Universidad de Oslo, en el que se han seguido durante 15 años a
casi 6.000 varones que en el año 2000 tenían al menos 70 años, evaluando si el
ejercicio físico moderado (30 minutos de actividad al menos moderada seis veces
por semana) podía ser un elemento que protegiera la salud cardiovascular y el
riesgo de morir.
La conclusión es clara: incluso en las personas mayores el
ejercicio físico protege y disminuye en un 40% la mortalidad cuando se comparan
poblaciones similares pero que son fundamentalmente sedentarias. Pocos
medicamentos pueden presumir de ese porcentaje.
Los autores concluyen que el sedentarismo es un factor de
riesgo de enorme magnitud, tan peligroso como lo es el tabaquismo y mayor
incluso de lo que es la hipertensión.
De la misma manera que la industria del celuloide no se dio
cuenta de que lo digital acabaría con la emulsión de plata para grabar
imágenes, que los medios impresos están ahora en peligro si no trasladan sus
contenidos a soportes digitales multimedia, móviles y ubicuos, la sanidad que
no tenga en cuenta la necesidad de implicar a la sociedad en actividad física y
en dietas con mucha menos azúcar y grasas animales terminará quebrando. No hay
presupuesto en un solo país (hasta el más rico) que pueda mantener una medicina
reactiva y poco curativa enfrentada a la pandemia de obesidad, diabetes,
enfermedades cardiovasculares y cáncer que se nos avecina.
Hay que comprometer a todos los ciudadanos en el empeño de
hábitos de vida saludables aunque los dirigentes -que son los que administran
el dinero de todos los impuestos- deben hacer asimismo sus deberes, legislando,
ayudando, financiado programas, impulsando estudios de calado que sigan
probando con la ciencia en la mano la excelencia de estas estrategias. Lo malo
es que hay muy pocos de uno u otro partido que sepan de sanidad y salud. Y hay
menos aún que quieran gobernar pensando más allá del corto plazo.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Salud Cardiovascular