Señalan que provocan el 25 % de todas las patologías. Las
claves para cuidarse al cocinar.
Salmonella, diarreas, Shigelosis y Síndrome Urémico
Hemolítico, son cuatro de las enfermedades más frecuentes causadas por
alimentos contaminados. La mayoría, se previenen con hábitos simples, como el
lavado de manos. Sin embargo, cifras dadas a conocer por la Organización
Mundial de la Salud revelan que los productos alimenticios insalubres están
relacionados con unas 2 millones de muertes anuales, ya que contienen
bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas que pueden causar más
de 200 enfermedades.
“Todos somos manipuladores de alimentos en algún momento. Si
no tenemos presente la importancia de la higiene, el correcto almacenamiento,
conservación y la refrigeración de los alimentos, podemos poner en riesgo a
toda la familia”, señalaron especialistas del ministerio de Salud bonaerense.
De acuerdo a las autoridades santarias, este es considerado
uno de los problemas sanitarios de mayor frecuencia a nivel mundial, al punto
que se estima que las enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) representan
el 25 por ciento de todas las patologías.
“Las ETA -destacó la titular de la Oficina de Alimentos del
ministerio de Salud bonaerense, Mónica López- son generalmente de carácter
biológico porque en su mayoría son causadas por bacterias, virus o parásitos.
También pueden generarse por sustancias químicas que penetran en el organismo a
través del agua, o por factores físicos, como por ejemplo, con la intromisión
de partículas extrañas al momento del envasado”.
Si bien las enfermedades transmitidas por alimentos son
diversas e incluso algunas muy graves, López destacó cuatro muy frecuentes: la
diarrea inespecífica –por la que nadie consulta-; las salmonellas, que son
responsables de causar alrededor del 70 por ciento de las enfermedades
alimentarias registradas; el Síndrome Urémico Hemolítico, que afecta sobre todo
a menores de 5 años; y la Shigelosis, de origen bacteriano, que es la gastroenteritis
con mayor riesgo de contagio.
Pero además hay que prestar especial atención a los
alimentos de alto riesgo.
“Las carnes rojas, el pollo, el huevo y los lácteos, así
como también las comidas elaboradas, sobre todo con rellenos y mezclas, suelen
ser más peligrosos porque contienen gran cantidad de agua, alto contenido
proteico y un PH alcalino, es decir una acidez baja -explicó López- cuando a
mayor acidez, menor es el riesgo”.
La temperatura de los alimentos también es una cuestión
central: el jefe del servicio de Infectología del hospital Rossi de La Plata,
Aníbal Calmaggi, explicó que las bacterias se reproducen en los alimentos sobre
todo a temperatura ambiente, es decir, entre los 5 y los 65 grados. Por eso,
“los alimentos que necesitan refrigeración deben conservarse a 5 grados
centígrados, mientras que las comidas calientes siempre deben llegar a los 70
grados”, señaló.
“Por eso es importante saber que cuando recalentamos la
comida que quedó del mediodía, nunca debe quedar tibia, porque esa temperatura
propicia la reproducción de bacterias”, ejemplificó.
Claves para la inocuidad
A la hora de alertar sobre el manejo de los alimentos, los
especialistas recomiendan lavarse las manos antes de preparar alimentos; y
desinfectar todas las superficies y equipos usados en la preparación.
También, separar alimentos crudos y cocinados; usar equipos
y utensilios diferentes, como cuchillas o tablas de cortar, para manipular
carne, pollo o pescado y otros alimentos crudos. Y conservar los alimentos en
recipientes separados para evitar la contaminación cruzada.
Del mismo modo, cocinar los alimentos completamente,
especialmente carne, pollo, huevos y pescado; hervir sopas y guisos para
asegurarse que alcanzaron 70°C, y para carnes rojas y pollos cuidar que los
jugos sean claros y no rosados.
Fuente: Diario El Día - Ver más sobre Alimentación