Muchos padres se enfadan cuando el médico no receta más que
agua y paracetamol. El pediatra Jesús Martínez explica por qué y los riesgos de
la medicina defensiva.
Hay que empezar diciendo que los agentes causantes de
infecciones en nuestro medio son dos básicamente: virus y bacterias (también
hay hongos, pero en la infancia son bastante raros). Contra las bacterias
disponemos desde los años 50 de unos medicamentos llamados antibióticos, desde
aquel primero que fue la penicilina -ese moho que aparece en el queso y otros
alimentos, pues ese-. Desde entonces ha evolucionado y aunque últimamente no se
ha inventado ningún nuevo, con lo que hay da para casi todas las bacterias
conocidas. El objetivo sería usar el más sencillo y reservar los más potentes
para casos más graves. Y es que si gastamos todas las balas de cañón contra la
infantería, como en las pelis malas, cuando lleguemos a la muralla solo nos
quedarán flechas para derribar sus muros.
El 95% de los niños de hasta tres años sólo pillan virus. ¿Por qué el 75% recibe antibióticos?
El otro tipo de agente infeccioso son los virus, cientos de
variedades, desde el más simple catarro hasta el virus del sida o el ultramoderno
zika. Todos ellos comparten una característica: no tienen tratamiento, ninguno
conocido, y todos son autolimitados en el tiempo desapareciendo solos, bien en
dos o tres días e incluso horas, o bien cuando acaban con el paciente o se
convierten en crónicos si conseguimos mantener al paciente con vida durante el
ataque, como ocurre con el ébola. No hay ningún tratamiento que los liquide
como ocurre con las bacterias, así que si estamos ante una infección vírica,
¿para qué vamos a malgastar tratamientos y esfuerzos en combatir algo que
sabemos que no está haciendo nada? Incluso podemos estar deteriorando al
paciente y produciendo efectos indeseables.
Sabemos por epidemiología y por la consulta diaria que los
niños menores de tres años en un 95% o más lo único que pillan son virus.
Catarros de nariz, conjuntivitis, bronquitis y bronquiolitis, otitis e incluso
neumonías son víricas en un gran porcentaje, así como los exantemas en la piel
y las temidas enfermedades vacunables. ¿Por qué reciben hasta en un 75%
tratamientos antibióticos?
La única forma que tenemos de combatirlos es mediante la
vacunación infantil, evitándose.
El 80% de los dolores de oído se solucionan con un calmante,
del resto el 80% se resolverán solos por ser otitis virales y tan solo ese
pequeño porcentaje restante es el que necesitará de la toma de antibióticos.
Algo similar ocurre con las neumonías y siendo así, ¿por qué se tratan casi el
90% con antibióticos?
Todavía son muchos los lugares de donde sales con un antibiótico aunque te hayas torcido un tobillo, por si acaso
Y ¿por qué sabe el médico de cabecera o pediatra que es
virus si no le hace análisis, ni radiografías, ni nada? Porque ha estudiado. Y
si lo saben ¿por qué se recetan tanto?
Esa es la pregunta. Creo que el problema del abuso de
antibióticos está en nuestra profesión. No debemos responsabilizar a la madre
que entra en consulta con la exigencia de un tratamiento para su hijo. Ella
demanda lo que conoce y lo que le damos a entender los profesionales. Debo
reconocer que está descendiendo el exagerado uso de antibióticos en todos los
estamentos pediátricos, ya sea en atención primaria o en urgencias, da igual
públicas que privadas. Poco a poco hay más sensibilización con este asunto y
desconozco las cifras, pero se está avanzando, lento eso sí. Todavía son muchos
los lugares de donde sales con un antibiótico aunque te hayas torcido un
tobillo, por si acaso.
"Por si acaso", ese es el problema, ahí radica el
origen del asunto, no es tanto el desconocimiento, que se soluciona con
actualización, sino el miedo, la medicina defensiva, el cortoplacismo y el
tratamiento complaciente para no discutir o para "quedar bien".
Explicar a unos padres que ese montón de mocos y esas noches sin dormir por la
tos se pasarán sin necesidad de tratamiento, solo con los cuidados y mimos
propios de la edad, cuesta 10 minutos. Tirar de receta 20 segundos.
Mandar antibióticos en urgencias por un dolor de oídos es
apuntarse el tanto de qué resolutivos somos, y qué rápido se le ha quitado,
aunque se le hubiera pasado igualmente sin tomarlo; tan solo hay que indicar
que vuelva a su pediatra de atención primaria en 24 o 48 horas para ver
evolución. Pero claro, para eso no irían a urgencias, van porque saben que allí
se lo mandan y les damos a entender que eso es lo correcto. Ah, y de paso nos
quejamos de que las urgencias están saturadas por chorradas.
Lo hacemos francamente mal.
El miedo a la evolución del proceso nos empuja a actuar
indebidamente y mandar medicamentos por si acaso, no sea que, o no me pille los
dedos. No es ciencia, es miedo y eso no es bueno. Es verdad que hacer las cosas
bien es más difícil, es el camino tortuoso. El trecho llano es ser complaciente
y dar todo lo que se pide y más, pues llévese este antibiótico y también algún
jarabe que algo ayudará, y esta homeopatía que mal no le hará. Antiético.
Aunque ninguno de esos potingues tenga ninguna utilidad para el pobre bebé, son
tratamientos para apaciguar a los demandantes padres.
Y si esto es cierto, ¿por qué Sanidad no hace nada? ¿Por qué
las comunidades autónomas de las que depende la sanidad pública no hacen nada?
¿Por qué la sanidad privada no cuida los estándares de calidad y prefiere ser
complaciente? La OMS ha creado el día mundial del abuso de antibióticos que
luego los Gobiernos no promocionan, ninguna campaña de concienciación, ni
ninguna directriz a los trabajadores públicos y no digamos nada privados.
El antibiótico es una gran arma de destrucción masiva de
bacterias, no lo malgastes. Curan cuando están indicados, tienen efectos
secundarios y deben ser utilizados con prudencia.
Fuente: Diario El País - Ver más sobre Pediatría