En recién nacidos, reducen los tiempos de curación de la
"secuencia de Pierre Robin".
Comunicaciones telefónicas a las dos de la madrugada o justo
en pleno partido del domingo. Consultas de bibliografía medieval. Problemas de
geometría analítica. Y prácticas quirúrgicas puntillosamente controladas.
Fue necesario este cóctel sui generis para que un cirujano
plástico y un matemático demostraran la efectividad de una técnica para curar
un extraño cuadro llamado "secuencia de Pierre Robin", que se
presenta en chicos que nacen con una mandíbula inferior que no se desarrolla y
queda desplazada hacia atrás. En casos graves, los bebes no pueden respirar,
porque la lengua obstruye el conducto aéreo, y es necesario practicarles una
traqueotomía, que además de exigir cuidados complejos interfiere con la
adquisición del habla.
"Cuando nacen con la mandíbula muy atrás, incluso hay
algunos que deben ser intubados y conectados a un respirador -explica el doctor
Sebastián Apa, cirujano asistente del hospital Garrahan-. Se propusieron muchas
técnicas quirúrgicas para evitar la traqueotomía. Uno de los procedimientos es
la «distracción mandibular». Se opera por dentro de la boca, se secciona la
mandíbula de los dos lados y se coloca el distractor, que permite alargar el
hueso un milímetro por día, de manera que la mandíbula se desplace hacia
adelante."
El distractor se puede colocar de forma horizontal o
vertical, e intuitivamente todo hacía suponer que, como había que
"empujar" el hueso hacia adelante, lo más efectivo sería colocarlo
horizontalmente. Sin embargo, Apa estaba sorprendido porque mejoraban más
rápido y sin complicaciones los bebes a los que les colocaba el distractor vertical.
El tema estaba en discusión en la bibliografía mundial, pero la mitad de la
biblioteca apuntaba en una dirección y la otra mitad, en la otra.
"Quería medir esto matemáticamente y tratar de
explicarlo -cuenta Apa-. Primero, intenté pedir ayuda en la Facultad de
Ciencias Exactas de la UBA. Accidentalmente, un amigo fiscal me recomendó
hablar con Ricardo Miró."
A Miró, que es matemático "residente" del Poder
Judicial, el desafío lo cautivó de inmediato, y a lo largo de casi dos años
trabajó codo a codo con Apa para encontrar una respuesta a la incógnita: ¿por
qué resultaba más efectivo empujar la mandíbula hacia abajo si lo que se deseaba
era que se desplazara hacia adelante?
"Cuando nos conocimos estuvimos todo un día hablando
para establecer un vocabulario común", cuenta Miró, que se abocó al
problema con pasión.
"Él a veces se perdía porque no entendía ciertos
aspectos médicos, y yo también, porque me hablaba de arcos de rotación
logarítmica y cosas como ésas", recuerda Apa.
Para su estudio, el cirujano dividió a los pacientes en dos
grupos. A unos les puso el vector vertical y a otros, el horizontal, registró
los resultados y los comparó con ayuda de Miró.
"No sólo comprobamos la hipótesis del vector vertical,
sino que terminamos descubriendo cosas muy importantes; por ejemplo, que en
esos casos la mandíbula crece en forma de rotación", agrega.
Miró recuerda que llegó a consultar obras del matemático
renacentista Luca Pacioli, amigo de Leonardo Da Vinci y Sandro Botticelli.
"La cara está totalmente estudiada por Pacioli. Todo. Hay observaciones
interesantísimas -destaca-. Nos dimos cuenta de que cuando el aparatito
tracciona para abajo, los músculos traccionan hacia adelante y hacia arriba y
la mandíbula describe una espiral logarítmica, una figura que no solamente
aparece en la estructura de las galaxias, sino también en las de los tornados,
en las playas... En este caso, la mandíbula es como un cilindro que se abre
logarítmicamente."
En el Garrahan, Apa opera a cuatro o cinco pacientes con
secuencia de Pierre Robin por año. Se calcula que la incidencia mundial de este
cuadro sería de un caso cada 14.000 nacimientos. Uno de los sorprendentes
resultados que arrojó el estudio es que cuanto más grave es la deformación y
más vertical se coloca el distractor, más rápida es la recuperación.
Por suerte, el problema puede resolverse rápido. "La
«distracción» dura entre 10 y 12 días -afirma Apa-. Se deja el distractor un
mes más para que solidifique. El procedimiento completo tarda uno o dos
meses."
Una anomalía cuyas causas se desconocen
- La secuencia de Pierre Robin fue descripta en 1923 por un médico de ese nombre en un niño recién nacido con una mandíbula anormal, lengua grande y problemas respiratorios. Aunque hay un grupo que obedece a razones genéticas, en la mayoría de los casos sus causas no se conocen con exactitud.
- En esta anomalía, la quijada inferior mantiene la lengua en una posición más alta de lo normal, de modo que interfiere con el cierre normal del paladar.
- Se especula con que podría deberse a la posición que adopta el bebe en el útero materno cuando la cabeza no hace la deflexión en el momento correspondiente.
- No todos los bebes que nacen con "secuencia de Pierre Robin" deben ser operados. Cuando no es muy grave, el paciente puede simplemente requerir un control mientras se espera que la mandíbula se desarrolle.
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Ciencia