Tanto Guadalupe Iglesias como Carlos Martínez muestran su entusiasmo a
pesar de tener dos vidas muy diferentes. Ella, que fue la tercera paciente
intervenida en la Clínica Barraquer, sólo tiene limitado un sentido, pues con
40 años dejó de ver por completo. Él ha sido la primera persona sordociega en
Europa que ha sido intervenida con esta prótesis. «Estoy muy orgulloso y
contento de haberme operado. Pensé que por ser sordociego iba a ser más
complicado, pero ahora animo a todos en mi situación a que pasen por el
quirófano», afirmaba ayer Carlos en la rueda de prensa celebrada en Barcelona
para dar a conocer la evolución de estos tres pacientes.
El dispositivo,
denominado Argus II Retinal Prothesis System, fue desarrollado en 2006, aunque
hubo un primer prototipo creado a principios del año 2000. Desde esa fecha, ha
sido implantado en 190 personas con retinosis pigmentaria. Se trata de una
patología congénita que afecta a unas 200.000 personas en todo el mundo. Por un
defecto en uno de sus genes, los elementos de la visión encargados de captar la
luz y transmitir esta señal al cerebro (conos y bastones) dejan de funcionar
progresivamente, afectando primero a la visión periférica hasta causar
progresivamente la ceguera parcial o completa.
El sistema funciona convirtiendo
imágenes de vídeo capturadas por una cámara diminuta albergada en unas gafas
-que deben llevar los pacientes el tiempo que quieran durante el día- y que son
transmitidas mediante impulsos eléctricos a un chip con 60 electrodos que ha
sido colocado quirúrgicamente en la superficie de la retina. Estos electrodos
suplen la función de los conos y bastones y transmiten impulsos de las células
de la retina al cerebro resultando en la activación de la percepción de luces a
nivel cerebral. Los pacientes aprenden a interpretar estos patrones visuales
ganando así alguna visión funcional.
Como explica Jeroni Nadal, cirujano de la
intervención y coordinador del departamento de vítreo retina del centro, «el
nervio óptico tiene que ser funcional porque el impulso va desde la retina al
cerebro por este nervio, tal y como pasa en una visión normal, porque el ser
humano ve con el cerebro, no con el ojo. Es un aprendizaje que se inicia desde
el nacimiento hasta los siete años. Para llevar a cabo esta intervención, es
imprescindible que los pacientes hayan visto antes, que tengan memoria de
visión, para que el cerebro identifique el estímulo eléctrico». Ninguno de los cuatro
pacientes intervenidos en España han pagado esta operación que, sólo el
implante, supone unos 120.000 euros.
En Barcelona, ha sido financiada mediante
un acuerdo entre Second Sigh, la compañía fabricante, Imex, la empresa
distribuidora, y la cátedra de investigación del Instituto Barraquer. En
Córdoba, fue el Hospital La Arruzafa el que afrontó el coste de la operación de
Josefa Jiménez, una paciente que llevaba 30 años sin ver debido a la retinosis
pigmentaria. «Tenemos 10 pacientes a la espera de encontrar financiación. Son
de diferentes puntos de España (Toledo, Ferrol, Ciudad Real...) y uno del
extranjero.
El problema es que ni los pacientes tienen el dinero ni nosotros
podemos afrontarlo. Ahora mismo estamos hablando con diferentes empresas para ver
si pudiéramos llegar a un acuerdo», explica Juan Manuel Laborda, director
médico del hospital cordobés. Otro requisito, además de tener entre 25 y 75
años, es la enfermedad que ha causado la ceguera que, hasta ahora, es la
retinosis pigmentaria, patología que sólo afecta a unos miles de personas en
España. Sin embargo, como apunta Laborda, en Manchester, el doctor Stanga está
realizando un ensayo clínico en pacientes con degeneración macular, un problema
que afecta al centro de la retina y que es la segunda causa de ceguera en las
personas mayores de 65 años.
En la degeneración macular, lo que se pierde es la
visión central pero se conserva la periférica. La prótesis lo que hace es que
el paciente pueda ver artificialmente todo lo que está en el centro de la
imagen y se sume a su visión periférica natural. «Si el implante funcionara en
estas personas, estaríamos hablando de millones de pacientes en España. Esto
podría abaratar mucho la intervención», señala. De momento, aunque todavía no
se han publicado los resultados de este ensayo, Laborda adelanta que parece que
están siendo positivos: «parece que la visión central artificial se acopla
perfectamente a la visión periférica natural». Como aclara Guadalupe, «no se
trata de volver a ver en colores. Vemos formas en blanco y negro o gris, pero
es una gran herramienta que te ayuda. Estoy muy feliz y mi familia también».
Una tecnología que se extiende
Los implantes presentados hoy son el resultado de una
tecnología que se inició a comienzos de este siglo y que ha sido probada en más
de un centenar de personas por todo el mundo. A lo largo de estos últimos 15
años, se ha ido probado esta bioprótesis en diferentes pacientes que han
participado en un ensayo clínico que se ha prolongado durante varios años.
Durante este tiempo, se ha tratado de valorar la eficacia y seguridad del
producto, así como de mejorar su colocación. De esta manera, desde diferentes
centros y países, como Reino Unido, se ha comprobado que este dispositivo es
fácil de utilizar. En el último año, además de la Clínica Barraquer, el Centro
La Arruzafa de Córdoba también ha llevado a cabo este tipo de implante con
resultado satisfactorio.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Tecnología y Salud